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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un amistoso en el más amplio sentido de la palabra



Gurpegui fue distinguido como el mejor jugador del partido. Foto LFP

Gurpegui fue distinguido como el mejor jugador del partido. Foto LFP

Amistoso, con todas las letras. El Inter y el Athletic se fueron hasta Parma para jugar un partidillo entre amigos. Podrían haber quedado en cualquier otro sitio más animado pero el fútbol actual tiene esta clase de negocios. Lo mismo te llevan a China, que te dan una vuelta por Australia o te dicen que tienes que jugar un amistoso en Italia aunque estés en plena competición, metido en sorteos europeos y hablando de supercopas y otras hierbas.

Valverde se llevó a la excursión a todos sus meritorios, suplentes, cedibles y transferibles. Compuso una alineación apañadita y después hizo algunos cambios para probar algunas cosas que a estas alturas deben de estar más que contrastadas. Mancini por su parte compuso una alineación algo más parecida a la que será habitual cuando empiece el Scudetto. Jugaba cerca de casa y estaba más obligado por las circunstancias y menos comprometido por el calendario. La verdad es que tampoco se notó mucho. Sus jugadores demostraron más oficio, algunos más calidad individual, y la mayoría la desidia que suele imperar en este tipo de choques. El que pensó que estos amistosos sirven para que los meritorios reclamen un sitio bajo el sol debió de ser un tipo muy optimista. Después de años de ver pretemporadas y amistosos uno no recuerda un solo partido ni un solo futbolista que se ganara el sitio en una de estas kermesses. Al contrario, el aficionado suele salir de estos partidos convencido de que los suplentes lo son por méritos propios y ahí se pudran, y con serias dudas sobre el nivel de los titulares, o sea, un desastre y no sé dónde vamos a ir con esta banda.

Suele ocurrir que cuando a esa banda le ponen a jugar un partido de verdad, cada uno en su sitio, los titulares en el campo, los suplentes en el banquillo y los chavales en el filial, su rendimiento mejora hasta el nivel habitual y el aficionado se entusiasma y vuelve a creer que esa banda tiene pinta de que hasta puede hacer algo serio. Así ha sido siempre porque así es el fútbol admitámoslo: un muermo cuando no hay puntos en juego.

Al aficionado también le suele gustar sacar conclusiones más complejas. Analiza con detalle de entomólogo el pasecito que ha dado su meritorio preferido, o la pifia del titular al que le tiene una cierta ojeriza. Así se reafirma en sus convicciones y llega a la certeza de que el entrenador no tiene ni idea, como ya sospechaba.

Extraer conclusiones de un partido como el de Parma es, por lo menos, temerario. No se puede juzgar a un equipo inédito ni como grupo ni a sus individualidades. Cada uno respondió según el nivel que se espera de él, con el atenuante de que ni piernas ni pulmones están todavía afinados del todo, ni el grupo, por inédito, tiene los automatismos que te sacan de un apuro cuando todo el mundo está más rodado.

Nadie en sus cabales puede analizar en serio el rendimiento de un equipo con Elustondo, Undabarrena y Unai López en su sala de máquinas, porque no será ese, ni parecido, el núcleo duro del equipo de verdad. Y lo mismo puede decirse a la hora de observar el rendimiento de una defensa con Bóveda, Gurpegui, Etxeita y Aurtenetxe, por no hablar de Lekue, Guillermo e Ibai como tridente atacante.

Bastante hizo el Athletic con mover la pelota de una manera aseada, de lado a lado o hacia atrás, sin ninguna profundidad ante un Inter que tampoco pretendía hacer mucho más. De hecho, el gol de Jovetic en el minuto 26 llegó en el segundo remate sobre Iraizoz. El primero, del mismo delantero, lo repelió el portero en una gran intervención. Fueron los dos únicos remates del Inter en toda la primera parte, que, eso sí, fueron bastante más de lo que hizo el Athletic en ataque: cero patatero.

La continuación transcurrió por los mismos derroteros, pero aderezada por el habitual carrusel de cambios de gente, de posiciones y de dibujo. El Athletic jugó algunos minutos con tres centrales: Laporte, Gurpegui y Aurtenetxe, con Iriondo en el costado izquierdo y Bóveda en el derecho; después Gurpegui adelantó su  posición al centro del campo para cubrir el hueco que dejó la salida de Elustondo. Viguera y Sabin Merino, que tuvo en su cabeza la ocasión más clara del Athletic, alternaron en la punta y Lekue trató de arrancar desde unos metros más atrás. En fin, pruebas, experimentos, movimientos o ponte ahí porque alguien tendrá que ponerse y no hay otro. Así son los partidos amistosos, se jueguen en Zalla o en Parma.

Sabin pudo empatar pero su cabezazo a centro de Lekue, solo ante el portero, se fue desviado. Hubiera adecentado el marcador pero fue Icardi el que hizo el segundo para el Inter un minuto después aprovechando un exceso de entusiasmo de Iriondo, que en su esfuerzo por evitar un fuera de banda en el centro del campo, regaló el balón al rival con todo el Athletic descolocado.

Sacando la lupa de muchos aumentos, cabría apuntar que a lo mejor Lekue rinde más arrancando desde el lateral que enclaustrado como extremo, aunque habría que ver cómo y cuánto defiende, claro. Se podría preguntar por qué juega Aurtenetxe todo el partido y por qué a Galarreta solo se le dan los últimos diez minutos. Seguro que Valverde tendrá una respuesta coherente, pero tampoco es cuestión de someterle a un interrogatorio de tercer grado. Es suficiente con que responda cuando haya algo importante en juego y, hasta el momento, el míster se ha estado explicando bastante bien.

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