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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

The show must go on




Lo bueno de todo esto es que pasa rápido. Me refiero a esta Tercera Guerra Mundial que se ha desatado con motivo de la expulsión de Cristiano Ronaldo en San Mamés. Como dijo Sabina, el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno. Lo que hoy es una cuestión de Estado mañana será solo un vago recuerdo. Llegarán las semifinales de Copa y barrerán todo lo anterior. Los tertulianos tendrán nuevos motivos para rasgarse las vestiduras, gritar y clamar al cielo: aquel fuera de banda que no señaló el árbitro, la mirada del entrenador tras el fallo de su central ¿cómo interpretar esa mirada?, y así todo, asuntos capitales para la suerte del partido y de la eliminatoria que serán analizados, desmenuzados, vistos en cámara lenta al derecho y del revés. Hasta la próxima caricatura.

Mónica Planas escribió hará cosa de un mes una crónica sobre la información deportiva en la televisión que debería estar enmarcada en todas las redacciones, incluida aquella donde ella trabaja. La periodista hace una descripción muy certera de cómo están las cosas en el oficio y uno se pregunta ¿cómo hemos llegado hasta aquí?.

El periodismo deportivo, sobre todo el televisado, ha sufrido un proceso de infantilización que no deja en muy buen lugar a sus consumidores que ya hayan hecho la Primera Comunión. Algunos programas presuntamente informativos tendrían un pase en horario infantil aunque con bastantes reservas. Malo, bueno; guapo, feo; bien, mal; nosotros, ellos. A eso se reduce la información de fútbol en este país. Real Madrid y Barcelona; Barcelona y Real Madrid. No hay más. El proceso de simplificación ha llegado al límite. El resto de los equipos solo son un mal necesario para mantener una competición que dure diez meses. Hace tiempo que el periodismo deportivo dejó de interesarse por dar noticias; ahora se dedica a adivinar el futuro; la exclusiva será del que haya acertado el vaticinio, pero el que falle siempre podrá construir su propia realidad virtual y fabricarse su propia primicia.

El fenómeno no es de ahora, ni exclusivo de Madrid. Lo que ocurre es que los medios han mejorado, son más potentes, llegan a más público y más rápido y se ha perdido el pudor que relegaba los deportes a un segundo plano cuando algunos sectores de la sociedad hablaban todavía del opio del pueblo y aquellas cosas que se decían cuando aún quedaba por el mundo algún país comunista como Dios manda.

Lo que le está sucediendo al Athletic en general y a algunos de sus jugadores en particular, desde que el domingo por la noche a Ayza Gómez se le ocurrió expulsar a Cristiano Ronaldo, ya ocurrió, por ejemplo, cuando Goiko lesionó a Maradona. Lo que pasa es que entonces solo existía una televisión y la única tertulia que había era la de La Clave de José Luis Balbín. ¡Qué tiempos aquellos en los unos señores iban a la televisión a debatir razonando!.

El Athletic ha denunciado ante la Comisión Estatal contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte a los autores de algunos exabruptos proferidos contra Gurpegui. Ha hecho bien. Es más, ya era hora de que lo hiciera y no hubiera estado de sobra que hubiera tomado alguna determinación más contundente hace mucho tiempo. Todos sabemos que la denuncia tendrá el recorrido que va desde buzón hasta el archivador o la papelera. Porque todos sabemos que si las cosas se hicieran medianamente en serio, como en otros países, el fútbol acabaría siendo solo fútbol, un espectáculo deportivo con un espacio mediático racional y razonable y eso no interesa a casi nadie.

El show debe continuar porque hace tiempo que el espectáculo le ganó el terreno a la información. La objetividad del periodista es hoy en día una traba para el ejercicio de la profesión. Lo que se lleva ahora es que el tertuliano vista la camiseta de su equipo y que chille, que chille mucho; la reflexión está mal vista y aquellos que todavía insisten en su funesta manía de pensar se tienen que decidar a informar de atletismo o de natación, deportes menores que no interesan a nadie salvo cuando alguen consigue una medalla que proporciona una dosis de patrioterismo entre un gol de Cristiano y un regate de Messi. Y en esas estamos.

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2 Comentarios

  1. %100ean ados, Juancar.

  2. Cuánta razón tienes, Juan Carlos!!!