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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Texeira acabó haciendo justicia sin querer



Aduriz volvió a marcar, aunque en esta ocasión contó con la colaboración del árbitro. Foto AC

Aduriz volvió a marcar, aunque en esta ocasión contó con la colaboración del árbitro. Foto AC

Es comprensible el enfado de la gente del Valencia después de que el Athletic les empatara el partido en el último minuto y en un fuera de juego de un metro. Se entiende menos que ese enfado se traduzca en teorías sobre un estado de persecución contra su equipo, o sobre la existencia de manos negras que pretender impedir que logren sus objetivos. La cosa es mucho más sencilla. Texeira no es el instrumento para llevar a cabo ningún complot; no sabría hacerlo. Es, simplemente, un árbitro muy malo, con criterio evanescente, capaz de pitar la misma jugada de tres formas distintas. El árbitro perjudicó al Valencia en el último instante, pero no fue ese su único error, ni siquiera el último. ¿Qué me dicen de añadir cuatro minutos a un segundo tiempo en el que hubo cinco cambios y una tangana de proporciones mayúsculas con expulsión incluida?.

Sucedió que el choque entre el Athletic y el Valencia fue demasiado partido para un árbitro tan fútil. De la igualdad de los dos equipos nació un encuentro áspero que degeneró en bronco en la segunda parte, cuando el cronómetro y el marcador añadieron presión. Si a esto le añades un arbitraje desconcertante con el que los jugadores no saben a qué atenerse a la hora de meter la pierna o chocar, el resultado acaba siendo un partido de esos que el personal acaba viendo más tiempo de pie que sentado, encendido porque en cada disputa saltaban chispas que amenazaron incendio y que acabaron quemando a Otamendi, expulsado tras una dura entrada sobre San José, probablemente porque el clamor de la grada alcanzaba tantos decibelios que a Texeira no le quedó otro remedio.

El Valencia de Nuno Espíritu Santo es un equipo que ha recuperado las virtudes tradicionales de los de Mestalla. De la mano del técnico portugués, el Valencia vuelve a ser lo más parecido a un bloque de granito. Puedes rodearlo, subirte a él, golpearlo, empujarlo… es lo mismo. No le harás ni cosquillas y acabará aplastándote tarde o temprano. Se diría que tiene el jugador adecuado para cada posición y para cada situación. Defensas de pierna fuerte, de esos que intimidan con la mirada, como el expulsado Otamendi, un central que parece venido del blanco y negro; centrocampistas trabajadores como Javi Fuego, finos creadores como André Gómes, o un compendio de ambas virtudes como Feghouli. Y qué decir de delanteros como Piatti o Alcacer. La presencia de un futbolista como Negredo en el banquillo, da una idea precisa de la calidad de esa plantilla.

Ante semejante rival el Athletic, que entró en el campo con una camiseta de apoyo al lesionado Muniain, completó un partido bravo, de esos que agradece su afición por encima de sutilezas tácticas. La ocasión y el rival lo requerían, y los rojiblancos entendieron perfectamente lo que se esperaba de ellos. Valverde apostó finalmente por Unai para ocupar la media punta y volvió a confiar en Ibai para ocupar el costado izquierdo, dejando la banda derecha para Williams y el eje del ataque para Aduriz. La apuesta por Unai dejó fuera del equipo a Beñat, puesto que el técnico prefirió la fortaleza de San José y Rico por delante de su defensa.

El Athletic dejó claro que la bajada de tensión de Sevilla fue un episodio aislado en medio de su buen momento de juego. Es verdad que el equipo tuvo más fortaleza que creación y que durante muchos minutos del primer tiempo se vio obligado a dar un paso atrás y a organizarse en torno a su área ante un Valencia que quería dominar el partido y que lo conseguía sobre todo en el aspecto territorial. Había mucha presión y mucho músculo en el campo para un futbolista tan liviano como Unai y los balones no llegaban con claridad a los hombres más adelantados. De Marcos sufrió con Piatti hasta que el argentino se retiró lesionado. El cambio provocó un trastoque de posiciones en el Valencia y Rodrigo pasó a la banda, lo que constituyó un alivio para el lateral rojiblanco.

Todo el primer tiempo fue una fase de fútbol engañoso, de ese que parece que no está pasando pero está obligando a los dos equipos a un desgaste tremendo; fútbol que no se aprecia en su justa medida desde la grada pero que notan las piernas de los protagonistas.

El segundo tiempo fue otra cosa. El Athletic dio un paso al frente y el panorama del partido dio un vuelco. De pronto un apareció Williams desatado que con un par de carreras por la banda galvanizó al equipo y a la grada. Diego Alves hizo la parada de la noche rechazando un cabezazo de Etxeita a la salida de un corner y Otamendi salvó bajo el larguero el gol que ya se cantaba en un cabezazo colocado de Aduriz, que se iba lejos del alcance del portero.

El Athletic puso cerco a la portería del Valencia durante el primer cuarto de hora de la segunda parte, pero en una acción aislada, defendida con blandura inusitada por De Marcos y Gurpegi en su inicio, el Valencia hizo uno de esos goles que el Athletic ha encajado demasiadas veces este año. Iraizoz, que había vuelto a dar muestras de su vis cómica en un par de ocasiones, mantuvo al equipo en pie con dos paradones que evitaron que el Valencia ampliara el marcador.

El Athletic entró en una fase crítica. Beñat, que había sustituido a Unai en los primeros compases de la segunda parte, trataba de organizar a un equipo frustrado y Valverde buscó la reacción metiendo a  Viguera y Susaeta por Rico e Ibai. La cosa estaba más que complicada, puesto que el Valencia que ya había demostrado mucho oficio, jugaba además a favor de marcador. Apenas se jugaba lo que quería el Valencia, que era poco, y lo que permitían los errores del arbitro, que eran muchos. El partido se moría pero entonces llegó Texeira para dictar justicia aunque fuera sin querer.

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2 Comentarios

  1. Visto en la tele al día siguiente: ¿no desvía con la mano un defensa del Valencia el remate de Viguera, antes de rematar Aritz? Ante ese hecho, si he observado bien, cambia la jugada ¿no? (intento de rechace, si la mano se considera involuntaria, con lo que el balón llega de un contrario)

    • Es fuera de juego siempre, salvo cuando pita uno de los Texeira, que entonces puede ser cualquier cosa.