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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Semana Santa, tiempo de fútbol de cantera



El Athletic que compitió en la NextGen estuvo formado por jugadores de tres equipos de la cantera de Lezama. Foto MITXi

El Athletic compitió en la NextGen con un equipo formado por jugadores del juvenil, Basconia y Bilbao Athletic. Foto MITXI

Hubo un tiempo, cuando las instalaciones de Lezama se acababan de estrenar hace ya más de cuarenta años, que el Athletic organizaba un torneo de Semana Santa al que acudían los chavales de Bizkaia organizados en equipos de colegios, de barrios, o de grupos de amigos, con el sueño de que algún técnico del Athletic se fijara en ellos y les enrolara en el equipo infantil o en alguno de los dos  juveniles que entonces tenía el Athletic. Tiempos en los que todo el cuadro técnico encargado de la cantera se reducía a Piru Gainza, José Luis Garay, Gonzalo Beitia, ‘Poli’ Bizkargüenaga e Iñaki Izagirre, lo que obligaba a que algunos ojeadores como el navarro Javier Pozueta reforzaran la nómina durante el Torneo quedándose a dormir en las instalaciones para ver partidos de sol a sol. Hasta el gerente Zarza colaboraba en la búsqueda de los talentos. Tiempos en los que el Athletic trataba de copiar el modelo que había implantado Pierre Pibarot en la escuela de fútbol de Vichy. En el primer Torneo de Semana Santa descubrió el Athletic a Santi Urkiaga y lo enroló en el Alirón, el equipo infantil; en la segunda edición Piru Gainza se fijó en Manolo Sarabia y le invitó a quedarse en el juvenil rojiblanco.

El Athletic también fue pionero en esto de aprovechar las vacaciones escolares para hacer futbolistas. El Torneo de Semana Santa fue un hito en su tiempo, pero fue decayendo con el paso de los años y la evolución de la sociedad, hasta el punto de que bajo la dirección de Iñaki Sáez y en paralelo con la creación de los minilezamas, el Athletic decidió seguir el precepto de Mahoma y acudir a la montaña ya que la montaña ya habia dejado de venir a Lezama como en los viejos tiempos.  El Torneo de Semana Santa dio paso a pequeños torneos comarcales  o escolares, impulsados desde Lezama que permitían observar a un importante número de futuras promesas.

Los tiempos han cambiado tanto que ahora, lejos de organizar su propio torneo, es el Athletic el que acude a múltiples citas con sus equipos más jóvenes. Entre el 23 de marzo y el 7 de abril, diversos equipos rojiblancos tomarán parte en diecinueve torneos en sitios tan dispares como Lloret de Mar o Lisboa, Gueñes o Zaragoza. Benjamines, alevines, infantiles, cadetes y un equipo juvenil se medirán con rivales de todos los calibres, desde el modesto equipo local, al representativo de la cantera de un equipo poderoso.

No todos los conjuntos que vestirán la camiseta rojiblanca serán estrictamente equipos del Athletic, entendidos como tales aquellos que vienen compitiendo a lo largo de la temporada. Sobre todo en las categorías más jóvenes, el club suele armar para estos casos equipos con jugadores procedentes de sus diversas escuelas o centros de formación con objeto de poner a prueba su evolución o, simplemente, para premiarles con la oportunidad de lucir la camiseta rojiblanca y competir como Athletic.

Hablamos de fútbol de cantera y eso debería de ser suficiente para relativizar la importancia de los resultados que obtengan los equipos rojiblancos durante estas dos semanas, aunque la cosa no es sencilla porque no hace falta explicar la diferencia entre ganar y perder en cualquier competición,  sea del rango que sea. Así que el Athletic está condenado a permanecer en medio de un debate en el que si gana, sobre todo si lo hace con claridad, será porque no hace más que abusar de su prevalencia y si pierde, aunque se deba a que haya preferido experimentar con jugadores, estaremos ante la prueba evidente del fracaso de Lezama.

Habrá pocas canteras más sometidas al escrutinio público y a la critica más descarnada que la del Athletic. Lezama fue objeto de censura desde el momento mismo de su nacimiento. Sus técnicos están bajo permanente sospecha, sean quienes sean y han sido muchos a lo largo de todos estos años,  y las promesas que allí trabajan sufren las descalificaciones más gratuitas procedentes, en no pocos casos, de quienes no necesitan verles jugar para juzgarles.

Los argumentos de los críticos chocan, sin embargo, con la realidad de una trayectoria de cuarenta años en la que, como promedio, Lezama ha proporcionado dos jugadores por temporada al primer equipo. El Athletic ha permanecido en la élite todo este tiempo e incluso ha ganado títulos, apoyado en su cantera y reforzado con fichajes puntuales, haciendo frente y superando unos cambios normativos  siempre contrarios a sus intereses, desde la desaparición del derecho de retención a la Ley Bosman. Con altos y con bajos, alternando épocas de sequía con años de buena producción, aplicando ideas interesantes o sufriendo las consecuencias de errores cometidos años atrás, Lezama ha sido y es el sustento del Athletic y su razón de ser. Lo que para el fútbol mundial es un admirable ejemplo a seguir, suele ser descalificado en demasiadas ocasiones por los más cercanos poseídos por un espíritu cainita que solo puede tener una explicación en oscuros intereseses personales o grupales. Los técnicos del Athletic viajaron mucho en los primeros tiempos buscando modelos a seguir en paises que entonces estaban más avanzados en el trabajo con deportistas jóvenes. Ahora prácticamente no hay semana en la que las instalaciones no reciben la visita de técnicos de todas las partes del mundo interesados en estudiar el modelo del Athletic. Sin ir más lejos estos días hay un grupo de estadounidenses tomando notas.

Claro que en Lezama se han cometido errores y que todo es mejorable. Y en ello están sus actuales responsables, como lo han estado todos los que han dirigido la cantera rojiblanca. Personalismos, choques de intereses o decisiones más que discutibles son inevitables en una estructura humana y profesional que ya ha alcanzado unas dimensiones considerables y que tiene que trabajar con las mismas limitaciones que afectan al club en cuanto a la población sobre la que interviene. Lo que importa es el resultado final y los números avalan el trabajo. Hay épocas como la presente en la que faltan laterales, hubo otras en las que se decía que bastaba con patear el suelo para que Lezama produjera un central. Se trabaja con material humano y los futbolistas no salen de una cadena de montaje sino de un proceso mucho más complejo en el que intervienen factores a veces incontrolables.

La Semana Santa es tiempo de fútbol de cantera y el Athletic volverá a ser uno de los principales protagonistas como no podía ser de otra forma. Cuántos de los chavales que defiendan estos días la camiseta rojiblanca llegarán a vestir la del primer equipo es una pregunta sin respuesta. No todos los clubes son capaces de perseverar en el trabajo, de mantener la inversión de tiempo y dinero sin conocer de antemano esa respuesta. El Athletic lleva haciéndolo toda la vida y casi medio siglo en Lezama. Solo por eso merece un respeto.

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