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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Raúl García, lo importante y lo accesorio



Raúl García fue recibido por Amorrortu en Lezama. Foto AC

Raúl García fue recibido por Amorrortu en Lezama. Foto AC

El fichaje de la Raúl García es una de las mejores noticias que podían salir de Ibaigane. Con la incorporación del futbolista navarro el Athletic gana un jugador polivalente, con llegada desde segunda línea, con gol y con un carácter competitivo que los leones han padecido en sus carnes cada vez que se han enfrentado a su nuevo compañero. Valverde gana amplitud en la rotación, y dispone de un futbolista que le ofrece diversas alternativas en el terreno de juego. El fichaje de Raúl García es un refuerzo de garantía que está disponible desde ahora mismo y que va a ofrecer rendimiento inmediato.

Esto es lo realmente importante y lo que se debería estar celebrando ahora mismo a la espera de que el jugador confirme con su nueva camiseta todo lo que se espera de él, que es mucho. Pero en el fútbol hay una cierta querencia por el masoquismo que en el entorno rojiblanco se agrava por la apelación a las esencias, vengan estas a cuento, o no.

En el entorno de cualquier otro equipo se estaría celebrando de forma unánime la incorporación de un futbolista que ha sido muy importante en la estructura del mejor Atlético de Madrid de los últimos tiempos, que no viene porque le echan, sino porque no ve claro que su importancia se traduzca en minutos de juego y lo que quiere es seguir compitiendo en primera línea, porque considera que todavía le quedan muchos objetivos que alcanzar y el Athletic puede ser una excelente plataforma. Aquí, el fichaje de Raúl García despierta algún recelo y parece que ha herido a los especialmente susceptibles, ¡qué le vamos a hacer!.

Pedro Aurtenetxe, el presidente del último Athletic campeón de Liga y Copa, tenía una gracia natural para dar titulares. Él estableció como nadie la identidad de quien debería ser fichado por el Athletic, para el terreno de juego o para el banquillo: “Aquí queremos al Niño Jesús“, solía responder con su fina ironía.

Han pasado muchos años desde que Aurtenetxe dejó el sillón de Ibaigane, pero aquí seguimos pretendiendo fichar siempre al Niño Jesús. Tiene que ser un futbolista de calidad contrastada, barato, con el RH en regla y certificado de haber jurado fidelidad eterna al Athletic cuando el día de su Primera Comunión le regalaron una equipación rojiblanca.

Vale, a todos los aficionados nos gustaría que los jugadores del equipo de nuestros amores respondieran a esas características. A los del Athletic, a los del Madrid y a los del Galatasaray, claro que sí. A fin de cuentas, con permiso de Clausewitz podemos decir que el fútbol es la continuación de la guerra por otros medios, con sus banderas, sus himnos y sus batallas incruentas, y todos preferimos que los soldados que nos representan, los futbolistas, hayan jurado fidelidad a los colores.

El problema es que en estos tiempos en los que los futbolistas se te presentan en el campo calzando unas botas de color fucsia brillante, la cosa no es tan sencilla. Sobreviven pequeños reductos como el Athletic, en los que los principios todavía conservan algún valor, pero los condotieri ya se ganaban la soldada en la Edad Media haciendo la guerra bajo el mando del mejor postor.

Raúl García no es el Niño Jesús precisamente, pero la despedida que le han brindado sus compañeros y entrenador demuestra que ha sabido ganarse el cariño de sus más próximos y que ha sido un tipo importante para ellos, no solo en el terreno de juego, que eso se veía a simple vista, sino en el vestuario, ese ecosistema de equilibrio tan delicado. El detalle tiene su importancia porque define al personaje.

El ex colchonero es un profesional -como la copa de un pino, habría que añadir- que en este momento ha elegido al Athletic para continuar con su carrera. Lo único que cabe exigirle es que se emplee tan a fondo como lo hacía en el Atlético de Madrid, que sea para los rivales del Athletic un futbolista al menos tan odioso como lo fue para San Mamés cada vez que vino vistiendo otra camiseta.

Su actitud y sus palabras en el acto de presentación en Ibaigane responden al perfil de un tipo cabal, seguro de lo que quiere y que sabe estar en su sitio. Por encima de algunos tópicos, inevitables en el fútbol, Raúl García proyectó una imagen convincente en su primer contacto con los medios. Con él no van ni los besos al escudo ni las declaraciones de amor eterno. Mejor.

 

 

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