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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un día prodigioso



Ander Herrera marcó por fin y se estuvo más participativo que en ocasiones anteriores .Foto AC

Ander Herrera marcó por fin y se estuvo más participativo que en ocasiones anteriores .Foto AC

Dentro de unos años recordaremos el 11 de enero de 2014 como un día prodigioso, la fecha en la que por las calles de Bilbao desfilaron juntos el nacionalismo y la izquierda abertzale y en la que el Athletic selló su primera goleada en el nuevo San Mamés, marcando incluso un penalti. LLega a producirse una aurora boreal en el cielo de Bilbao y nos hubiera asombrado menos que los fenomenos sobrenaturales que acontecieron ayer en la capital de Bizkaia.

Por lo que al juego se refiere, en San Mamés no ocurrió nada nuevo; la noticia fue que, por fin, los leones tradujeron su fútbol en goles y pudieron disfrutar de acuerdo a los méritos contraidos con el balón. Venía el Almería precedido de cierta fama como visitante, no en vano había ganado en tres de sus últimos viajes, que no está nada mal, y en el bando rojiblanco no se ocultaba una razonable y razonada preocupación por una sequía goleadora que le acababa de costar dos derrotas consecutivas. Después del partido, Valverde se refirió al asunto con cierta dosis de ironía, como acusando de exagerados a los preocupados. El sabe que no han sido solo los dos últimos partidos los que han sembrado las dudas sobre la capacidad goleadora del equipo, sino toda una trayectoria, más allá incluso de la presente temporada. Que Mikel Rico sea a estas alturas el máximo goleador, puede analizarse desde dos puntos de vista: el que defiende que es estupendo que los goles lleguen desde la segunda línea, y el que sostiene que esos goles nunca pueden ser una solución fiable para el problema que plantea una delantera sin pólvora. Cada uno puede elegir la versión que más le guste.

Tiene razón Valverde cuando dice que al margen de los seis goles el fútbol del equipo fue el de siempre. Por eso se celebra más la goleada y se lamenta tanto el desarrollo de otros partidos. El fútbol que está proponiendo el Athletic merece que haya más marcadores como el de ayer y menos angustias como las del día del Rayo, por poner el referente más cercano en San Mamés. El equipo se ha visto condenado a los trabajos de Hércules para sacar adelante partidos que con más puntería, hubiera resuelto con las manos en los bolsillos. Por no hablar del esfuerzo añadido en la Copa, que ese es otro cantar.

La diferencia entre el partido contra el Almería y el resto de los que se han visto en San Mamés hasta la fecha es que ayer en el minuto 10 el rival estaba tirado en la lona con un 2-0 grabado en la frente. El prodigio fue que el Athletic llevó a la red su primer remate a puerta del partido. De hecho, el primer balón que tocó el guardameta almeriense fue el que fue a buscar al interior de su portería. Marcó Rico haciendo suyo un pase atrás de Aduriz al amigo invisible. La defensa del Almería estaba tan descolocada que al centrocampista rojiblanco le dio tiempo a calcular que si se daba prisa podría llegar a aquel balón que rodaba por el área, culminar una carrera de quince metros y fusilar a placer al portero. Empezaba bien la tarde, pero el personal dirigió sus miradas al cielo en busca de alguna señal cuando cinco minutos después Herrera remataba de cerca el segundo gol, el tercero en Liga en su carrera en el Athletic.

El Almería, que había empezado atrevido y pinturero, quitándole el balón al Athletic y tratando de llevar el partido a campo rival, quedó laminado en esos diez primeros minutos. Los goles tempraneros liberaron de presión a los de Valverde. Ya habían conseguido estrenarse en 2014, tenían el partido encarrilado y la vida les sonreía. Herrera se empleaba con ganas y se involucraba en la presión como en sus primeros buenos tiempos de rojiblanco, Rico estaba exultante con su golito, Iturraspe empujaba desde atrás, Iraola y Balenziaga se incorporaban por las bandas como Pedro por su casa… que Susaeta y Muniain estuvieran un tanto espesitos y que Aduriz no acabara de mirar a puerta no importaba demasiado. La suerte del partido estaba escrita y la rubricó Laporte con un cabezazo imperial a la salida de un corner a la media hora. El chaval estaba disfrutando de lo lindo y el gol fue como el lacito que adornaba aquel regalo de partido.

Solo un exceso de confianza de San José que acabó en una falta lateral devolvió al Almería al encuentro. La falta, muy bien ejecutada y mejor rematada por Barbosa, devolvió a la grada la imagen del Almería que se esperaba con cierta preocupación, la del equipo ordenado, bien trabajado en la disciplina táctica y consciente de que el balón parado es un arma fundamental para los conjuntos que no tienen demasiadas posibilidades de dominar el juego o acercarse con frecuencia a las porterías rivales. Pero fue una imagen fugaz, un fotograma que apenas se quedó en la retina de los espectadores.

A la vuelta del vestuario Aduriz remató de cerca y con rabia, llenándose de balón, el cuarto gol, para disipar cualquier duda que pudiera albergar algún cenizo. El Athletic estaba haciendo un trabajo de demolición limpio y profesional y hacía mucho tiempo que el Almería era una ruina. La puntería de los rojiblancos alcanzó tal nivel de excelencia que no permitió una sola parada al portero andaluz: sus seis remates entre los tres palos acabaron en la red.

El fin de fiesta lo puso Ibai Gómez, que había salido por el lesionado Susaeta. El quinto gol fue uno de esos monumentos que suele regalar de vez en cuando a sus incondicionales. El penalti que transformó en los instantes finales fue el último de los prodigios que ocurrieron el 11 de enero de 2014, una fecha que bien merecería aparecer en rojo en los calendarios del futuro.

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Un comentario

  1. Y yo que pensaba que pecaba de optimista cuando puse un 3-1 en una bolilla… Igual tenían que haber guardado algún bacalao para el miércoles 😀