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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Raúl García salva los muebles



Raúl García cambió el rumbo del partido y despertó al Athletic. Foto AC

Si hay vida inteligente en el Athletic el partido de Vallecas servirá para algo. Servirá para dejar claras de una vez por todas algunas cuestiones decisivas en esto del fútbol. Por ejemplo, servirá para recordar a más de uno y a más de dos, que para jugar a esto nunca está de más tener carácter competitivo y vergüenza profesional,  dos cualidades que brillaron por su ausencia a lo largo de unos primeros cuarenta y cinco minutos sonrojantes. Ya no hablamos de tácticas ni de estrategias, de titulares o de suplentes, hablamos de ganarse el sueldo honradamente, con el sudor de la frente de cada uno y con la conciencia de estar vistiendo una camiseta que tiene demasiada historia como para arrastrarla dando pena.

Tuvo que ser un veterano que, como quien dice, ha venido hace un rato, quien levantara la bandera del Athletic, rendida penosamente por una cuadrilla que no mereció llamarse equipo. Raúl García salvó los muebles y la cara del Athletic, él solito; una cara, que el Rayo le había pintado a lo largo de los cuarenta y cinco minutos más lamentables que ha perpetrado este grupo en muchísimo tiempo. Si lo de Ipurua nos puso los pelos de punta, el primer tiempo de Vallecas fue un atentado al sentido común.

Los triunfos y las derrotas hay que medirlos no solo en función a lo que uno hace, sino poniéndolos en relación con la talla del rival. El Rayo no ha ganado a nadie en su campo todavía e incluso ha encajado un par de goleadas curiosas. Su técnico Michel está en la cuerda floja, y pese a la performance del domingo pasado lo de ayer era una final para él.

El Rayo es un equipo modesto, muy modesto, pero sus jugadores tienen alma. Sabían lo que se estaban jugando y saltaron al campo dispuestos a vender muy cara su piel. El Athletic es un club grande, muy grande, que ahora mismo tiene un equipo que demasiadas veces se hace muy pequeño. Berizzo tampoco acertó en esta ocasión con los hombres que eligió de salida y, posiblemente, tampoco acertó a colocarlos de la manera más eficaz, pero eso no exime de responsabilidad a los que visten de corto. Cuando el árbitro pita el inicio del partido, el entrenador se queda sentado en el banquillo y son los que están en el verde los que tienen que tomar sus propias decisiones.

Decir que el Rayo pasó por encima del Athletic a lo largo del primer tiempo sería casi hacerle una caridad al Athletic. Sería más preciso decir que el Rayo dejó en ridículo al Athletic, así, sin más matices. El 1-0 con el que se llegó al descanso fue lo mejor que les ocurrió a los rojiblancos. Se podían haber marchado con un 3-0. De hecho, el Rayo marcó dos goles, el primero a los once minutos, anulado por el VAR, que por primera vez favorecía al Athletic pero volvía a sembrar la confusión respecto a cómo lo están utilizando los árbitros. Solo tardó once minutos más el Rayo en marcar un segundo gol, esta vez válido y casi gemelo del anterior. Si en el gol anulado Raúl de Tomás retrató a los centrales, Pozo repitió la jugada en el segundo ante la atenta mirada de Iñigo Martínez y Nolaskoain, a quien Berizzo eligió para el eje de la defensa en detrimento de Yeray.

Pudo marcar también Kakuta, que no llegó por un pelo en la boca de gol a un centro envenenado, o el propio Pozo pudo hacer doblete en un corner mal defendido. El Rayo mereció liquidar el partido antes del descanso y si no lo hizo fue por su propia torpeza en el área y por el VAR antes mencionado. Lo tuvo fácil; enfrente tenía a un grupo de excursionistas. Como ocurriera en Eibar hace tres días, todos los balones divididos, todas las disputas, todas las segundas jugadas, eran para el Rayo. Advíncula era Cafú. En el inicio de la carrera pasaba al lado de Williams arrancándole los tatuajes, llegaba cómodo y con ventaja al espacio que tenía que controlar Berchiche, que sigue necesitando una sotana, y allí optaba por un caño, un taconcito, o cualquier recurso de fútbol sala para sembrar el pánico en el área de Herrerín. Kakuta por su parte podrá usar el video de estos cuarenta y cinco minutos para ofrecerse a cualquier equipo de la Premier, y Raúl de Tomás se reinvindicó como el nueve indiscutible de la selección. Los defensas del Athletic hacen internacionales a los delanteros del Socuéllamos.

En el Athletic se repitieron punto por punto todos los males que afloraron en Ipurua. Un centro del campo con Dani García y Unai López achicando agua de mala manera, una defensa hecha unos zorros y una delantera con Muniain y Williams de oyentes y Aduriz moviéndose a ritmo de convaleciente.

Pintaba mal aquello, muy mal. Afortunadamente, en esta ocasión Berizzo movió ficha en el descanso. Dejó en la caseta al  inoperante Williams y puso en su lugar a Raúl García. Mano de santo. Raúl tardó un minuto en poner a prueba al portero rayista cabeceando un corner sin despegar los pies del suelo; una chilena dentro del área fue el preludio de otro cabezazo picado, a centro de Aduriz, al que Alberto respondió con otro paradón. En cuatro minutos Raúl García había rematado más que todo el Athletic en todo el primer tiempo.

Pero no fueron solo remates. Raúl se ganó una amarilla por una entrada en el centro del campo, Raúl protestó, Raúl gritó, Raúl echó una mano rebañando un par de balones en defensa, conduciendo el balón por la banda, ordenando el juego, mandando a sus compañeros. A su sombra el grupo de excursionistas de la primera parte empezó a parecerse a un equipo de fútbol. Ya todos movían la pelota con sentido, Unai López se dejaba ver en un par de aperturas a la banda, Muniain empezaba a moverse entre líneas, Susaeta disponía de balones al espacio y hasta los defensas empezaron a respirar. Fue Raúl quien cabeceó al palo aprovechando un despeje defectuoso de Advíncula, y Munian quien, desde el suelo, acabó llevando el rebote a la red.  El Athletic de Raúl apenas había necesitado veinte minutos para cambiar el partido como de la noche al día.

El tramo final fue un cara o cruz en el que los dos equipos buscaron la victoria. A Aduriz le sobraron unos centímetros y le faltó velocidad de reacción para cazar un gran centro en la boca del gol, Susaeta no estuvo inspirado para rematar un gran contrataque de San José y, en el último suspiro, la suerte no acompañó al Athletic cuando un balón rebotado se fue rozando la base del poste. También el Rayo tuvo las suyas, sobre todo en un taconazo de Gálvez instantes después del empate, o tras una incorporación de Moreno por la banda superando en velocidad a De Marcos.

La imagen y el dominio del Athletic en la segunda parte podrían provocar el efecto de que alguno se venga arriba y considere corto el empate. Pero el recuerdo del primer tiempo produce el suficiente escalofrió como para aplacar cualquier entusiasmo.

 

 

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