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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Qué importa mientras meta goles…



“Rubén Castro, alé, Rubén Castro, alé, no fue tu culpa, es una puta, lo hiciste bien”. Este cántico se ha coreado durante dos partidos, el día 8 de febrero ante la Ponferradina y el sábado 21 del mismo mes contra el Girona, en uno de los fondos del estadio Benito Villamarín. Algunos habituales al estadio del Betis afirman que esta salvajada se ha venido escuchando en el campo desde que empezó el proceso judicial contra el delantero del equipo verdiblanco, para quien la fiscalía pide una pena de 25 meses de prisión por cuatro delitos de maltrato y uno de amenazas a su ex pareja.

La historia viene por lo tanto de antiguo, pero solo ha trascendido ahora que alguien ha colgado un video en Youtube. Ni el Comité Antiviolencia, ni el Delegado del Gobierno en Andalucía, ni ningún organismo autonómico han actuado de oficio ante este delito de apología de la violencia de género. La cruzada emprendida por Tebas parece que solo tiene impulso cuando la cosa afecta a las figuras mediáticas. Llamar borracho a Cristiano Ronaldo en el Camp Nou, por ejemplo, debe de ser más grave que humillar a una mujer presuntamente apaleada por su ex compañero. Que Gurpegui lleve doce años insultado y vejado en todos los campos en los que ha jugado, no importa. Incluso ha habido árbitros que le han asegurado que no estaban oyendo nada cuando más arreciaban los cánticos. Cada uno es muy dueño de su catadura moral y de su sordera, claro.

La publicación del ya comentado video y su repercusión en la redes sociales ha hecho que el asunto haya llegado ahora a los medios convencionales. Porque tampoco los medios convencionales, tan atentos a los cambios de peinado y al tatuaje nuevo de algún galáctico, se habían hecho eco hasta ahora del asunto. Ni siquiera los locales. Les debió de parecer parte del ambiente habitual que se respira en el campo del simpático equipo sevillano. Cosas del celebrado humor andaluz.

El presidente del Betis, a quien se supone sentado en el palco presidencial del estadio, tampoco se había enterado de nada hasta ahora. La sordera debe de ser contagiosa. “Es un cántico francamente repugnante y no creo que los que hayan hecho ese cántico tengan algo que ver con el Betis. En el campo no escuché nada. No comprendo que en una grada del Betis se puede escuchar algo así y hay que aplicar la ley”, ha dicho el ínclito presidente, que atiende por Juan Carlos Ollero. Es el mismo tipo de respuesta que dio su colega Cerezo cuando asesinaron a un seguidor gallego al lado del campo del Atlético de Madrid, la misma respuesta que dio la familia Gil cuando asesinaron a Aitor Zabaleta prácticamente en las puertas del estadio. “No tienen nada que ver con el Atlético”.

Estos imbéciles que mugen detrás de una de las porterías del Benito Villamarín, vestidos con camisetas del Betis y ondeando banderas del Betis, tampoco tienen nada que ver con el Betis, según el presidente del Betis, quien en un alarde de legalismo ha recordado además que habrá que verificar la autenticidad de la historia e identificar a los protagonistas, antes de tomar algún tipo de medida. En su mano está y ya va tardando.

Ahora que el video ha saltado de las redes a los medios, ahora que ya no se puede ocultar la barbaridad, hay codazos para ponerse a la cabeza de la manifestación y emitir las más rotundas censuras. Hasta los vecinos de localidad de los imbéciles del cántico están ahora escandalizados. ¡Qué barbaridad, esto no se puede consentir!.

Nunca es tarde, pero el asunto ha venido a poner de manifiesto la falsedad y la hipocresía de todo el montaje que han organizado la LFP, el Consejo Superior de Deportes y los ministerios afectados. La impostura se ha descubierto incluso antes de lo esperado. Que un presunto maltratador para quien la fiscalía pide 25 años de cárcel continúe jugando como si tal cosa en un equipo de fútbol al que siguen miles de personas decentes, y se le siga tratando como ídolo de masas porque mete goles, describe perfectamente la clase de sociedad que formamos. Todos.

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