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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

¡Qué desastre!



En el hospital de Basurto no pudieron hacer nada para salvar la vida del ertzaina

Es absurdo hablar de fútbol en circunstancias como las que concurrieron el jueves en San Mamés. Pero si el fútbol provoca la muerte de un ser humano, y no es la primera, no queda más remedio que hablar del fútbol más allá de lo que ocurre dentro del rectángulo de juego. Habrá que hablar de todo eso que rodea a este deporte-espectáculo-negocio-aglutinador de masas, y hacerlo con toda la crudeza que requiere un asunto tan grave pero con la suficiente serenidad y juicio para evitar tanto acusaciones gratuitas como justificaciones bochornosas.

No estamos hablando de nada nuevo. La violencia organizada y a gran escala envenena este deporte por lo menos desde la década de los 80, cuando el fenómeno hooligan sembró el pánico en los estadios europeos y los barras bravas y similares hicieron lo propio en Sudamérica. Hablamos de catástrofes como la de Heyssel, donde 39 personas perdieron la vida en las gradas del estadio minutos antes de la disputa de la final de la Copa de Europa de 1985 que, por cierto, se jugó con los cadáveres apilados en los pasillos inferiores del estadio.

Heyssel, y cuatro años después Hillsborough, con sus 96 muertos en la semifinal de la FA Cup entre el Liverpool y el Nottingham Forest, fueron las gotas que colmaron el vaso y empujaron a la administración Thatcher a tomar una serie de medidas represivas por un lado y organizativas por otro. Se reformaron los viejos estadios ingleses, se reforzó la vigilancia sobre los más violentos y se endurecieron las sanciones. La UEFA por su parte, excluyó durante cinco años al fútbol inglés de todas sus competiciones. Había tantos muertos encima de la mesa que fue imposible seguir mirando para otro lado.

Parecía que se había solucionado gran parte del problema, que no todo, pero la violencia en el fútbol ha renacido sobre todo en los países del Este de Europa, ajenos al fenómeno entonces, que parece que quieren revivir aquello con tres décadas de retraso.

Pero los países del Este no tienen la exclusiva. Por desgracia, aquí también sufrimos el problema y si nos centramos en el Athletic, no se puede ocultar la existencia de un pequeño grupo violento que ya ha generado altercados más o menos graves antes de ahora. Identificar y aislar a ese grupo tiene que ser una prioridad y el primer interesado en hacerlo debe ser el colectivo bajo el que se amparan estos individuos.

No vale mirar a otro lado, decir que los otros nos provocan o simplemente, nosotros no hemos sido. No vale esconderse en escisiones, divisiones y subdivisiones o en nombres distintos para diluir responsabilidades. Pero tampoco vale acusar a bulto ni señalar sospechosos por edad, indumentaria o situación en la grada. No todos los que se sitúan en el corner de Norte con Este con violentos y hasta es posible que los violentos ni siquiera estén siempre y necesariamente allí, aunque tampoco anden muy lejos.

Esta vez han sido los rusos, pero antes fueron los franceses, y los austriacos, y los alemanes, y los ucranianos. Cuando la historia se repite tantas veces, deja de ser casualidad. Y cuando se apela a ofensivas nazis o defensas del territorio frente a agresiones externas, está claro que ha llegado la hora de recontar las neuronas propias. La gente normal no va al fútbol con puños americanos o porras extensibles. Llamar a las cosas por su nombre es el mejor método para empezar a identificarlas.

Lo que ocurrió el jueves alrededor de San Mamés tiene responsables y culpables. Responsables son todos aquellos que miran a otro lado porque calculan que desastres como éste son asumibles y no interfieren demasiado en la marcha del negocio. Al fin y al cabo, un ertzaina muerto y una ciudad prácticamente paralizada durante cuarenta y ocho horas son solo una gota que se diluirá pronto en el océano europeo. No importa que los salvajes que se mueven a la sombra del Spartak, y otros, vayan dejando su siniestra huella allá por donde pasan. Seguirán viajando y citándose con los salvajes locales. La UEFA ha demostrado antes de ahora tener piel de rinoceronte. Cuando en 2009 se produjo una invasión del terreno de juego en medio del partido entre el Austria de Viena y el Athletic, un hecho de una gravedad extrema, la UEFA saldó el asunto con una multa de 20.000 euros y dos partidos a puerta cerrada.

Los responsables son los que no ponen coto a estos desmanes pudiendo hacerlo. Pero los culpables de lo que ocurrió el jueves son los que prepararon, organizaron y perpetraron los incidentes. Los de un lado, y los del otro. No cabe cuestionar la eficacia del dispositivo preparado por la Ertzaintza. Los hechos repetidos demuestran que es prácticamente imposible garantizar la eficacia absoluta de cualquier dispositivo frente a sujetos de semejante calaña.

 

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Un comentario

  1. Después de quince días metiendonos miedo, que caló entre la propia Ertzaintza, con que llegaban los fascistas rusos, entiendo que en esta tierra acostumbrada a combatir el fascismo, pues se junten 400 personas para hacerles frente.
    Si el gobierno vascongado, la policía autonómica y/o los altavoces públicos siguen con esa táctica, harán que en vez de 400 se junten 1400 contra el Marsella.
    Cero autocrítica, eso es para otros.
    El negocio del futbol permite que está gente que duerme, come, bebe y viaja, con la impunidad fascista que ha habido aquí, y por ahí, pues campen a sus anchas y luego… ostia en algunos sitios les hacen frente. Pero pueden consumir y dejan dinerillos en la ciudad. A quién? Para esto? Porque el Ayuntamiento de Bilbao, por ejemplo, no dio un mensaje de: salir a la calle y hacer vida normal, CALMA.
    Resulta que vemos a los fascistas rusos y no vemos a los fascistas de aquí, si los que retiran libros y exposiciones, entalegan a raperos y tuiteros… los del 155, Púnica, etc., etc. El contexto era este.
    48 horas parada Bilbao, y en el País con más policías por habitante de Europa, nos dicen que no nos pueden proteger, QUE NO ESTÁN PREPARADOS!!! En fin.
    Lamentable pérdida, pero que el sindicato esan pida que se permita la utilización de las pelotas de goma cuando no recordamos las consecuencias fatales que han tenido aquí, hace muy poco favor para que las cosas mejoren. Junto a la campaña de criminalización que se hace a Herri Norte, pues a mí me empieza a parecer que o subimos el nivel del debate o esto es un puto desastre.