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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Tarde negra en San Mamés



Iker Muniain ha recuperado el fútbol después de su lesión y será una de las piezas claves el próximo curso. Foto AC

Parecía imposible empeorar lo sufrido esta temporada en San Mamés, pero el Athletic logró lo imposible. Los rojiblancos perdieron dos partidos por el precio de uno. Es verdad que caben los matices y que las dos derrotas se parecen como un huevo a una castaña, pero el sufrido aficionado se fue a casa con cara de funeral y suspirando aliviado porque al menos la tortura ha terminado y no se esperan más catástrofes en los próximos tres meses, aunque vaya usted a saber.

El Bilbao Athletic enterró sus aspiraciones de ascenso víctima de un punto de mala suerte y de la calidad individual del rival, un Villarreal B que trabaja la cantera global y que dispone de futbolistas que están muy cerca, cuando no lo han dado ya, de dar el salto a la máxima categoría, como son el nigeriano Samu y Raba, los goleadores de la tarde.

Las individualidades de los levantinos se impusieron al trabajo colectivo del grupo de Garitano. El Bilbao Athletic se ha caracterizado este año por su capacidad competitiva. El filial rojiblanco es un equipo muy bien trabajado, compensado en todas sus líneas, muy sólido en el plano defensivo y paciente cuando le toca atacar. Se trata de un equipo en el más amplio sentido de la palabra. El Villarreal no es menos equipo. También propone orden y tiene las ideas claras. La diferencia es que además dispone de futbolistas con mucho talento, capaces de desequilibrar un partido con relativa facilidad, al menos en esta categoría. Samu dio el primer aviso nada más empezar con un eslalom dentro del área que solo pudo frenar  Unai Simón con un paradón. El susto inicial no alteró el pulso de los cachorros que, poco a poco acabaron imponiendo su fútbol gracias a la solvencia de sus centrales, el trabajo sacrificado de Undabarrena y Nolaskoain, la pelea de Larrazabal en la banda derecha y la finura de Iñigo Vicente y Andoni López en el costado izquierdo.

El Bilbao Athletic mereció el premio del gol pero un defensa amarillo lo impidió en la misma raya, cuando el cabezazo de Unai Bilbao llevaba camino de la red y apenas un par de minutos más tarde, Nolaskoain remató a las nubes desde el área pequeña.

La mala suerte se cebó con los cachorros en la última jugada del primer tiempo. Raba remató con calidad por dos veces, Unai Simón le respondió las dos, pero no pudo impedir que, a la tercera, Dalmau empujara la pelota a puerta vacía.

Ese gol sobre el pitido final de la primera parte le hizo mucho daño al Bilbao Athletic, que quedó prácticamente groggy cuando Samu hizo el segundo culminando una jugada personal en los albores del segundo tiempo. El tercer gol de Raba, de remate seco y colocado acabó por dejar la eliminatoria prácticamente sentenciada. El juego de Iñigo Vicente ya acusaba el paso de los minutos y el Bilbao Athletic atacaba con más corazón que cabeza. El penalti transformado por Guruzeta en el 82 pareció revitalizar a los cachorros, pero el Villarreal B demostró que, además de calidad individual, tiene oficio colectivo para matar un partido, y si además un árbitro errático le facilita el trabajo, miel sobre hojuelas.

Antes del partido de promoción a Segunda A, los teloneros que abrieron la tarde perpetraron un espectáculo deplorable. De suceder en un teatro en lugar de en un estadio, el público hubiera pedido la devolución del importe de la entrada después de llenar el escenario de tomates. Los jugadores, en general, tienen la suerte de que el aficionado tiene una pulsión masoquista; los del Athletic en particular, cuentan además con la ventaja añadida de que sus seguidores, además de una pulsión masoquista, tienen tan buen corazón que en un par de días olvidarán incluso infamias como la sufrida en este cierre de la temporada.

A la vista de la alineación cabe deducir que Ziganda se guió por la máxima ‘para lo que me queda en el convento…’ y se despidió con Vesga en el equipo titular formando pareja con Beñat en el centro del campo. Ziganda habrá cometido muchos errores durante el año que ha permanecido en el banquillo, pero ninguno tan evidente como su apuesta por Vesga. Lo de alinearle como titular en el partido de la despedida después de once jornadas en el banquillo o fuera de la convocatoria, es lo que se dice un sostenella y no enmendalla en toda regla.

Vesga no fue ni el único ni el principal responsable del desastre de la despedida. Volvió a ser un futbolista intrascendente, pero en su caso cabe el atenuante de la inactividad. Otros compañeros que han sido más habituales en el equipo estuvieron a su altura o por debajo. Es más corto recordar quiénes se comportaron como se espera que se comporte un futbolista del Athletic en pleno uso de sus facultades físicas y mentales. Fueron Muniain, que enredó lo suyo e intentó darle sentido al juego, bien en acciones individuales o buscando algún improbable socio, y Kepa, que volvió a protagonizar el par de paradones al que nos ha habituado en cada partido.

Del resto es mejor hacerles la caridad de olvidar que estuvieron en el campo. Una cosa es no tener fútbol, que el Athletic apenas lo ha tenido este año, y otra no tener ganas, y eso es muy grave. El Espanyol marcó su gol a los nueve minutos tras un saque de esquina, en un fallo colectivo de la cobertura rojiblanca, que volvió a estar formada por tres centrales, y le bastó con permanecer ordenado en el terreno de juego durante los ochenta interminables minutos restantes. El Athletic fue pasando de la incapacidad a la impotencia para acabar en la abulia, como si la plantilla hubiera decidido adelantar las vacaciones por su cuenta.

Cuando Fernández Borbalán señaló el final de su último partido, la bronca alcanzó unos decibelios que no pudo tapar ni la megafonía. Los protagonistas del desastre aguantaron la bronca a pie firme en el círculo central. Fue lo más digno que han hecho desde hace mucho tiempo.

 

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