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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un chispazo en la espesura



Balenziaga se dejó robar la cartera por Oliver en el gol de Villarreal. Foto AC

Balenziaga se dejó robar la cartera por Oliver en el gol de Villarreal. Foto AC

Vayamos a lo pragmático. El punto que sumó el Athletic en Villarreal es de un enorme valor, con efecto multiplicador añadido. El fútbol está rodeado de matemáticos, estadísticos y hasta de metafísicos diletantes, así que no vamos a abundar aquí en la cábala de los puntos multiplicados por las jornadas que restan y sumados a la raíz cuadrada del  divisor de los demás. La cosa se resume de una manera bastante sencilla: antes de los dos viajes consecutivos a orillas del Mediterráneo, el Athletic distanciaba en seis y siete puntos respectivamente al quinto y al sexto clasificado. Ahora, la distancia sigue siendo la misma aunque Real Sociedad y Villarreal han permutado sus posiciones. Quedan dos jornadas menos y todo sigue igual. No news good news, como dicen los angloparlantes, expertos en el arte de las pocas palabras.

Pero es otra cuestión si vamos a entrar en el detalle de cómo se desarrolló el partido del Madrigal. Se esperaba un encuentro complicado por la entidad del rival y por lo mucho que había en juego, y nadie defraudó las expectativas. Fue como el día del Valencia pero con una marcha más. El Villarreal saltó al campo con la motivación de quien está jugando una final, con una intensidad tremenda que, si no llegó a confundir del todo a los rojiblancos, sí que desactivó muchas de sus conexiones. Hay partidos que se suelen ver venir desde que el árbitro lanza la moneda al aire. El de ayer fue uno de esos. Aquella cesión de Laporte que se quedó corta y obligó a Iraizoz a salir del área, fue como un anuncio de lo que estaba por venir. Ocurrió en el primer minuto, y ya dibujó el primer trazo de un Athletic impreciso, espeso, que se pasó los ochenta nueve minutos siguientes tratando de reencontrarse.

No es la primera vez que le ocurre al equipo de Valverde esta temporada. Pero a diferencia de otros cursos, en éste el Athletic funciona como los buenos equipos, esos que ganan cuando juegan bien y no pierden cuando juegan mal. Aquel primer fallo de Laporte fue el preludio de los que vendrían después, como las constantes pérdidas de balón de los centrocampistas y los más graves por su trascendencia en el marcador, como el penalti marrado por Aduriz o el despiste de Balenziaga en la jugada del gol del Villarreal.

El Athletic se perdió en el centro del campo aunque se defendió con orden cuando no tuvo el balón, impidiendo que el Villarreal se acercara demasiado a la portería de Iraizoz. De hecho los del suspicaz Marcelino apenas disfrutaron de una ocasión en un centro de Jokic que el portero rojiblanco repelió con una mano con Giovanni en la boca el gol. Eso  y un tirito blando de Oliver desde el borde el área, fue toda la produccción ofensiva de un Villarreal hipermotivado desde el banquillo.

Tampoco ocurrió apenas nada en el otro lado del campo pero, aun así, fue muchísimo más, valga la paradoja. Un disparo de Herrera desde lejos se envenenó tras tocar en un defensa obligando al portero a desviar con apuros a corner, y del saque de esquina nació el penalti que cometió Gabriel al quitar el balón de la cabeza de Laporte con la mano. Si los matemáticos y los estadísticos tienen tarea para calcular lo que va a suceder en las diez jornadas que restan, los metafísicos, los neurológos y hasta los nigromantes tienen terreno de sobra para seguir estudiando los extraños fenómenos que concurren en los jugadores del Athletic cuando un árbitro señala el punto de los once metros.

Se ponía la noche fea con el fallo de Aduriz, y la tontería de la falta mal sacada en el último minuto no hacía más que abonar la teoría de que los chicos de Valverde no estaban atravesando su momento más lúcido precisamente. El fallo de Balenziaga al regreso del descanso nos llevó directamente al refranero español: quien mal anda mal acaba. Si la noche ya estaba fea, el gol de Pina acabó por sumir en la oscuridad total a un Athletic que había recorrido todo el primer tiempo a tientas entre tinieblas.

Quedaba medio partido pero no se veía la forma de que los rojiblancos encontraran el camino. El paso atrás del Villarreal con el gol a favor, no hizo sino desplazar unos metros el campo minado que hasta entonces habían sido los alrededores del círculo central. Si el partido se había estado disputando en una estrecha franja de treinta metros entre los dos banquillos, ahora las alambradas se retrasaban unos palmos hacia el área de Asenjo, lo que dejaba muchos metros libres para la velocidad de Gio.

Se estaban cumpliendo los malos augurios, pero éste es el año del Athletic. Nadie contaba con Gabriel, el central local, una versión brasileña de Amorebieta, para entendernos, con una tendencia irrefrenable a hacer el avioncito con los brazos abiertos cada vez que disputra un balón de cabeza. Así se ganó la primera tarjeta amarilla en el penalti y así arreó un codazo a Aduriz en el centro del campo para llevarse la segunda amonestación.

La expulsión de Gabriel fue como ese giro inesperado que introduce el guionista de suspense para poner patas arriba el argumento y transformar a la ancianita bondadosa en asesino alevoso. Los de Valverde tenían 25 minutos por delante para jugar en superioridad ante un rival que ya empezaba a acusar el desgaste que sufren al final del partido todos los equipos que se enfrentan a este equipo. El Athletic que iba camino de la derrota, se encontró con la posibilidad cierta de buscar la victoria. Se quedó en el empate porque en medio de la oscuridad solo brotó un chispazo que alumbró un excelente centro de Iturraspe y un cabezazo de Aduriz que le redimió de su error anterior.

El final del partido fue tan penoso como aquellos eternos minutos del encuentro contra el Betis en los que el Athletic no supo sacar todo el partido de su enorme ventaja. No supieron ganar los rojiblancos cuando tuvieron ocasión, aunque en su favor hay que subrayar que aunque tengan una noche atravesada forman un equipo al que cuesta un mundo ganar.

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Un comentario

  1. Coincido bastante en la idea de que no merece la pena enredarse con supuestos múltiples y mejor centrarnos en los nuestro… como también coincido en que el partido tuvo dos caras y si bien merecieron (por intensidad y por aproximaciones) adelantarse en el marcador, al final desperdiciamos una clara ocasión de llevarnos 3 puntos a nada que hubiéramos estado algo lucidos.

    Dicho esto, me gustaría insistir en una apreciación para ver lo que opináis. Para mi poner a Oscar de Marcos de lateral es un lujo que no nos podemos permitir. Me explico: Más allá de que lo haga mejor o peor, y más allá de lo bajo que pueda andar Iraola en estos momentos, con Ibai lesionado, creo que se evidenció (una vez más) que no tenemos ningún relevo ofensivo de garantía para los segundos tiempos.

    Con un jugador más en el campo y el Villareal sacando la bandera blanca, me pareció que TODOS los desmarques eran hacia atrás, y al paso… y me da la sensación de que el mejor jugador que tenemos para romper con velocidad y desmarques hasta la línea de fondo es De Marcos.

    Por otra parte, este no es el primer partido que nos presionan arriba y de manera intensa y ya es hora de que se nos note que tenemos un plan B pensado ante estas situaciones. No soy ningún experto, pero una alternativa puede ser que uno de los interiores busque la espalda del lateral de turno y dé la opción de meter un balón largo a la defensa (en vez de arriesgarnos en triangulaciones sin espacio y con todos los rivales presionándonos al cuello). Diría que Muniain pero sobre todo Susaeta lleva despistado todo el mes (por lo menos) y que se merecen un buen tirón de orejas (o banquillo). Cada vez que Rico, Iturraspe o Herrera tenían un balón no tenían más que alternativas atrás… los dos de banda tarde y mal.