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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Tragicomedia para empezar



Mereció puntuar el Athletic en su debut liguero en La Rosaleda, pero se fue de vacío por una acumulación insólita de fallos propios y ajenos. El partido del estreno fue un pestiño que acabó con una traca en la que Mateu Lahoz fue ese petardo gordo que estalla al final. Hace tiempo que este colegiado ha pasado de practicar un arbitraje novedoso e interesante a interpretar su propia caricatura hasta convertirse en un árbitro payasete que nada tiene que ver con el que proponía algunos nuevos modos. Lejos de ser un innovador, Mateu Lahoz lleva camino de convertirse en una versión moderna de especímenes como Andújar Oliver, aquel que vigilaba a los jugadores por el rabillo del ojo. Mateu arruinó el partido a un Athletic que tampoco estuvo para tirar cohetes pero que no mereció salir derrotado por un rival que apenas cobró dos remates dignos de tal nombre a lo largo de los noventa minutos reglamentarios.

No queda más remedio que repasar el partido empezando por el final, cuando Mateu Lahoz anuló el gol que anotó Iraizoz de precioso cabezazo. Era el empate que hacía justicia a los méritos de los dos equipos pero, incomprensiblemente, el árbitro impidió que el tanto subiera al marcador. Prácticamente en la siguiente jugada el guardameta Kameni le hizo una llave de pressing catch a Aduriz en el área pequeña que el árbitro transformó en falta favorable al Málaga, o algo así. En el gol anulado a Iraizoz la jugada fue tan nítida que su anulación levanta sospechas más que fundadas. En la del derribo a Aduriz, cabe admitir que hubo por medio una melé que pudo confundir al árbitro; hace falta mucha buena voluntad para sostener esta teoría, es cierto, pero practiquemos con Mateu Lahoz la caridad de otorgarle el beneficio de la duda.

Ocurre que esas dos jugadas que decidieron el partido llegaron cuando el Málaga jugaba con nueve por las expulsiones de Duda y de Antunes. El brasileño se autoexpulsó tras agredir por dos veces a Muniain; primero lanzándole un balonazo y posteriormente cogiéndole del cuello y derribándole cuando el navarro fue a pedirle explicaciones. La entrada de Antunes a Guillermo fue de tarjeta roja porque se produjo en un campo de fútbol; de ocurrir en la calle hubiera provocado la aplicación inmediata del Código Penal. Claro que estas consideraciones no son las que en aquellos momentos se estaban produciendo en los graderíos de La Rosaleda, que ya habían pedido la expulsión de Iraizoz en la jugada del penalti en el primer tiempo.

En las circunstancias en las que se estaba desarrollando el partido en los minutos finales y en la prolongación, Mateu Lahoz hizo lo que hacen todos los malos árbitros: pitar peligro en cualquier balón colgado sobre el área del equipo local. Hace tiempo que este árbitro ha demostrado que hay muy poquito detrás de tanta fachada y en La Rosaleda confirmó las peores sospechas al repetir los modos y maneras de todos sus colegas, esos que no tienen fama de innovadores ni de diferentes, ni reciben los elogios públicos de entrenadores de postín. Mateu Lahoz convirtió los minutos finales de un partido aburrido en una tragicomedia con final feliz para los de casa.

Pero después de recordar lo que ocurrió al final, no conviene olvidar lo que sucedió antes. El árbitro cometió dos errores graves que acabaron por decidir la suerte del partido, pero en las filas del Athletic también se produjeron errores cuya gravedad determinó el desarrollo del encuentro y su resultado final. Y en este capítulo no queda más remedio que recordar que fue Gurpegui quien con un fallo de juvenil desencadenó la jugada del penalti que acabó en el único gol del encuentro. Y no solo falló en esa ocasión. Al capitán le falta ritmo de partidos después de su grave lesión del año pasado, está claro, y en Málaga sufrió más de la cuenta cometiendo errores impropios de su veteranía. Falló a la hora de medir en la jugada del penalti y en la que se ganó una tarjeta amarilla; anuló un fuera de juego que, afortunadamente el auxiliar concedió y, en definitiva, lastró a todo el equipo con su desafortunada tarde.

Hasta esa jugada desgraciada el Athletic había estado llevando el partido con solvencia y autoridad. Fue el dueño del balón, dominó territorialmente y fabricó ocasiones para adelantarse en el marcador como aquella en la que un magnífico pase de Muniain dejó solo a Aduriz ante Kameni, pero el delantero no acertó a rematar la jugada.

El gol en contra y la manera en el que se produjo, descentraron a los rojiblancos y dejaron sus costuras a la vista. Iturraspe no está fino, Beñat dejó de tener presencia demasiado pronto y Susaeta, sencillamente, no estuvo. Iraola no aportó nada en ataque, menos incluso que un Balenziaga empeñado en centrar siempre al amigo invisible, así que Rico no podía con todo. La entrada de Ibai por Beñat tras el descanso para situar a Muniain a la espalda de Aduriz, no mejoró gran cosa el espeso juego de ataque de los rojiblancos. Muniain lo siguió intentando casi siempre en acciones demasiado individuales, por decisión propia en algunas ocasiones y por la ausencia de apoyos en otras. Valverde retiró por fin a Gurpegui y lo sustituyó por San José, lo que favoreció las opciones de contraataque de un Málaga mucho más cómodo de lo que hubiera soñado durante los primeros minutos, cuando sufrió ante el juego ordenado aunque poco afilado del Athletic. Con el paso de los minutos se fue apreciando cada vez con mayor nitidez que el partido de Nápoles estaba pasando factura, no en forma de cansancio, pero sí con cierta pesadez en las piernas y en la velocidad de ejecución. Al Athletic le faltó frescura, eso que los entrenadores llaman chispa.

Tampoco Valverde debió de tener su día más inspirado y esperó hasta el minuto 80 para remover un esquema ofensivo que no funcionó casi nunca. Salió Guillermo por Susaeta y en diez minutos cobró un cabezazo inocente a las manos del portero y provocó la expulsión de Antunes. Tampoco es cosa de juzgarle por ese ratito sobre el césped, pero dio al impresión de que Valverde tardó demasiado en emplear este recurso.

Con todas las imprecisiones, los fallos individuales y la atonía general, el Athletic hizo méritos para no salir derrotado en su debut liguero. Los rojiblancos hicieron ocasiones y hasta marcaron un gol legal, pero esa parte de la historia ya está contada y es agua pasada. Ahora toda recuperar piernas y mente para el estreno de la temporada en el nuevo San Mamés. Seguro que contra el Nápoles el Athletic será otra cosa. Más le vale.

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Un comentario

  1. Este grupo tiene la tendencia de arrancar algo lento las temporadas. Esperemos que eso no afecte la Champions, pero el ritmo de competición lo coge entre octubre y noviembre. En líneas generales el equipo está bien armado, tiene identidad y sabe a lo que juega, por lo que ahora es una cuestión de alcanzar ese ritmo. Lo único que no haría si fuera Valverde, es darle la orden a Iturraspe para que juegue tan atrás, por ahí es algo que Valverde hace para ayudar a los centrales, pero el Athletic juega mejor cuando Iturraspe está más cerca de Rico, que de Gurpe y Laporte. Se parte menos en mi opinión, ya que mantiene las líneas más cerradas y los partidos no son unos correcalles con espacios enormes en el medio.