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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

¿Somos o no somos?



El City no ha aparecido todavía con el dinero de Laporte y ya anda por aquí el personal repartiéndose la herencia. Hay que fichar a Iñigo Martínez, a Monreal, a Merino… Se repiten tanto los nombres a modo de estribillo que si un artista avispado les pusiera música de reggaeton tendríamos la canción del verano. Está claro que tampoco en esto nos libramos de los males del maldito fútbol moderno. Nos creemos diferentes, o al menos presumimos de ello, pero a la mínima caemos en los vicios de todo el mundo. Tampoco faltan los que ya se están apresurando a organizar el funeral de la principal seña de identidad del club. De hecho llevan casi cuatro décadas con la misma canción, desde que allá por los ochenta nos anunciaron el fin del mundo rojiblanco con la abolición del derecho de retención.

Es verdad que todo ha ido a peor para el Athletic durante estos años. Se da por descontado que no estamos en los cuarenta ni en los cincuenta, las últimas décadas en las que el Athletic era no uno de los grandes, sino de los gigantes. También entonces, aparecieron por aquí Di Stéfano y Kubala, y el Athletic vendió a Garay al Barcelona y el viejo mundo se derrumbaba ante lo que se le venía encima.

Es evidente que nada es comparable con lo de ahora; que el rodillo de la globalización, la televisión, los jeques, los multimillonarios rusos y los fondos de inversión americanos está desnaturalizando este negocio hasta extremos nunca antes vistos. Pero ya que ese rodillo está dejando el  fútbol hecho papilla, la única tabla de salvación debe ser precisamente la capacidad de conservar la diferencia.

Entrar en el mercado de la compraventa pura y dura, como todos los demás, sí que sería el fin del Athletic tal y como lo conocemos, porque en esa guerra el Athletic pierde siempre, como casi todos por otra parte, porque los que ganan de verdad, como de costumbre, son solo unos pocos privilegiados.

El Athletic vuelve a enfrentarse al dilema de tener mucho dinero y no saber qué hacer con él. Lo fácil, ya digo, sería caer en la imitación y vender con una mano para comprar con la otra, como hace todo el mundo para alegría de representantes y representados. El primer y elemental problema que se plantea es que ese juego requiere de un mercado tan amplio como el que disponen los demás. Reparemos en que los nombres que recitamos en el estribillo del primer párrafo, se cuentan con los dedos de una mano. ¡Fichemos a todos! Y ¿qué hacemos cuando se acabe la lista? ¿qué nos hace pensar que alguno o algunos de los fichados no se vaya a marchar después de dos, tres, cuatro años?. Y después ¿qué?.

De un tiempo a esta parte está haciendo fortuna la idea de que el Athletic tiene dinero, pero no tiene una oferta deportiva lo suficientemente atractiva para retener a sus mejores elementos o para llamar la atención de futbolistas interesantes de otros equipos. Manejar este argumento precisamente cuando el Athletic está compitiendo en Europa cada año y ha alcanzado más finales que en las tres últimas décadas, es cuando menos, original. Salvo Real Madrid, Barcelona, Atlético y, apurando, Sevilla, ¿hay  o ha habido tantas ofertas deportivas más interesante que la del Athletic en Primera División en estos últimos años? ¿Coutinho se ha ido al Barcelona porque el Liverpool, que ha pagado 80 millones por un central como Van Dijk, es un equipo con pocas aspiraciones?

Garay, Beitia, Alexanco, Zubizarreta, Alkorta, Zabalza, Churruca, Ziganda, Biurrun, Loren, Urzaiz, Ríos, Herrera… a lo largo de su historia el Athletic, de grado o por fuerza, ha vendido y comprado futbolistas, eso no es ninguna novedad. Pero la esencia del equipo y del club ha estado primero en el fútbol del territorio y desde la década de los 70, en Lezama. Y no le ha ido nada mal.

De confirmarse la salida de Laporte, esos 65 millones deben servir para reforzar el equipo y el club, y eso se hace de muchas maneras además de fichando. Si somos el Athletic, seamos con todas las consecuencias. Laporte llegó en su día al primer equipo desde Lezama, como llegará sin duda otro para sustituirle. A corto plazo el daño deportivo que produce su marcha es importante, pero no será la primera vez que al Athletic le toca apretar los dientes para salir del paso por sus propios medios.

Ser del Athletic también exige pasar por estos trances. Si queremos ser otra cosa, es tan fácil como poner un anuncio. Seguro que encontraremos algún jeque interesado. ¿Somos o no somos?

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