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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un Athletic inmenso se gana su sitio en la final



Los jugadores del Athletic festejaron a lo grande el pase a la final. Foto AC

Los jugadores del Athletic festejaron a lo grande el pase a la final. Foto AC

El Athletic vino a jugar su mejor partido de la temporada cuando más falta le hacía. Lo tenía casi todo en contra en el segundo choque de la semifinal y respondió con grandeza. En ocasiones así es cuando se aprecia el ADN de un equipo. Hay mucha historia en estas viejas camisetas rojiblancas como para que no aflore en los momentos decisivos. No importa que la vista un novato como Williams, que está dando sus primeros pasos en la élite, o un veterano como Gurpegui que, como él mismo reconocía esta semana, quizá esté ante su última oportunidad de levantar un trofeo. Cuando llega el momento de la verdad, de alguna parte surge ese espíritu indomable del león. En las buenas y en las malas, el Athletic es distinto porque quienes quiera que sean los que les toca vestir las rayas rojiblancas, saben que esas camisetas obligan a mucho y que siempre llega un momento en el que hay responder con grandeza, como otros respondieron tantas veces y como responderán los que vengan en adelante, que nadie lo dude.

El Athletic alcanza su cuarta final en los últimos seis años. Conviene recordarlo, sobre todo a aquellos que ven catástrofes donde no hay más que circunstancias del fútbol, a los que avisan de desastres y pérdidas irreparables de rumbo en cuanto surge algún problema; a los que anuncian el diluvio en cuanto caen cuatro gotas. Cuatro finales en seis temporadas, se dice pronto. Hay que estar allí para perderlas. Ahora mismo hay dieciocho equipos de Primera División que darían una mano y tres dedos de la otra por estar en el sitio que ocupa el Athletic.

Los leones partían en desventaja en Cornellá y ni tan mal, porque después de lo que ocurrió en el partido de San Mamés, podían haber ido a Barcelona de excursión. El Espanyol perdonó en la ida, cuando puso contra las cuerdas a un Athletic confundido. A estas horas los pericos tienen que estar lamentando la ocasión que se les fue, no ayer, sino hace unas semanas. Ellos también tienen una larga historia a sus espaldas y saben que estas cosas pasan.

Partía en desventaja el Athletic, pero Aduriz tardó tan solo doce minutos en igualar el hándicap del gol en campo contrario. No había podido hacer nada el Espanyol hasta entonces, en parte por la ansiedad que provoca el estar tan cerca del objetivo, en parte porque el apoyo del público se convierte a veces en presión insoportable. Pero, sobre todo, porque el Athletic saltó al campo con una hoja de ruta clara y una fe en sus posibilidades que le hacía casi invencible.

La apuesta de Valverde funcionó durante todo el partido. Volvió a situar a Muniain a la espalda de Aduriz y dejó la banda izquierda para Williams y la derecha para Iraola. Más atrás San José y Rico volvieron a formar una pareja demoledora que acabó comiendo la moral al rival a base de cubrir kilómetros de terreno como dos bulldozers que arramplaban con todo lo que se les ponía por delante. Etxeita y Gurpegui vivieron muy cómodos a su sombra y De Marcos y Balenziaga encontraron siempre espacios y para progresar sin rivales a la vista.

El Athletic fue un compendio de las muchas cosas buenas que de una manera deslavazada ha ido haciendo a lo largo de esta irregular temporada. Ocurre que en Cornellá puso todas en práctica al mismo tiempo y se convirtió en un equipo inmenso. Aduriz lideró al grupo, como viene haciéndolo todo el año, pero esta vez todos le siguieron con convicción. La variante de De Marcos en el lateral por detrás de un Iraola más adelantado, que tan bien funcionó en el tramo final del partido de Levante, fue una máquina rodada frente al Espanyol. Muniain disfrutó y nos hizo disfrutar a todos dando su mejor versión, esa que tanto se estaba echando de menos, jugando por dentro. Rico recuperó el nivel con el que asombró el año pasado y San José despejó cualquier duda sobre sus posibilidades en el medio centro.

Al margen de que se las tuvo que ver con un Arbilla que es el prototipo de defensa desagradable y con mal perder, a Williams le vino grande un partido como el de anoche. Por eso cometió algunos errores que tienen más que ver con la inocencia del novato que con la falta de calidad. Pero alternó esos errores con algunas iniciativas atrevidas, de futbolista que está convencido de sus posibilidades y lo intenta con valentía. Los detalles positivos pesaron más que los fallos; los primeros anuncian un delantero más que interesante; es solo cuestión de tiempo que subsane los segundos.

Aduriz equilibró el factor del gol en campo contrario con una gran acción individual: el balón le llegó suelto al borde del área tras tocar en un rival un centro de De Marcos y en el mismo movimiento controló, se perfiló y largó un remate raso y cruzado que empezó a decantar la eliminatoria. El Athletic estaba obligado a marcar y hacerlo en el minuto doce era un revolcón en toda regla al guión previamente establecido.

El Espanyol no se recuperó nunca del mazazo y el Athletic fue creciendo hasta hacerse gigantesco. Solo un error garrafal del excelente Balenziaga de ayer, puso en aprietos a Herrerín cuando estaba a punto de cumplirse la media hora. El portero respondió muy bien al remate a bocajarro de Stuani proporcionando a sus compañeros el oxígeno que por un momento pareció que podían ver cortado en una jugada desgraciada. No hubo más noticias del Espanyol porque hasta el descanso aquello fue un monólogo del Athletic. Cuando Etxeita cabeceó a la red un corner botado por Iraola, las agencias de viaje empezaron a cambiar de planes y las fábricas textiles los tintes con los que confeccionarán banderas y bufandas.

Al Espanyol solo le quedaba la heróica, cuyo intérprete habitual en Cornellá suele ser Caicedo. Salió el poderoso delantero y cobró un remate seco que Herrerín también salvó, esta vez a medias con el palo. El portero cortó de cuajo el oxígeno que hubiera proporcionado a los periquitos el hecho de acortar distancias con más de media hora de partido por delante. Pero Herrerín estuvo a la altura de sus compañeros en las dos ocasiones en las que fue exigido. Lástima de lesión que le sacó del partido en el tramo final.

Ese remate de Caicedo fue el canto del cisne del equipo catalán. Los minutos caían como losas sobre su cada vez más minada moral y el cambio en el paisaje del graderío, repleto y alboratado al principio, como corresponde a las grandes ocasiones, vacío en el tramo final, acrecentaba la sensación de desolación. El Athletic se defendió con comodidad, como lo hiciera hace tres días en Eibar, sin perder ni un ápice de concentración y disputando cada balón y cada choque como si fuera el último, para evitar malos entendidos y para que el Espanyol viera claro que el billete para la final estaba en el bolsillo rojiblanco y que de ahí no iba a salir.

El Athletic está en la final porque soltó un partido soberbio cuando era más preciso hacerlo. A estas alturas, nadie se acuerda del fiasco de Alcoi, del desastroso segundo partido ante el Celta, de los apuros contra el Málaga, ni del catastrófico partido de ida ante el Espanyol. Porque el Athletic, que había llegado hasta aquí de aquella manera, fue a dar el puñetazo encima de la mesa en el momento oportuno. Ahora todos los pensamientos y las ilusiones están puestas en la final, en esa nueva final que disputarán los leones en su torneo de siempre. La temporada no ha acabado porque este equipo vuelve a dar síntomas de que no le da la gana resignarse.

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Un comentario

  1. Felicitaciones,

    Veo buenas posibilidades en esta final.

    ¡Aupa Athletic!