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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Realista, realismo; ilusionante, ilusionismo



El fichaje de Gorka Elustondo por el Athletic ha sumido en la perplejidad a un sector de la afición rojiblanca que, sospecho, coincide mayoritariamente con ese grupo que lleva unos años repitiendo los nombres de Raúl García, Monreal y Azpilicueta como un mantra, ajeno a la realidad del mercado en general y a la del Athletic en particular. Probablemente ese grupo ahora perplejo, lo engrosan quienes cada verano hablan de fichajes ilusionantes, otro mantra que han puesto de moda los mercaderes del fútbol, más duchos en el ilusionismo y en la venta de humo.

Lo de los fichajes ilusionantes es la evolución natural del fichaje bomba que inventó el difunto Jesús Gil para hacerse con el Atlético de Madrid. Gil vendió ilusión a los aficionados colchoneros y compró su confianza con el fichaje de Futre, un crack mundial de la época. Aquella fue una idea novedosa que Florentino Pérez copió para presentarse a las elecciones del Real Madrid con el precontrato de Luis Figo, entonces jugador del Barcelona, debajo del brazo.

Aquellos fichajes electorales derivaron en los fichajes ilusionantes de nuestros días. Ya no hace falta que haya elecciones por medio. Los dueños de los clubes, sus consejos de administración, los fondos de inversión y demás bucaneros que merodean por el fútbol mueven el mercado con la llegada del calor. King Africa o George Dann tienen pendiente escribir la canción del fichaje de verano.

Una patulea de futbolistas más o menos conocidos aterriza sobre el fútbol hispano cada verano. Los buenos, los pata negra, los que además de ilusión generan goles y fútbol, toman tierra casi siempre en los mismos clubes, los más grandes, los que más dinero manejan en el panorama continental, los que presentan un palmarés de lujo y ofrecen la posibilidad cierta de ganar títulos. Florentino Pérez sabe bastante de eso, sobre todo los veranos posteriores a inviernos de sequía de títulos.

Para los demás queda el ilusionismo, el as sacado de la manga, nada por aquí nada por allá, el boleto de la primitiva sellado con la remota esperanza de que toque, porque a alguno le tiene que tocar, ¡oye!, y por qué no voy a ser yo el afortunado. Fornidos bielorrusos, a tanto el kilo, exóticos brasileños conocidos en su casa a la hora de comer, argentinos, uruguayos, paraguayos, chilenos a granel y al detall, orientales con el reclamo de la venta de camisetas en sus países,  llegan para ilusionar a los aficionados que antes de Navidad verán frustradas sus ilusiones y empezarán a hacer cábalas sobre el ‘nuevo proyecto’ -otro hallazgo del fútbol moderno- para el año que viene. Y vuelta a empezar.

Gorka Elustondo no es precisamente uno de esos fichajes ilusionantes. Como tampoco lo son Javi Eraso ni Eneko Bóveda. Si te pasas meses y años repitiendo Raúl García, Monreal, Azpilicueta, hare krishna hara hare, y te vienen con Elustondo, Eraso y Bóveda, se te apaga el incienso y se te caen los palos del sombrajo, claro.

Pero es que el Athletic es así, qué le vamos a hacer. Ficha lo que puede, dentro de un orden y con realismo, incluso cuando se trata de un realista. No hay mirlos blancos en el mercado en el que se mueve el Athletic. Valverde, Amorrortu y Urrutia estarían encantados de pagar un dineral por un delantero que garantizara 3o goles, si fuera que ese hipotético delantero quisiera venir al Athletic y no irse a esos equipos menores como el Chelsea, el Bayern o el Barcelona.

Gorka Elustondo viene con el lastre añadido de un historial realista incomprensible, por decirlo de alguna manera. Ha jugado nueve temporadas, ocho si descontamos la de su debut, porque solo participó en seis partidos, y de esos nueve cursos, tres fueron en Segunda División.

La suya es la historia de una promesa que no acabó de cuajar. Campeón de Europa sub-19, parecía llamado a ser una figura de referencia. Una lesión grave de tobillo, y la turbulenta trayectoria de la Real Sociedad -descenso, concurso de acreedores, inestabilidad institucional- no facilitaron precisamente al crecimiento del jugador quien, sin hacerse nunca  con una titularidad indiscutible, contó para todos los entrenadores que le dirigieron, a saber: Lotina, Coleman, Eizmendi, Lillo, Martín Lasarte, Montanier, Arrasate y Moyes. Ha jugado un promedio de 18 partidos por temporada

Elustondo no ha cumplido con las expectativas que despertó cuando llegó al primer equipo de la Real Sociedad, aunque habría que ver el nivel de esas expectativas y las razones reales que llevaron  a plantearlas, pero tampoco es el tuercebotas en el que le han querido convertir desde un sector de la grada de Anoeta. Silbado por parte de su propio público, señalado como el culpable de todos los males de la Real y el responsable de no pocas derrotas, Elustondo ha decidido abrir un capítulo nuevo en su carrera, ahora en San Mamés. Está ante una oportunidad inmejorable para reivindicarse.

Ni es un crack, ni viene a marcar diferencia alguna. Pero su llegada tampoco frena el crecimiento de los que están tocando la puerta del primer equipo desde el Bilbao Athletic. Él, como Eraso o Bóveda, vienen a reforzar una plantilla que el año pasado se quedó corta en bastantes fases de la competición, no hay más que repasar algunos banquillos que tuvo el Athletic, incluso en Champions.

A sus 28 años Elustondo ha firmado por dos temporadas. Con su fichaje el Athletic compra tiempo para que sus jóvenes promesas, esas que tanto nos ilusionan, terminen de cuajar. No olvidemos que el Bilbao Athletic también necesita una plantilla más sólida este año para competir en la categoría de plata y que las promesas tienen ahí una estupenda plataforma para dar el salto. Hay sitio para todos y partidos de sobra, este año otra vez en tres competiciones, para que cada uno demuestre lo que vale. Al final, los que son buenos de verdad acaban jugando, porque el fútbol siempre acaba poniendo a cada uno en su sitio.

Javi Eraso, Gorka Elustondo  Eneko Bóveda en Ibaigane

Javi Eraso, Gorka Elustondo Eneko Bóveda en Ibaigane, Foto AC

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