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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un amistoso con premio



Eraso se estrenó con dos goles que encarrilan la eliminatoria. Foto AC

Eraso se estrenó con dos goles que encarrilan la eliminatoria. Foto AC

Poco se puede pedir al Athletic en un partido jugado con la hoja de julio todavía visible en el calendario. Los de Valverde cumplieron con su obligación de dejar encarrilada la eliminatoria y poco más. De estar más atinados en el remate o más afinados en lo físico, hubieran no solo encarrilado sino resuelto el trámite. El 2-0 final de antoja un resultado corto, que no refleja la enorme distancia que separa a los rojiblancos del Inter Baku, pero que debe ser más que suficiente para que el partido de vuelta sea poco más que un engorro burocrático. Decir que el equipo azerí salió vivo de San Mamés es mucho decir; digamos que salió en artículo mortis, con respiración asistida, como se pudo comprobar en los últimos diez minutos cuando definitivamente sacaron bandera blanca y dedicaron las pocas fuerzas que les quedaban a mantenerse en pie como el boxeador tocado lo hace abrazándose al rival. Hay que agradecerles, eso sí, que en ningún momento mostraran malas maneras ni tretas de perdedor y permitieron que el partido transcurriera al ritmo que imponía el Athletic.

Ritmo. Esa suele ser la palabra y la madre del cordero en esta fase del calendario. Los equipos no pueden tener todavía ritmo de competición, esa velocidad de crucero que muestran cuando la temporada está en su plenitud. Las piernas van más lentas todavía que el cerebro, así que el pase pensado sale mal o el compañero llega tarde casi siempre. El Athletic jugó andando la mayor parte del tiempo y a esa velocidad es muy complicado hacerle goles hasta a un rival tan marmolillo como el Inter Baku. Siempre que los rojiblancos subieron de revoluciones desarbolaron la estructura del rival; así marcaron sus dos goles y crearon ocasiones suficientes para machacar el marcador. La falta de puntería o las buenas intervenciones del portero lo impidieron.

Era un partido de competición, pero se pareció demasiado a uno de esos planos partidos  de pretemporada ante un sparring flojito, de esos que no hacen daño. El Inter Baku sabía cual era su papel y las consignas del banquillo parecían claras: tirar a gol en cuanto atisbaran la portería rival en la lejanía. Sabían que no tendrían oportunidad ni de pisar el área contraria con el mínimo garbo. El Athletic se hizo con el balón desde el primer minuto y no lo soltó hasta el último. El problema es que durante demasiado tiempo no supo qué hacer con la bola. Atacar sin extremos a un rival cerrado nunca es tarea sencilla y el Athletic jugó sin alas. Al menos por el costado derecho las incursiones de un De Marcos pletórico pusieron en evidencia una y otra vez la fragilidad del rival, aunque no contara con demasiada colaboración de un Susaeta que sigue siendo un mar de dudas. Pero la izquierda fue un solar. Ya sabemos lo que da de sí el despliegue en ataque de Balenziaga y, por desgracia, también se pudo comprobar, una vez más, la inconsistencia de la apuesta por Ibai Gómez.

Así que todo el ataque rojiblanco se tuvo que resumir en lo que pudiera hacer por dentro. Valverde presentó una combinación Iturraspe-Beñat-Eraso, que se antoja improbable ante rivales de mayor entidad. La cosa funcionó ante un equipo incapaz no ya de presionar sino de salir con el balón jugado. Daba gloria ver a Beñat robando y recuperando balones, pero seamos conscientes de que eso no pasa de ser una fantasía veraniega. El de Igorre se hizo el amo en su zona y con la desaparición del lesionado Iturraspe en el descanso, se puso todos los galones hasta que le duró la gasolina. Lástima que su fútbol no encontrara la colaboración necesaria unos metros más adelante y en demasiadas ocasiones acabara en un pase horizontal.

La buena noticia del partido fue sin duda la del debutante Eraso. Sus dos goles certifican que tiene llegada aunque habrá que ver si es suficiente para  hacerse dueño de esa posición en la media punta que estuvo vacante toda la pasada temporada. Y es que este Athletic de Valverde ha vuelto a la competición con las mismas virtudes y defectos del año pasado, cosa lógica por otra parte si el equipo sigue con el mismo técnico y prácticamente los mismos jugadores.

Habrá que darle tiempo al tiempo y esperar al regreso de algunos ausentes como Muniain o Williams, a los que ayer se echó bastante de menos y ver lo que pueden aportar los nuevos, que puede ser bastante aunque sean todos jugadores de acompañamiento y ninguno tenga la pinta de brillar con luz propia. Elustondo, por ejemplo, que salió en el lugar de Iturraspe, mostró que puede ser un relevo de garantía en esa zona del campo. Experiencia tiene, y calidad también para que el equipo no se resienta en las obligadas rotaciones. Se le vio con ganas y con punto de contundencia en la recuperación que le valió sus primeros aplausos en San Mamés.

Para el partido de vuelta en Baku el Athletic tendrá una semana más de entrenamiento, que es mucho a estas alturas, lo que unido a la ventaja obtenida en San Mamés y sobre todo, a la vista del nivel del rival, permite calcular que el equipo va cumpliendo sus objetivos de verano. Aventurar cualquier análisis más detallado es pura osadía. A estas alturas solo hay apuntes, percepciones que dependen sobre todo del estado de ánimo del observador. Los que empiezan ahora sus vacaciones verían a un Athletic camino de otra final europea; los que vuelven al trabajo saldrían del campo con la mosca detrás de la oreja.

 

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