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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Raúl García y poco más



Raúl García se anticipó a todos para cabecear el primer gol. Foto AC

El Athletic logró una victoria obligada. Los tres puntos sumados le alejan definitivamente de cualquier inquietud de última hora, después de los resultados habidos en la jornada. A ocho puntos de un puesto europeo y con quince sobre el descenso, el equipo se coloca definitivamente en esa tierra de nadie en la que no hace ni frío ni calor, o sea, en el sitio ideal perfecto para este Athletic que ni siente ni padece y que ahuyenta a sus aficionados a base de espectáculos entre horribles y penosos.

Cualquier resultado distinto a la victoria hubiera supuesto un agravamiento muy serio en el estado general del Athletic, tanto del equipo, propiamente dicho, como del entorno, más que harto de lo que está viendo durante todo el año. Ganar era obligado, convencer con un juego mínimamente vistoso hubiera sido aconsejable pensando en el partido europeo del próximo jueves, por aquello de despertar la ilusión por la remontada. Pero no se le pueden pedir peras al olmo, y este Athletic a día de hoy es un olmo de grueso tronco, un zoquete de cuerpo entero, vamos. Así que habrá que dar por buena una victoria conseguida sin la mínima gracia, sin la menor intención de agradar al respetable que, a pesar de todos los pesares, se acercó a San Mamés un domingo por la noche.

En realidad el triunfo del Athletic fue cosa de un jugador, Raúl García, quien además de ser el que mejor interpretó el partido, supo tirar de recursos para batir dos veces a Cuéllar. Lo hizo en los minutos 10 y 17; si el partido se hubiera acabado entonces, nadie hubiera protestado, porque lo que vino a continuación fue la nada absoluta. Como mucho, solo caben recordar dos buenas intervenciones de Kepa, una respondiendo a fuego amigo, un magnífico cabezazo de Iñigo Martínez a la cepa del poste cuando trataba de despejar un saque de falta, que Kepa desvió a corner en una gran estirada, y otra mano bien puesta ante Amrabat, que también llevó la pelota a la esquina. Fueron las dos únicas ocasiones del primer tiempo de un Leganés que tampoco está como para tirar cohetes.

Amrabat fue, en realidad, el mayor quebradero de cabeza para la defensa del Athletic, fundamentalmente porque De Marcos está todavía lejos de su mejor nivel, y le tocó sufrir frente a un delantero habilidoso que, sin embargo, tampoco supo sacar partido de la superioridad que disfrutó en la banda.

El arranque el partido fue bastante preocupante para un Athletic que, como casi siempre, cedió el balón y la iniciativa al rival. Dolían los ojos viendo al Leganés manejar el arranque del partido con comodidad en San Mamés, mientras el Athletic se movía a espasmos, perdiendo al segundo pase el balón que tanto trabajo le costaba recuperar. Pero prácticamente de la nada surgió un buen centro de De Marcos que Raúl García cabeceó a la red ganando la posición a los dos centrales.

El Leganés acusó el golpe, el Athletic dio un paso adelante y en otro centro de De Marcos, Raúl García sentenció el partido. La jugada tuvo su miga y retrata a la defensa de los madrileños. Raúl remató una vez, se quedó pidiendo penalti, el balón llegó de nuevo a sus pies, y remató por segunda vez, medio protestando todavía, con rabia,  y el balón se coló raso junto al primer palo del sorprendido Cuéllar.

Sin hacer casi nada el Athletic tenía el partido en el bolsillo. Se suponía que era una ocasión ideal para tranquilizarse y tratar de dar algo de espectáculo a una afición que está dispuesta a aplaudir que el que saque de banda acierte a dársela a un compañero, pero ni por esas. Al contrario, los de Ziganda aprovecharon la comodidad para recostarse sobre su propia área y vivir de las rentas, fiando todas sus opciones de ataque a la velocidad de un Williams que jugando en el sitio de Aduriz, no ganó un solo duelo a los centrales a lo largo de los noventa minutos, ni por arriba, ni por abajo.

Las dos intervenciones ya comentadas de Kepa llevaron el partido al descanso con los dos goles de ventaja, lo que, estando el Athletic por medio nunca se sabe si es bueno o malo. El Leganés quiso agitar las aguas dando entrada a Darko por Lombau en el centro del campo, pero a los de Garitano les faltó fe  en sus posibilidades y les sobró la defensa del Athletic, bien secundada esta vez unos metros por delante por un San José que, salvo alguna entrega equivocada, barrió lo suficiente para obstaculizar los movimientos del rival.

Los minutos fueron cayendo lánguidos; si se ponía un poco de atención se podía percibir el tic-tac del crono en medio del silencio sepulcral de un San Mamés anestesiado por lo que veía en el césped. El silencio solo se rompió para ovacionar a Raúl García, el gran protagonista del partido, cuando fue sustituido en el minuto 81 por Lekue. Antes se habían escuchado los aplausos reglamentarios para despedir a Susaeta y ya a última hora, en el 87, hubo también ovación de reconocimiento a Córdoba, quizá el único que quiso poner algo de chispa y se atrevió a arriesgar con el balón en los pies.

Ganar era obligado, así que en ese aspecto habrá que convenir que el Athletic cumplió con el objetivo. Lo de animar al personal a soñar con la remontada ante el Olympique es otro cantar. Nuestros héroes tendrán que recurrir a lo mejor de su oratoria hasta el jueves para convertir San Mamés en una caldera a presión. Lo malo para ellos es que la afición ha dejado de creer su discurso porque este año los hechos nunca se han correspondido con las palabras.

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