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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un empate penoso



El Athletic acabó pasando apuros en los instantes finales del partido

El Athletic acabó pasando apuros en los instantes finales del partido

Acabar pidiendo la hora contra un rival que lleva un rato largo jugando con nueve y un cojo no está al alcance de cualquier equipo. Hay que ser tan obtuso como este Athletic para conseguirlo y, a día de hoy, habrá pocos equipos tan cegatos en los últimos treinta metros como el grupo que dirige Valverde.

Ninguno de los protagonistas que se dieron cita sobre el césped de Los Cármenes recuerda a Helenio Herrera; como mucho el nombre les sonará a marca de perfume. Así que tampoco cabe achacar al influjo de aquel pionero del marketing desde el banquillo los últimos minutos que jugó el Granada. No, por mucho que lo dijera el gran Helenio Herrera, con diez no se juega mejor que con once, al menos al fútbol.

Al Athletic le da más o menos igual jugar contra diez que contra once; para los rojiblancos es lo mismo ocho que ochenta. En cuanto atisban la cal del área contraria se les nubla la mirada, les tiemblan las canillas y acaban haciendo el canelo; una y otra vez, con una contumacia que raya lo enfermizo. No es casualidad que los rojiblancos solo hayan marcado veinte goles en veintitrés partidos. Muchos parecen, a la vista de espectáculos como el de Granada.

No empezó mal el partido el Athletic. Al contrario, se presentó mandón y se hizo pronto con el control ante un Granada que intentaba jugar con un estilo para el que no le alcanza la calidad de sus jugadores. Pretendían los de Abel salir tocando el balón desde su propio terreno, pero sucumbían como pajaritos en la constantes emboscadas que le planteaba la presión adelantada del Athletic. Con la pelota casi siempre en sus botas, los de Valverde merodearon el área de Oier durante toda la primera parte, pero sin llegar a inquietar demasiado al portero granadino. Había sensación de peligro sí, pero no se veía cómo podía llegar el gol, salvo que ocurriera alguna carambola como la que propició un pseudo remate de Rico al poste en una falta botada por Beñat.

Los dos equipos mostraron pronto sus carencias y sacaron a relucir las razones de su situación en la tabla. El Granada, en pleno plan renove después de pasarse por el mercado de invierno, sigue siendo un equipo muy justito que vive de la velocidad de algunos de sus jugadores; poca cosa si enfrente se encuentran un grupo organizado, como fue el Athletic hasta el tramo final del partido. Los rojiblancos, por su parte, demostraron que forman un equipo más sólido y equilibrado, pero muy lastrado por sus problemas en la creación y en la definición.

Valverde apostó en esta ocasión por Beñat en la media punta con San José y Rico cerrando el triángulo a su espalda. Estuvieron mejor los dos de atrás que el encargado de enlazar con los de delante. Beñat estuvo bastante irregular y, sobre todo, muy impreciso, hasta que fue sustituido sobre la hora de juego, aunque de sus botas partieron los mejores pases de la noche.

A los doce minutos ya había dado uno magnífico en profundidad a Muniain para que éste lo desperdiciara en un mal centro al que nunca podía llegar Aduriz. Un saque de falta de Beñat que tocó Rico se estrelló en el poste. En el tramo final de la primera parte, otra excelente jugada personal del ayer media punta, puso a De Marcos en situación inmejorable al costado del área, pero el lateral culminó la jugada con un envío demasiado desviado para ser considerado remate y demasiado cerrado para interpretarlo como un centro; o sea, que puso el balón en el medio de la nada. Y no fue la última vez que lo hizo.

El Granada solo dio señales de vida a balón parado, única forma que tenía de llegar al área de Iraizoz, quien hizo la parada de la noche para enviar a corner un cabezazo de Babin que se iba a la escuadra.

El Athletic completó un primer tiempo para la esperanza, incluso teniendo en cuenta su divorcio con el gol. Se podía concluir que jugando como lo había hecho hasta el descanso, algo caería en el área del Granada aunque fuera de rebote. El Granada apostó por la velocidad de Córdoba y cambió su forma de atacar. El balón largo sustituyó a sus intentos de elaboración. El cambio tuvo como consecuencia un ahorro estimable de tiempo y esfuerzo, superando por vía aérea la línea de presión de los de Valverde, con la consiguiente acumulación de trabajo para Gurpegi y Laporte, muy cómodos hasta el descanso.

El aficionado veterano evocó el histórico Granada de comienzos de la década de los setenta cuando el árbitro expulsó a Insúa. Ni los míticos Fernández y Aguirre Suárez hubieran mejorado la patada voladora que propinó el argentino a Susaeta. El Granada se quedaba con diez y restaban más de veinte minutos de partido. Pero ni así consiguió el Athletic ni siquiera acercarse a la portería contraria. Un tiro de Muniain que tocó el exterior de la base del palo, fue su único remate en todo el segundo tiempo; corría ya el minuto 83. Fue la acción con más sentido del rojiblanco a lo largo de la segunda parte. Muniain personificó en gran medida las carencias del equipo en la faceta de la creación. Intentó una y otra vez la misma jugada que no le sale en los últimos tres años, esa en la que arrancando desde la banda va trazando una diagonal hacia ninguna parte y que suele acabar con la pérdida de la pelota o con un remate penoso en el mejor de los casos.

Muniain lo intentó a su manera, como Balenziaga y De Marcos probaron suerte a la suya por las bandas, con idéntico resultado: centro al amigo invisible que se perdía por la banda contraria. A este Athletic se le apaga la luz en cuanto se acerca al área contraria y todos sabemos que a oscuras no se ve nada, ni siquiera algo tan grande como una portería de fútbol. Hasta Aduriz pareció contagiarse en algunos pasajes del partido, equivocándose en algunas decisiones, fallando el último pase.

Con todo, lo peor llegó en el tramo final del partido, cuando el guión indicaba que tenía que ser el Granada el que acabaría pidiendo la hora, ocurrió exactamente lo contrario. De pronto, en el minuto 80 todo el Athletic se puso en modo empanada. Los defensas se contagiaron de los delanteros y en apenas diez minutos dieron al rival todas las facilidades que no habían concedido hasta entonces.

Fue puro fútbol vintage cuando Piti estuvo a punto de marcar el gol del cojo. Su remate, a placer, desmarcado en el área pequeña, se estrelló en el poste. Todavía tuvo tiempo de repetir suerte en el tiempo añadido, pero su remate, casi desde el mismo sitio, salió desviado. Entre una y otra acción, Fran Rico y Foulquier también remataron arriba desde posiciones cómodas dentro del área.

Fue un despropósito que amargó más aún si cabe el penoso empate que acabó arrancando el Athletic en el campo del colista; fue el retrato de un equipo impotente y asustado, al que no le vale apelar al cansancio acumulado por el esfuerzo entre semana, que influyó sin duda, pero cuyas consecuencias hubiera tenido que remediar mucho antes.

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