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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Sin novedad en Barcelona



No te pido que pares las que van dentro, pero por lo menos no te metas las que van fuera. El gran Di Stéfano aleccionaba con esta sentencia a sus porteros. Gorka Iraizoz no se metió una que iba fuera, pero tampoco supo atajar una nueva ejecución de falta de Messi. Claro que esta vez, el astro argentino disparó desde una posición que no debería crear problemas a un portero. El envío sorprendió a Iraizoz y hundió a un Athletic que había hecho méritos más que suficientes para llegar al descanso con un resultado mucho más positivo que el 2-0 que señalaba el marcador. Al Barcelona le bastó con hacer una ocasión para marcar dos goles; el portero del Athletic prácticamente tocó el balón para sacarlo de su red. Así suelen ocurrir las cosas en el Camp Nou.

No se podrá acusar a Valverde de no haberlo intentado de mil y una maneras. Ha probado con casi todas las combinaciones que le ha ofrecido su plantilla en cada momento, pero, salvo aquella Supercopa y la ida de la Copa de esta temporada, nunca ha conseguido su objetivo de doblegar al Barcelona. El sábado apostó por un dibujo que creó muchos problemas a los de Luis Enrique durante los primeros cuarenta y cinco minutos. El Athletic jugó prácticamente con dos delanteros y cuatro centrocampistas. Raúl García y Williams fueron los encargados de hacer la primera línea de presión, prácticamente en el área de Ter Stegen. Detrás esperaban Iturraspe y San José con Lekue y Muniain muy abiertos cuando no tenían el balón.

El Athletic, más bien su afición, lleva tiempo soñando con pillar a un Barcelona distraído en otra cosa. La del sábado pìntaba como la oportunidad propicia. El partido llegaba en medio de la durísima eliminatoria de Copa que los culés están disputando con el Atlético de Madrid, tres días después de una batalla en el Manzanares. Pero ni así consiguió el Athletic su objetivo. Al contrario, los rojiblancos asistieron a la resurrección de Alcácer, un delantero centro que llevaba nueve meses sin marcar un triste gol, que fue a estrenar su cuenta como blaugrana precisamente ante los rojiblancos. Fue un buen gol el suyo, precedido de una acción fácil de Neymar en el costado del área, pero quedó la impresión de que la defensa que hizo el Athletic en esa jugada fue manifiestamente mejorable: el brasileño se fue de De Marcos como quien lava, Alcácer se alejó un metro de Laporte casi sin proponérselo y su remate al primer toque, rápido y raso, se coló por el único resquicio que había entre el cuerpo de Iraizoz y el poste.

Antes y después de ese gol el Athletic había probado a Ter Stegen y su propia puntería con un remate a la base del poste de Raúl García, ligeramente desviado por el portero, un cabezazo de Williams que se fue fuera, y otra situación de remate también con el punto de mira desviado. El juego y la actitud del Athletic alimentaban entonces la fantasía rojiblanca de un éxito en el Camp Nou. Ni el gol de Alcácer hizo decrecer el entusiasmo de los leones. Pero el mazazo a cinco minutos del descanso les despertó de golpe de su sueño.

De nada sirvió la actividad de Muniain entre líneas, el sentido común con el que se empleó siempre Iturraspe o la brega industrial de Raúl García y la movilidad de Williams en posiciones adelantadas. La solidez defensiva de Laporte, al que se le vio con más confianza junto al felizmente reaparecido Yeray, tampoco alcanzó para evitar lo que desde hace tantos años es inevitable en el Camp Nou.

Del vestuario regresó otro Athletic, más funcionarial, resignado a su mala suerte en ese campo. El Barcelona, que había empezado con un equipo de circunstancias, sin los lesionados Busquets e Iniesta y con Luis Suárez en el banquillo, dejó en la caseta a Piqué, con algún problema muscular y muy pronto perdió a Rafinha, tras un choque con su portero. Pero para entonces el partido estaba sentenciado. El tercer gol de Aleix Vidal hizo la herida más profunda pero a esas alturas, ya daba lo mismo.

El Athletic jugó más y mejor que el Barcelona y hasta dispuso de más ocasiones durante un rato muy largo, prácticamente todo el primer tiempo. Pero el resultado fue el mismo de siempre. El equipo blaugrana dispone siempre del enorme margen de seguridad que le proporcionan sus estrellas, fundamentalmente los tres de arriba. El sábado faltó uno, pero un Neymar extramotivado que no se reservó nada por su obligada ausencia en la vuelta de la Copa y, sobre todo un Messi que volvió a golpear en el momento preciso, volvieron a resolver por sí solos los muchos problemas que sufrió su equipo. Ocurrió en Copa, se repitió el sábado y salvo que el cambio climático tenga alguna consecuencia directa en el vestuario del Camp Nou, el Athletic seguirá sufriendo a unos tipos que te vacunan en un abrir y cerrar de ojos.

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