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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Raúl García resuelve en medio del guirigay



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Es lo que tiene este formato de Copa. Las primeras rondas se convierten en una especie de feria de pueblo en la que los voluntariosos locales se empeñan en pintarles le cara a los poderosos forasteros. La cosa suele acabar casi siempre mal para los locales porque la lógica también tiene su sitio en el fútbol y dos categorías de diferencia se acaban notando por mucho empeño que pongan los modestos.

Si el grande no se descuida, el pequeño se tiene que acabar conformando con la recaudación extraordinaria en la taquilla y las camisetas de recuerdo. El Athletic no se descuidó en el Sardinero y los dos goles de Raúl García bastaron para dejar encarrilada la eliminatoria. Espera en San Mamés uno de esos partidos en los que los asientos libres dibujan un paisaje lunar y se oye volar a las moscas durante los noventa minutos. Terreno abonado para graciositos como el bocarrana del minuto de silencio.

Silencio es lo que no hubo en el Sardinero. Aquello fue un guirigay constante de un público que acudió al campo dispuesto a revivir un derbi que nunca existió, y un equipo que saltó al campo dispuesto a comerse la hierba y a correr como si no hubiera un mañana.

No es fácil jugar en esas circunstancias, y menos cuando, como el Athletic, faltan algunos de los habituales en las zonas decisivas. Elustondo y Vesga formaron una inédita pareja de medios centros que tuvo que apechugar con una presión desquiciante mientras los rivales tuvieron piernas. Se trataba tan solo de medir cuánto tiempo podían durar los de la grada dando la tabarra y los del Racing corriendo. Los primeros fueron incansables; los segundos aguantaron una hora escasa.

Al Athletic le fue bien que Raúl García marcara pronto. Es la mejor manera de dejar claro quién manda en el partido. El empate pudo dar alas al Racing pero Raúl volvió a marcar distancias a los cinco minutos con un soberbio cabezazo que hizo los honores al buen centro de Susaeta. Para entonces el Racing ya había dejado de ser el caballo encabritado de los primeros minutos, así que el partido fue muriendo hasta el descanso al trote cochinero.

Los diez primeros minutos de la continuación fueron el canto del c¡sne de los chicos de Viadero. El paso por el vestuario les devolvió el resuello aunque ya les duró poco. El Athletic tampoco estaba para alardes. Prefirió quedarse con el balón y dejar pasar el tiempo a salvo de sustos innecesarios. Ocurre que este tipo de juego no se ajusta demasiado a las características de algunos futbolistas rojiblancos, así que no faltaron un par de tonterías y algún control de balón, digamos que escalofriante. Afortunadamente para los de Valverde, las cosas casi siempre pasaban en campo del Racing, o en los alrededores del círculo central, demasiado lejos para que algún rival consiguiera llegar hasta la portería de Iraizoz con suficiente oxígeno en la sangre.

Valverde pasó su peor partido del año razonablemente tranquilo, si alguien pudo estarlo en medio de tanto ruido y tanta carrera. El Racing puede presumir de haber dado la cara y de un marcador digno y el Athletic puede sentirse satisfecho por pasar la prueba sin apenas desgaste físico ni de imagen. Todos contentos

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