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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

San Mamés pierde la paciencia



 

Kepa salvó el partido deteniendo el penalti que hubiera supuesto el empate del Málaga. Foto AC

San Mamés vivió una de esas tardes desagradables en las que todo el mundo acaba enfadado con todo el mundo. Los sucesos del jueves y el penoso momento deportivo del equipo, formaron una combinación explosiva que acabó estallando en el tramo final del partido, aunque la mecha llevaba encendida desde antes de que el árbitro diera inicio al mismo.

Al minuto de silencio, respetado por todo el campo, le sucedieron gritos de ¡Iñigo Cabacas, justizia! en la esquina donde se sitúa Herri Norte, que fueron inmediatamente tapados por la pitada del resto de las gradas. Era lo previsible, aunque no lo deseable. La reivindicación de Cabacas,  justa y más que necesaria  después de seis años vergonzosos,  fue esta vez oportunista e inoportuna. Los que gritaron sabían de antemano cuál iba a ser la reacción de la mayoría del campo; les habrían pitado aunque hubieran gritado ¡Viva Jesús Sacramentado! porque no se pitaba un grito sino lo que había ocurrido cuatro días antes.

Prefirieron taparse con la memoria de Iñigo Cabacas, en lugar de asumir la parte de responsabilidad que les puede corresponder por lo del jueves. Hicieron, lo que muchas veces acusan a otros de hacer: utilizar a una víctima, anteponer un cadáver frente a otro. Mal camino. Mienten a sabiendas cuando acusan a San Mamés de despreciar a Cabacas. San Mamés ha secundando y respetando siempre esa reivindicación. Ayer, sin ir más lejos, cuando el mismo grito se repitió en la segunda parte, no hubo un solo silbido. Embarrar el campo nunca es una buena salida, sobre todo si el lodo ya llega más arriba de los tobillos.

La tarde empezó con pitos y acabó con la misma banda sonora, porque en medio hubo un partido que desesperó a una afición que ya ha perdido la paciencia con su equipo y con su entrenador. Los gritos de ¡Cuco, vete ya! de la segunda parte significan que San Mamés ya ha cruzado la línea roja. En cuatro días la grada ha despedido con silbidos a su equipo dos veces, a pesar de clasificarse para la siguiente ronda en Europa primero y de sumar tres puntos vitales a estas alturas de la temporada, después. No hay que ser especialmente lumbrera para entender el mensaje.

El partido ya empezó torcido para el Athletic. A los trece minutos, En-Nesyri, que acabó siendo el gran protagonista de su equipo, remató con sutileza a la espalda de Iñigo Martínez y por delante de Yeray, un envió raso desde la banda. Curiosamente, el gol no alteró demasiado el estado de ánimo de la grada, que prefirió mantenerse expectante y dar una oportunidad a su equipo, que hasta entonces no había hecho nada distinto a otros días, o sea, batallar, correr y equivocarse en decisiones aparentemente sencillas.

Tuvo suerte el Athletic porque solo tardó cuatro minutos en reponer al igualada. Beñat, De Marcos y Susaeta acertaron con una buena triangulación en el costado derecho, y el último remató con calidad al primer toque sorprendiendo al portero.

Los de Ziganda se asentaron en el campo, crecieron con el gol en la misma medida que el Málaga bajaba los brazos acusando el golpe. Beñat tomó el mando, bien secundado por un San José eficaz en la recuperación y correcto en la distribución. Córdoba enredaba en la banda izquierda, pero era por la derecha, con De Marcos y Susaeta,  por donde el juego del Athletic era más profundo.

Los rojiblancos completaron una primera parte más que aceptable y encontraron el premio a su superioridad a un minuto del descanso, cuando San José cazó una volea complicada a la salida de un saque de esquina. En la prolongación, otra buena combinación en la banda derecha acabó en un cabezazo de Raúl García que la mano de Roberto desvió a corner. Hubiera sido la sentencia del partido, pero el acierto del portero mantuvo con vida a su equipo.

El desastre llegó en la continuación, cuando sobre el verde afloraron todos los problemas de este Athletic. Para empezar, su falta de confianza. El equipo retrasó su posición y permitió que el Málaga se hiciera con el balón y empezara a dominar el partido. El Athletic regresó del vestuario con el único objetivo de proteger su mínima ventaja ante el colista. De pronto, Beñat y San José, que tan bien habían gobernado el partido, perdieron pie y el Málaga empezó a merodear el área de Kepa dirigido por Iturra, y sembrando la inquietud con la movilidad de Chory Castro, las incorporaciones de Rosales por el costado derecho y la pelea de En-Nesyri con los centrales.

En una de esas incorporaciones, Rosales le ganó la espalda a Lekue para recoger un balón cruzado que sobrevoló el área y provocar el inocente penalti del rojiblanco. Hace meses que quien más quien menos, se pregunta qué más tiene que hacer Lekue para que no le vuelvan a alinear de lateral, y mucho menos por la izquierda. Estamos ante un proyecto interesante de extremo cuya carrera puede verse truncada por la obcecación en hacerle fracasar en un puesto que no es el suyo. Está claro que Lekue no ha nacido para defender y no ha aprendido nada del oficio en año y medio.

Kepa salvó el partido, al Athletic, a su entrenador y a su compañero Lekue con una parada prodigiosa. Voló a su derecha y desvió con una mano el tiro duro y no mal colocado de En-Nesyri desde los once metros. San Mamés olvidó en ese instante dieciséis meses de zozobra; nadie recordó las circunstancias que acompañaron la renovación de Kepa. El Athletic tiene uno de esos porteros que suman puntos y la grada lo celebró coreando su nombre. Todavía el de Ondarroa tuvo que repeler un cabezazo a bocajarro de Rolán para acabar convertido en el héroe del partido.

El susto del penalti acabó por encender a una afición que volvía a sufrir con el juego de su equipo. Ziganda echó más leña al fuego  retirando a Córdoba para dar entrada a Iturraspe. El cambio llevaba a Raúl García a la banda para tapar las subidas de Rosales, pero el Cuco hubiera necesitado un plano para explicar su movimiento a una grada que no tragaba ver a su equipo defendiéndose ante el colista y a su entrenador enviando un mensaje que todo el mundo interpretó como miedo.

Para colmo, cuando Williams ya estaba preparado para saltar al campo, un nuevo error de Lekue obligó a Ziganda a dar entrada a Saborit. A estas alturas San Mamés era una olla de grillos y el Athletic un esperpento a merced del colista. Pocos daban ya medio euro por la suerte del marcador cuando de nuevo En-Nesyri asumió el protagonismo golpeando con la bota la cabeza de Kepa que se había lanzado a sus pies para cortar un ataque. La segunda amarilla sacó al delantero marroquí del partido ahorrando al personal diez minutos de sufrimiento y el Athletic alcanzó la orilla sin más apuros.

 

 

 

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