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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un Athletic improvisado suma el punto más inesperado



Iturraspe volvió al equipo titular, después de tres meses.

Iturraspe volvió al equipo titular, después de tres meses.

Que levante el dedo el que cinco minutos antes del partido, con las alineaciones en la mano, era capaz de apostar medio euro por el Athletic. Si la visita al Calderón era de por sí, el compromiso más complicado del tramo final del curso, la alineación que presentó Valverde sonaba a claudicación. Noventa minutos después, el personal rojiblanco celebra el punto más inesperado y la disposición de sus jugadores para completar un partido más que solvente con un equipo improvisado y ante un rival que en los últimos tiempos ha sido un verdugo implacable de los leones.

Quedó escrito después del partido de Córdoba que hay derrotas que se encajan con orgullo y victorias sobre las que más vale correr un tupido velo. Lo del Manzanares es un empate que vale un puntito, la tercera parte de lo que consiguió el Athletic en Córdoba, pero vale tres veces más si se mide en patrón orgullo y autoestima.

En este caso no es ningún recurso facilón decir que la pizarra de Valverde sorprendió a propios y a extraños. Siete cambios respecto a la última alineación son algo así como la madre de todas las rotaciones. Y a los cambios nominales hay que añadir una modificación importante en el dibujo y en la distribución del personal. Lo asombroso no es ya que el equipo consiguiera arrancar un punto ante un rival tan difícil, sino que la cosa funcionara sin cortocircuitos durante los noventa minutos.

Es verdad que el auxiliar que vigilaba la defensa del Athletic fue un amigo con un resorte en el brazo para invalidar dos goles que, vistos en la televisión, fueron legales, pero hará bien Simeone en seguir el consejo de su compatriota Bielsa, que asegura que hay que aceptar la injusticia porque al final todo se compensa. Así, a botepronto y sin hacer alardes de memoria, uno recuerda que el Athletic también empató en San Mamés ante el Celta con dos legales anulados. No hay más que hablar al respecto.

El Athletic fue capaz de mantener el pulso con el Atlético con un lateral derecho como Bustinza, que hasta la fecha había jugado ocho minutos de Liga en la primera vuelta en Almería, hace seis meses, y 3 minutos en Alcoi, en partido de Copa. A De Marcos le volvió a tocar hacer de chico para todo, así que ocupó el costado izquierdo. Iturraspe regresó al equipo titular cuatro meses después, y Sola, que apenas acumula 50 minutos de competición en Liga, fue la referencia arriba, en compañía de Williams.

Etxeita y Laporte, y San José e Iturraspe, formaron dos parejas reconocibles, mientras que Rico jugó vencido al costado izquierdo del centro del campo, con Iraola  por el otro lado. Añádase a todo eso la presencia de Herrerín en la portería y las camisetas verdes y se concluirá que el Athletic se parecía muy poco al habitual.

Las lesiones de Aduriz, Beñat y Balenziaga, que se añadieron a la baja ya habitual de Muniain, obligaron a Valverde a improvisar y, si se le han criticado algunas decisiones, habrá que reconocerle ahora que fue capaz de armar un equipo muy competitivo con lo que tenía a mano.

La buena puesta en escena de los leones les proporcionó la confianza necesaria para seguir adelante con su plan y, poco a poco, fueron explicando al Atlético que no iba a encontrar un camino de rosas. El Athletic construyó una armadura muy sólida en el centro del campo, cerrando las bandas con las parejas Bustinza-Iraola y De Marcos-Rico, mientras que Iturraspe y San José levantaban un primer muro por delante de los centrales, que hacía prácticamente imposible la circulación de los colchoneros. Si se le añade que Sola trabajó a destajo y Williams brujuleó con intención mientras le duraron las fuerzas, tenemos una buena pista que explica lo que acabó ocurriendo.

El Atlético de Simeone, sin la brújula de Turán y la capacidad de intimidación de Mandzukic, se quedó pronto sin recursos. Los laterales Juanfran y Siqueira no podían progresar por las bandas, y el fútbol de Koke y Gabi se moría en la tela de araña del centro del campo. Griezmann lo tenía que intentar muy solo y Torres no tardó mucho en desesperarse. Solo Raúl García pudo asustar con un tiro ajustado al palo y un cabezazo en la salida de un corner. Poca cosa si se tiene en cuenta que Williams había estado a punto de quedarse solo ante Oblak nada más empezar y que San José cabeceó un corner que se fue rozando la escuadra.

Al Athletic le tocó sufrir en la segunda parte, sobre todo cuando Simeone dio entrada a dos de sus jugadores de más peso en el equipo, Arda Turan y Mandzukic. El Atlético apretó y llegó a marcar dos goles invalidados por el juez de línea, de la misma forma que hubiera podido concederlos. Pero entraba dentro de cualquier cálculo que el Athletic tendría que sufrir en el Manzanares. La lesión de Iraola, aportó un punto de dramatismo al tramo final del partido, en los largos minutos que fueron asediados en el área de Herrerín, pero también es verdad que el dominio del Atlético fue más de rachas que sostenido. Con Unai López de improvisado sustituto de Iraola y con Guillermo en el sitio de Sola, el Athletic logró proyectarse en unos cuantos contrataques sin gran peligro real, pero suficientes para que el Atlético se tentara la ropa antes de lanzarse a un ataque desaforado.

Etxeita la tuvo en un corner, pero su remate se fue a las nubes, y San José no acertó a culminar una excelente jugada personal. El Athletic quería hacer algo más que defenderse con dignidad y lo conseguía aunque fuera de manera esporádica.

Los de Valverde se emplearon con la intensidad, la contundencia y la convicción que les faltaron hace cuatro días en el derbi. Y cuanto un equipo muestra ese talante, los rebotes le caen a los pies y gana las disputas incluso cuando juega en casa del equipo más intenso del campeonato.

Habrá que esperar a que acabe la jornada para conocer el valor aritmético de este punto, pero sabemos desde que el árbitro pitó el final que su valor anímico es extraordinario.

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