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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Salvavidas para una segunda oportunidad



Arrinda y José Luis Bilbao el día de la presentación del compromiso con Gescrap, otro patrocinador fallido

Arrinda y José Luis Bilbao el día de la presentación del compromiso con Gescrap, otro patrocinador fallido

Parece increíble lo que pueden cambiar las cosas en una semana. Antes de la final de Charleroi Gorka Arrinda mostró su convencimiento de que el Bilbao Basket se encontraba entre los 15 mejores proyectos de Europa y que la Eurocup se le quedaba pequeña. Con el partido por medio había que evitar distracciones y evitar el pesimismo, pero en solo siete días el discurso del máximo accionista tuvo que virar al lado opuesto para confirmar el acuerdo alcanzado con la Diputación de Bizkaia para rescatar a un club que estaba en serio riesgo de desaparición, en una situación “de vida o muerte”, según las propias palabras de Arrinda.

Ambas visiones de la misma realidad están tan distantes que cabe pensar que probablemente lo más ajustado esté en un punto intermedio, pero con su última intervención el también consejero delegado del club trató de justificar un acuerdo que no muchos entenderán y apoyarán en las actuales circunstancias económicas y que “no se habría producido de no darse esta extrema necesidad”. “Hemos ganado esta final económica gracias al único que podía sacarla adelante”, afirmó Arrinda. Más claro, agua. La propia Diputación, en la nota que remitió a los medios, se reconoce también “impulsora del proyecto de un equipo de baloncesto en Bizkaia que compitiera en el máximo nivel de la competición estatal y pudiera participar en competiciones europeas”.

En esencia, el organismo foral abonará al Bilbao Basket las cantidades económicas que tenía pendientes en virtud del convenio firmado entre ambas partes hasta 2016, pero que se había interrumpido en 2013. Ese acuerdo estaba firmado y antes o después había que cumplir con él, así que al recibir el dinero por adelantado el club consigue la liquidez que necesita para recuperar la estabilidad, hacer frente a todas sus obligaciones económicas, terminar la temporada con cierta tranquilidad y conseguir un colchón “que garantiza la viabilidad presente y futura” del proyecto. Ahora queda en manos de Gorka Arrinda y el resto de responsables del club conducirlo hacia ese nuevo horizonte en el que se deberá rediseñar la estructura y redimensionar el presupuesto para adaptarlos al nuevo escenario “sin perder nivel deportivo y competitivo, como hemos hecho siempre”.

Arrinda reconoció que “todo se ha hecho muy grande y ha crecido muy rápido” y probablemente tiene razón. Pero si lo ha hecho ha sido por el impulso que le ha dado la Diputación de Bizkaia de cuya mano se trasladó durante una temporada al BEC, con el consiguiente aumento de la masa social, y de cuya mano se ha instalado en el Bizkaia Arena de Miribilla, un recinto construido para atender las necesidades de una masa de seguidores estabilizada en torno a los 9.000-10.000 espectadores. La decisión de la Diputación puede ser discutible desde muchos puntos de vista, sobre todo después de haber anunciado que congelaba las ayudas al deporte profesional, pero el club ha cumplido con su parte del convenio: en estos años ha jugado al más alto nivel en la Liga ACB, con una final incluida, y ha participado con notable éxito en Europa ya que ha estado presente en la Euroliga y en una final de la Eurocup.
Ese crecimiento acelerado, que algunos ahora están criticando a hechos consumados, también llegó gracias a patrocinios de cuantía importantísima, la mayoría de los cuales no se han cobrado en su integridad, pero que llevaron a generar presupuestos inflados e irrealizables. Pasó con Iurbentia, pasó con Gescrap y, de momento, está pasando con Uxue. Esto sí es responsabilidad directa del club, que se vio atrapado en el mismo círculo vicioso que la mayoría del deporte profesional. Pelear por mayores objetivos lleva a tener que fichar mejores jugadores y, por tanto, más caros con sueldos, en muchísimos casos, por encima de su valor real de mercado. Porque se ha acabado demostrando la falsedad de una aseveración muy manida en tiempos de bonanza: los jugadores cobran lo que generan. Falso, en el baloncesto y en casi todo el deporte profesional, la generación de ingresos está muy por debajo de la obligación de gastos. Ese toro, no otro, le ha pillado al Bilbao Basket.

Ahora bien, hay que recordar que el dinero público ha alentado, promovido, sufragado, subvencionado o, directamente, soportado muchas actividades privadas, no solo deportivas, y de muy diversas maneras y no solo en Bizkaia ni en Euskadi. Además, muchas de esas actividades generan un importante movimiento económico paralelo. Y no se puede caer en la incoherencia o la hipocresía de denunciarlo ahora que las vacas están flacas y no cuando ese dinero fluía en todas direcciones. Lo que ahora está mal también lo estaba antes, pero, claro, cuando el Bilbao Basket estaba jugando la final de la Liga ACB o contra el CSKA Moscú en la Euroliga nadie quiso reparar en que aquello estaba siendo posible gracias a una importante ayuda institucional. Entonces, como el pasado sábado en Charleroi, era muy sencillo sentirse partícipe del orgullo de ser de Bilbao y Bizkaia y ahora, cuando las cosas han venido mal dadas, la culpa siempre es de los demás. Muchas de las voces que ahora se levantan contra la decisión de la Diputación de Bizkaia reclamaban no hace mucho un nuevo San Mamés más grande o un Bilbao Arena con un parking más amplio. Ya puestos…

La noticia de que la Diputación tiene que rescatar al Bilbao Basket no es buena, evidentemente, por todo lo que supone. Pero tampoco conviene olvidar que el próximo octubre llegarán la NBA y los Sixers a Bizkaia y en 2014 el Mundial de baloncesto también tendrá una sede en Bilbao. En ambos casos, las instituciones han hecho una apuesta muy fuerte, con dinero público. Y no tendría sentido que la ciudad y la provincia perdieran a su principal referente en puertas de dos manifestaciones excelsas del baloncesto de élite. Lo que sería deseable es que el retorno que produzcan ambas actividades, tanto como el que genera el Bilbao Basket, revirtiera en el baloncesto de base, en fomentar la cantera como fórmula para evitar que en el futuro se pueda repetir esa “situación de extrema necesidad”.

Ojalá sea cierto que el club se va a redimensionar sin perder competitividad, que los sueldos de los jugadores, que se comen la mayor parte del presupuesto de cualquier club deportivo, se van a adaptar al nuevo escenario, en Bilbao y en todas partes. El agravio comparativo en que haya podido incurrir la Diputación de Bizkaia respecto a otros deportes, a otros clubes o a otras cuestiones quizás más acuciantes es algo que tendrá que resolver y explicar el propio ente foral. También sería exigible que la Diputación se mostrara vigilante y rigurosa con las actividades que promueve con el dinero de todos los contribuyentes.

Los buenos gestores se reconocen en las dificultades y ahora Gorka Arrinda y el consejo de administración del Bilbao Basket tienen la oportunidad y el reto de hacer autocrítica y demostrar su capacidad. Después de años de rechazar patrocinios por no llegar a esas cantidades exageradas de las que se hablaba antes, el máximo accionista habló de que quizás es el momento de apostar por un pool de empresas, por varios patrocinadores que aporten cantidades más pequeñas, pero que sean “sólidos compañeros de viaje”. Nunca es tarde si la dicha es buena y, en este caso, haber visto las orejas al lobo de la desaparición tiene que ser un buen motivo para colocar al Bilbao Basket en su lugar exacto dentro del concierto de la Liga ACB y Europa. Con lo que tiene, no le alcanza para ser uno de los 15 primeros clubes del continente, pero le sobra para instalarse entre la clase media-alta. El mensaje de la Diputación de Bizkaia es claro: le ha dado una segunda oportunidad, pero la próxima vez no le lanzará el salvavidas.

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