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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

¿Seguro que somos diferentes?



El hijo de Julen Guerrero jugará en las categorías inferiores de Madrid. Foto Marca

El hijo de Julen Guerrero jugará en las categorías inferiores de Madrid. Foto Marca

Me estoy haciendo viejo y cada vez observo con más distancia lo que ocurre en y alrededor del Athletic. Y lo prefiero así porque lo que veo me produce bastante vergüenza ajena. Me quedo con los viejos buenos tiempos, en los que tampoco faltaban polémicas y discusiones en las barras de los bares. Ahora, con esto de las redes sociales, vivimos todo el día en la interminable barra de un bar infinito y así nos va. Si le sumamos la ‘chiringuitización’ de la información deportiva, apaga y vámonos.

Hace unos años el Athletic entraba en el lado oscuro cuando había elecciones. Salían a pasear todos los demonios y la vida del club se convulsionaba durante unos meses. Nunca me han gustado las elecciones en el Athletic y no por eso voy a ser menos demócrata que los que se proclaman de tal condición de toda la vida. No me gustan por el daño que le hacen a la entidad  y porque ese daño se suele extender más tiempo del que sería razonable. Porque lo malo es que en esto, como en otras facetas de la vida, los palmeros suelen ser más papistas que el Papa. Los candidatos perdedores han tenido casi siempre (y pongo el casi solo por prevención), una retirada digna y han asumido con resignada elegancia la voluntad del socio. Algunos lo han vuelto a intentar en otras elecciones, pero siempre manteniendo una distancia prudente durante los años transcurridos entre su derrota y la nueva candidatura.

Los que suelen encajar peor las derrotas son los satélites, los poseedores de la verdad absoluta, los dueños de la piedra filosofal de Lezama, los recaudadores de carnets y los que preguntan qué hay de lo mío. Las elecciones en el Athletic suelen dejar un amplio reguero de agraviados.

Me da la impresión de que en esas estamos ahora, aunque todavía falte más de un año para la próxima cita con las urnas, y me temo que lo que nos espera es para echarse a temblar. Solo me queda la esperanza de que, todavía, el mundo real siga yendo por un camino y el mundo virtual de las redes sociales sea solo eso, una vida paralela que nace y muere con el botón de on/off del ordenador o el teléfono móvil.

Josu Urrutia está teniendo un mandato con luces y sombras, como todos los presidentes del Athletic. Habrá que reconocerle su fidelidad a un estilo de gestión, y habrá que criticarle, precisamente, el empecinamiento que demuestra a veces en mantener ese estilo, porque la línea que separa la constancia del empecinamiento es demasiado fina y es fácil cruzarla.

Urrutia no es el primer presidente, ni será el último, que se encastilla en la torre de marfil de Ibaigane. A los presidentes del Athletic les suelen sobrar aduladores y les falta siempre quien les lleve la contraria. El Athletic debería fichar a aquellos esclavos que viajaban en las cuadrigas de los generales romanos que volvían victoriosos de sus campañas,  susurrándoles al oído: memento mori, recuerda que eres mortal, mientras el pueblo les aclamaba.

Básicamente a Urrutia le pasa que se ha enfadado con los medios de comunicación porque ha cambiado las reglas del juego y eso, a medio o largo plazo, se acaba pagando. Y el silencio como estrategia tampoco le está ayudando. Al contrario, el Athletic ya ha acabado varias veces en el ojo del huracán cuando una comunicación a tiempo hubiera bastado para dejar la borrasca más tremenda en una tormenta en un vaso de agua.

Como se decía antiguamente, Urrutia tiene mala prensa. Porque no ha sabido granjearse su amistad, porque no ha querido ser esclavo de los medios, porque no ha podido convencer a casi nadie de las bondades de su idea de la comunicación del club, o porque ha ofendido de una manera entre absurda y gratuita a una parte esencial del entorno del Athletic. Ha habido un poco de todo y el resultado final es que a estas alturas todo lo que haga o diga les parecerá mal a los encargados de transmitirlo. Si añadimos que el fútbol no tiene memoria y la nula capacidad de asimilación de la frustración de las nuevas generaciones, tenemos, ahora sí, la tormenta perfecta. Mal asunto.

El culebrón de Kepa es el penúltimo ejemplo. Cualquiera puede entender que el club, ningún club, puede estar saliendo constantemente al paso de rumores y de historias más o menos pintorescas que se cuentan en los medios con tipografía de tamaño Watergate.  Pero no es razonable que el Athletic se mantenga en silencio ante determinadas portadas y afirmaciones. Ni el club, ni el jugador, claro, pero será responsabilidad de Kepa si no es capaz de desmentir el papel que le han adjudicado de regalo de reyes de este año para el Madrid.

La última acusación que le ha caído a Urrutia es que el hijo de trece años de Julen Guerrero ha fichado por el Real Madrid sin que el Athletic haya movido un dedo para evitarlo. Aunque el asunto no tiene ningún recorrido, la bola ya ha empezado a girar y no se detendrá hasta que surja otra historia, sea cual sea su calado. La cosa es precisamente esa, ir haciendo bola. Y para conseguirlo no se duda en presentar a la criatura nada menos que como el mejor futbolista de su edad en Andalucía. Vamos, que de haber vivido el chaval en Sevilla en lugar de en Marbella, le hubiera quitado el apodo al mismísimo Juan Belmonte, ‘El pasmo de Triana’.

Como damos por descontado que el Athletic no abrirá la boca, quedamos a la espera de una explicación por parte de Guerrero padre que,  por lo visto, nadie le ha pedido pese a que Julen siempre ha sido y es,  un hombre de lo más asequible y amable con los medios.

Pero que la familia Guerrero se traslade a Madrid con motivo de los estudios de la hija es lo de menos. Ahora mismo Julen Jon Guerrero ya engrosa la lista de fichajes frustrados por la incapacidad de Urrutia, ya saben, esa que forman Azpilicueta, Monreal, Oyarzabal, Bautista, Asensio, Merino, Berenguer y así hasta completar la lista de los reyes godos. Con el agravante de que se trata del hijo del futbolista más singular del Athletic de las últimas décadas.

Llegados a este punto no queda más remedio que preguntarnos si de verdad somos tan distintos como proclamamos. En lugar de blandir el ‘filosofómetro’ que tenemos todos en casa para calibrar si éste entra o con aquel hacemos trampa, si en el viejo San Mamés se animaba más o en el campo nuevo nos mojamos, a lo mejor ha llegado el momento de mirarnos en el espejo. Igual nos llevamos una sorpresa.

 

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Un comentario

  1. Seguramente cada vez menos, JCL.
    La política de comunicación del club son los padres. Ni una puñetera nota de prensa, lo que sea, nada de nada. Y con la facilidad que consumimos basura en las redes… sin filtro o contraste. Con lo ociosos, al parecer, que estamos, preocupándonos y dando pábulo a chorradas cuando nos importa un carajo el golpe de estado que han hecho en Catalunya, por citar un ejemplo. Pues así estamos en un continuo sobresalto y paralizados.
    Ojalá Kepa se quede, para mí es de los mejores de la plantilla. Pero si se pira alguna responsabilidad tendrá el jugador, digo yo. Urrutia y las futuras elecciones ahora es lo de menos. Ya hablaremos de endogamias y poderes fácticos.
    Ziganda anda un poco perdido, en mi opinión, no sabemos a que jugamos, tal cual. El patadón, la falta de forma y confianza de algunos, las lesiones de otros, nos están jodiendo vivos.
    Pienso que se le va a dar la vuelta, hay mejor plantilla que el año pasado, espero que el entrenador consiga que el equipo transmita.

    AUPA ATHLETIC!!! URTE BERRI ON!!!