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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Se trataba de ganar y se ganó; no pregunten cómo



El Athletic logró una victoria trascendental con un fútbol eficaz. Foto AC

De penalti y sufriendo más de la cuenta  los últimos diez minutos ante un equipo que huele a chamusquina de lejos. Así sumó el Athletic tres puntos que le catapultan en la tabla y le colocan en situación de mirar por otros objetivos más presentables que la mera salvación.

Se trataba de ganar uno de esos partidos frontera que suelen aparecer en determinados momentos en el maratón de la Liga. Sumar o no sumar era el ser o no ser del Athletic en El Alcoraz. Con treinta puntos, a siete del descenso y a seis de Europa la vida tiene otro color, aunque los últimos minutos de Huesca se pusieran por momentos de color negro ceniza. Entre Herrerín, los centrales y San José consiguieron achicar el agua que empezaba a subirle por los tobillos al Athletic y acabaron llevando la nave a buen puerto.

Esos diez últimos minutos en los que nos costó tragar saliva no deben empañar los ochenta restantes. No es que el Athletic se diera un paseo por El Alcoraz, pero  los de Garitano llevaron el partido con una comodidad impropia de una competición tan igualada como ésta y en una cita en el que había tanto en juego. Por eso, por la comodidad con la que el Athletic pudo llevarse el partido mucho antes, el sufrimiento del tramo final suena a castigo inmerecido para una afición que vivió los últimos minutos en un sobresalto.

El partido fue capicúa; empezó y terminó con susto. Acabó con un remate de Ferreiro al lateral de la red, completamente solo en el segundo palo, y comenzó con una cesión, o algo así, de Beñat en el minuto uno, que obligó a Herrerín a hacer la primera parada de la noche. El portero rojiblanco no tuvo que volver a intervenir hasta que el cronómetro señalaba el minuto 76, cuando respondió con una gran intervención a un remate de Ferreiro. Después de esa segunda parada le tocó dar un recital de seguridad en el juego aéreo, haciéndose con todos los balones que llegaron a su área en forma de fuego graneado. No llegó a dos, pero afortunadamente, tampoco los alcanzaron los delanteros del Huesca.

Entre aquella cesión de Beñat y el remate postrero de Ferreiro, el partido transcurrió como quiso el Athletic. En cuando los de Garitano ajustaron las marcas y se asentaron en el terreno, el Huesca se quedó sin los argumentos que había apuntado en los primeros minutos. Buscaban los de Francisco recuperar y salir en velocidad, y lo consiguieron tres o cuatro veces, el tiempo que tardó Beñat en situarse y San José en medir las distancias.

Tardó un cuarto de hora el Athletic en asomar al área contraria y lo hizo a balón parado. Botó una falta Beñat e Iñigo Martínez cayó derribado dentro del área. Raúl ejecutó mejor que en Anoeta desde los once metros y el Athletic se encontró con el partido de cara sin más mérito que la sangre fría de García.

Gaizka Garitano también se ha encontrado con el problema no resuelto por sus antecesores y parece que seguimos sin dar con la solución.  La Conjetura de Hodge es una adivinanza infantil al lado del dilema  Muniain-Raúl García. En El Alcoraz, el Athletic volvió al clásico dibujo fallido, con Raúl por dentro a la espalda de Williams, y Muniain caído a la banda izquierda. Si funciona uno, el otro baja en su rendimiento; como si fueran vasos comunicantes. Anoche Muniain no fue ni la sombra del futbolista bullidor y determinante que vimos cuando entró contra el Barcelona, ni se pareció al jugador decisivo, y hasta goleador, que ha sido en ausencia de Raúl García. Lo intentó con su generosidad habitual, pero cuando no le faltó balón le faltó campo. Claro que a cambio, Raúl García volvió a ser el líder del equipo y encima marcó el gol de la victoria. Pero el Athletic no está para permitirse el lujo de perder ni a uno ni a otro. Garitano tiene trabajo para resolver la Conjetura de los navarros.

La falta de creación llevó al Athletic a un juego insustancial, tan estupefaciente que consiguió anestesiar a los oscenses, que reaccionaron al gol en contra, con patadas, agarrones y protestas desaforadas, vamos, lo clásico de los equipos desesperados.

Los de Garitano pudieron remachar la victoria en el segundo tiempo. Williams volvió a correr más que nadie para llegar a tiempo de fallar un gol que se cantaba y Raúl García ensayó el disparo desde larga distancia como si estuviera en un ejercicio de tiro en Lezama. El Huesca estaba para el descabello cuando los dos entrenadores empezaron a mover los banquillos. Francisco hizo lo que le tocaba, sacar toda su artillería; de perdidos al río. Juanpi, Ferreiro y Cucho Hernández aportaron energía renovada y piernas frescas. Garitano recurrió a Ibai y a Córdoba para sustituir a Susaeta y Muniain. Mala idea. El Athletic perdió presencia cerca del área rival, retrocedió veinte metros y acabó condenado a un bombardeo ante el que los centrales y el portero respondieron con eficacia hasta erigirse en protagonistas principales. Herrerin, Yeray e Iñigo Martínez desplegaron el paraguas en el que se refugió el Athletic en el tramo final. Pero el equipo quedó al albur de un rebote desafortunado, una carambola desgraciada o un error propio o del árbitro. No es de recibo arriesgarse a tanto a última hora cuando has tenido fútbol y ocasiones suficientes para liquidar el asunto mucho antes.

Esos apuros finales deslucen un triunfo que debió ser más holgado y más fruto de la autoridad que de la angustia. Pero se trataba de ganar y se ganó; no pregunten cómo. Bienvenidos sean los tres puntos porque ahora, a salvo de apreturas al menos a corto a plazo, puede haber llegado la hora de soltarse y empezar a jugar con más confianza. Veremos.

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