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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Tiempo de conjuras, pactos y buenas palabras



La pretemporada es siempre tiempo de buenos propósitos.Foto MITXI

La pretemporada es siempre tiempo de buenos propósitos.Foto MITXI

Esfuerzo con sonrisa y buenas palabras. Así es como cíclicamente se viven los meses de julio en el Athletic, que a decir verdad, es un ejemplo común en la mayoría de equipos de Primera División. El verano sienta tan bien que cada comienzo de pretemporada todos parecen más altos, más guapos, mejor alimentados, más listos y hasta (incluso) mejores futbolistas. Salvo contadas excepciones, de las que el Athletic tampoco se ha librado en ocasiones, las primeras semanas de trabajo, más todavía cuando hay un nuevo técnico por medio, se cortan por el patrón de la excelencia: que si estamos bien, que si aspiramos a mejorar, que si veo al equipo muy puesto, que si… Muchas palabras, a veces huecas, que duran lo que tarda en llegar la primera derrota en un partido oficial, que los de pretemporada todavía están tapados con el disfraz del trabajo acumulado.

En este momento de parabienes y buenos deseos conviene recordar lo que un futbolista rojiblanco de no hace muchos años, ahora entregado a la causa de ir creciendo en los banquillos a la vez que disputa partidos con los veteranos, solía acostumbrar a decir cada vez que tenía delante un nuevo entrenador, y tuvo ocho distintos en las diez campañas que defendió el escudo del Athletic. El jugador en cuestión, del que no viene a cuento decir el nombre porque rompería el misterio de hacer una pequeña quiniela de candidatos, siempre recibía al ‘nuevo’ en la sala de prensa con frases rimbombantes y un discurso de marcado acento positivista. Meses después, cuando se olía que aquel entrenador pronto se iba a convertir en pasado, el mismo que le había jaleado en julio le daba la puntilla.

Así que mientras los futbolistas mantengan el moreno vacacional y la dureza de piernas por las dobles sesiones, lo más lógico es que todo el envoltorio esté pintado en colores de tono pastel. Es tiempo de conjuras y de pactos. Este año en el Athletic hay más de lo primero que de lo segundo, porque el curso pasado fue malo, pero las pautas se repiten con insistencia. El verano anterior, después de alcanzar las finales de Copa y Liga Europa, con Javi Martínez tentado por el Bayern y Llorente todavía sin dar una respuesta formal a su posible renovación, se cacareó a todo el que lo quisiera escuchar que en el vestuario se había firmado un pacto para mantener el bloque y tratar de repetir éxitos futuros. Claro está, aquel supuesto acuerdo era una entelequia porque nadie propuso tal cosa. Algo similar está ocurriendo esta campaña en Zubieta, donde lo primero que se dijo en determinados medios cuando Real Madrid y Real Sociedad entablaron contactos para el traspaso de Illarramendi fue que los jugadores del equipo txuri-urdin habían sellado un pacto de continuidad. Supuestamente, lo hicieron en Ibiza. Illarramendi, convocado con la Sub’21, no estaba allí. Pero como si lo hubiera estado. Los futbolistas pueden llevarse entre ellos mejor que bien y vivir casi en plan cuadrilla, pero ninguno es capaz de poner su firma a una vinculación de esas características.

Desactivado el efecto pacto que parece darse cuando los equipos han cerrado una buena temporada -curiosamente el pacto al que se hace referencia no implica que el club mantenga a los mismos jugadores y por tanto tiene carta blanca para ceder o vender al que no le interesa para que entren nuevas caras al vestuario- el equipo que ha dejado atrás una mala temporada, y en esas está el Athletic, se prepara para la conjura. Es su llamada al regreso. Se da por hecho que se ha cumplido la cuarentena reglamentaria para cicatrizar la herida de una mala clasificación y el discurso que ofrecen los futbolistas ensalza la capacidad de regeneración y los buenos propósitos. En julio no hay equipo que no sea candidato a nada porque todos viven con un optimismo a veces incluso con tintes enfermizos. Lo que toca en estos casos es convivir con la pretemporada de la manera más aséptica posible sin hacer eco de todo lo bueno que se diga sobre el Athletic. Eso y dejar pasar unos días sin mirar el calendario del próximo campeonato. Aunque ya sea tarde, que seguro que ya ha hecho planes para la final de Copa.

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