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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un Athletic penoso sufre un siniestro total en el último segundo



Un gol en el último segundo castigó la inoperancia del Athletic

Un gol en el último segundo castigó la inoperancia del Athletic

El Athletic volvió a sufrir uno de esos apagones de proporciones apocalípticas que le convierten en un grupo insustancial. Se puede estar mejor o peor, tener un acertado o desafortunado. Todos los equipos pasan por esos trances porque, al fin y al cabo esto es un juego sujeto a diversas circunstancias de lo más variables. Pero lo que a le suele ocurrir a veces al Athletic pertenece al patrimonio exclusivo de los rojiblancos. Una jugada describe la cosa. Prácticamente en tiempo de descuento, Susaeta se encuentra con un balón cerca de la banda y espacio para pensar  maniobrar. La propia inercia de su carrera le lleva hacia el banderín de corner, donde todo el mundo espera que debe acabar esa acción. ¿Qué pasa por la cabeza de un jugador al que se le supone veteranía y experiencia para que en lugar de optar por lo más lógico, elija centrar sin mirar para que el portero recoja el regalo?. Sólo él lo sabe, pero desde luego no es ni medio normal.

Lo de Susaeta es solo un ejemplo que no hay que tomar como señalamiento de nadie. Todas las mentes rojiblancas discurrieron más o menos igual. Lo que empezó con toda la pinta de ser un paseo, acabó en siniestro total. Por el camino el Athletic perdió primero el balón, luego el fútbol y los papeles; finalmente, se dejó dos puntos que pueden ser decisivos en su carrera hacia Europa.

Llueve sobre mojado. Deportivo, Granada, Eibar y Córdoba ocupan las cuatro últimas posiciones de la tabla. El Athletic ha sumado contra todos ellos dos puntos en San Mamés. Ningún equipo que se tenga por serio se puede permitir semejante estadística.

El Athletic de este año ha dejado de ser el equipo consistente y previsible del año pasado. Ahora el grupo de Valverde es una moneda al aire, que lo mismo cae de cara, como hace siete días en el Manzanares, que muestra la cruz como ayer ante el Depor. Ahora mismo es la única razón a la que se aferra el aficionado para seguir confiando en el equipo. Es tan capaz de ganar los últimos seis puntos que quedan en juego, como de perderlos, así que, de momento, habrá que esperar antes de hacer balance.

La imprevisibilidad del equipo tiene bastante que ver con la búsqueda por parte de Valverde de la piedra filosofal de una alineación equilibrada a partir de una base tan inestable como la del medio punta. El técnico se ha pasado el curso como Diógenes con la lámpara, buscando al hombre bueno que ocupara esa plaza, pero a estas alturas está claro que no lo ha encontrado. A cambio ha descubierto la figura del futbolista errante. Ante el Depor le tocó a Rico hacer de De Marcos. Jugó todo el primer tiempo escorado hacia el lado derecho, como en el Manzanares. Después del descanso, cuando Susaeta sustituyó al intrascendente Viguera, pasó a la media punta. Cuando Unai López sustituyó a Beñat, retrasó su posición a la altura de San José para que el recién incorporado tratara de hacer de enlace. Finalmente, fue sustituido por Iturraspe. Llegó al banquillo sin necesidad de GPS.

El Athletic solo tuvo buena pinta hasta que Aduriz marcó el gol remachando una jugada a balón parado muy reconocible en el repertorio rojiblanco. Es decir, el equipo funcionó tal y como se espera de un aspirante a Europa quince minutos. Los de Valverde se emplearon con energía, velocidad y decisión. Les bastó para poner en evidencia todas las carencias del rival. Cuando marcó Aduriz la cosa empezó a tomar el cariz de un paseo, y  la única duda que flotaba en el ambiente era sobre cuánto tiempo tardaría en caer el segundo gol.

Pero ocurrió todo lo contrario. El Athletic perdió el balón y no volvió a acercarse a la portería rival. El Depor vio que tenía una posibilidad y se fue a por ella con decisión. Empezó entonces el festival de despropósitos. Aduriz, que había empezado mandón distribuyendo balones y haciendo girar todo el juego de ataque sobre su persona, quedó aislado. Williams volvió a dar muestras de que sigue estando muy tierno y Viguera fue un alma en pena hasta que se quedó en la caseta en el descanso. Beñat no daba abasto, porque encontraba poca ayuda en San José y Rico perdía mucho  potencial  pegado a la línea de cal.

Los dos equipos se retiraron al vestuario preguntándose por qué habría anulado el árbitro un gol al Depor, pero mientras que el Athletic regresó al campo sumido en un mar de dudas, el Depor volvió con la determinación de los desesperados. Valverde recurrió a Susaeta para comprobar una vez más que ni está y, a estas alturas, ni se le espera. Minutos después volvió a echar mano de Unai López, un futbolista de una levedad impropia de la categoría. Mientras el Depor metía gente de ataque a la desesperada, el Athletic empeoraba con los cambios y no veía la manera de parar el partido.

El equipo volvió a adolecer de una falta de oficio que raya lo inaudito. Queda reseñada la jugada de Susaeta en el tramo final, pero esa solo fue la penúltima de las entregas inocentes, de los pases errados, de los balones regalados. La contundencia de Laporte bastaba para mantener a raya a casi todos los rivales, pero por fallar, el Athletic falló hasta a la hora de defender los balones parados.

Si sería endeble el rival que así y todo Fabricio, aliado con el larguero, impidó que Aduriz sentenciara; Susaeta disparó desviado en buena posición y Williams se durmió cuando se plantó solo ante el portero. Finalmente llegó la catástrofe. Si el segundo tiempo del Athletic había sido flojo, la imagen que dio en los últimos diez minutos, sin orden ni concierto, sin un solo futbolista con voz de mando, fue, sencillamente, penosa.

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