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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un equipo deshuesado



Yuri Berchiche celebró por todo lo alto su estreno goleador. Foto AC

Este Athletic de Berizzo es un equipo deshuesado; se le adivina carne a la que hincar el diente y extraer sustancia, pero, de momento, se parece más a una albóndiga informe que a una chuleta de esas de competición que parece que te dicen cómeme. Decir que estamos ante un equipo en construcción es lo propio en estas fechas, cuando todavía no ha acabado agosto. Más si se tiene en cuenta que el entrenador es nuevo y que nuevos son bastantes jugadores. Tiempo al tiempo, aunque partidos como el del Huesca deben servir obligatoriamente para acortar los plazos.

Con la suspensión del partido contra el Rayo, Berizzo y sus chicos tendrán diecinueve días por delante para corregir los múltiples problemas que volvió a evidenciar el Athletic ante otro rival de los que se supone que estarán en la parte baja de la tabla cuando llegue la primavera. Claro que como todavía estamos en verano queda mucho para sacar conclusiones. Digamos que, de momento, estamos ante una incógnita.

Los veinte últimos minutos que perpetró el Athletic anoche no son de recibo ni en pretemporada. Los desajustes, el caos general y la desorientación de unos y otros, tanto de los del banquillo como de los que estaban en el césped, fueron la demostración de que, efectivamente a este grupo le falta muchísimo para empezar a parecerse a un equipo de fútbol.

Está claro que Berizzo está todavía en periodo de pruebas. Ayer dejó en el banquillo a Unai López, uno de los cerebros del primer partido, para dar entrada a Raúl García. Un cambio significativo de que las cosas no están claras todavía.  La ausencia obligada de Aduriz se cubrió con Williams en el eje del ataque, negado en el primer tiempo y algo mejor en la continuación,  y Córdoba en el extremo, donde sin desborde, su principal virtud, aportó muy poquito. Susaeta jugó en la otra banda, como en el partido inaugural.

En el eje de la defensa repitieron Nolaskoain y Yeray, una broma que, afortunadamente, tiene los días contados. Se supone que el inminente regreso de Iñigo Martínez servirá para dar un salto cualitativo y para que el Athletic tenga atrás la mínima solidez que se espera de un equipo de este nivel. Entre el Leganés y el Huesca apenas han exigido un total de media hora al sistema defensivo rojiblanco; treinta minutos que han bastado para encajar tres goles y obligar a dos buenas paradas al portero. No hace falta decir mucho más aunque Berizzo explicó en la sala de prensa algo así como que el Athletic tiene que atacar constantemente porque cuando se dedica a defender le meten goles. Dicho así suena preocupante como poco.

Como hace siete días, el Athletic vivió sujetado por Dani García, un medio centro de esos que equilibran por sí solos a todo el equipo. Eficaz en el corte y seguro en la distribución, el jugador volvió a ser la referencia para todos sus compañeros. El problema es que García no luce demasiado en la creación. Ayuda a los defensas, recupera y distribuye con criterio para iniciar el juego, pero tampoco se le puede exigir que además, haga una conducción de treinta metros y de un pase de gol. Bastante hace con tapar agujeros y ser el guardaespaldas más eficaz de todos sus compañeros.

Decíamos que al Athletic se le aprecia carne, promesa de juego alegre y fluido, sobre todo por las bandas, pero primero tendrá que hacer el hueso suficiente para formar un esqueleto sólido que sustente al equipo. Las correrías de Yuri y De Marcos por las bandas están muy bien si acaban en algo positivo, pero correr para no llegar casi nunca o para centrar a la fila quince solo sirve para desesperar a delanteros y aficionados.

Todo el primer tiempo fue un duelo de igual a igual entre dos equipos con más voluntad que acierto. El Athletic llevó la iniciativa, sí, pero salvo una media vuelta de Williams a la base del poste, el portero del Huesca vivió una tarde plácida. La misma que Unai Simón, aunque éste se llevara un buen susto casi nada más empezar con un gol que no subió al marcador porque el auxiliar señaló el fuera de juego del rematador.

El arranque del segundo tiempo fue otra cosa. A los dos minutos Susaeta remató a la red prácticamente la primera jugada de ataque medio hilada por el Athletic. Cuando en el minuto 63 Berchiche remató de aquella manera un centro horrible de Williams, todo el mundo dio por finiquitado el partido. Que el Athletic cobrara dos goles con tan poca cosa daba la medida del rival. El Huesca, que hasta entonces había plantado cara como un grupo aguerrido y bien organizado, empezó a tomar toda la pinta de equipo recién ascendido que nada para ahogarse en la orilla; vamos, lo que los periodistas antiguos definían como un simpático equipo.

También Berizzo debió pensar en finiquitar el partido de la manera más tranquila posible. Y para ello retiró a Córdoba para dar entrada a Iturraspe. Maniobra de manual ésta de reforzar el centro del campo a favor de marcador para dejar correr los minutos. En mala hora. En contra de todos los cánones establecidos, el cambio se realizó cuando el Huesca se disponía a botar un saque de esquina. Iturraspe se incorporó justo a tiempo para ver desde primera fila el primer gol del Huesca, un remate lejano con los dos equipos metidos en el área del Athletic. Simón, tapado por el gentío, respondió con otro clásico: haciendo la estatua, aunque no mucho más que todos sus compañeros, que defendieron horrorosamente la jugada.

Y a partir de ahí llegó el caos. Sería injusto culpar solo a Iturraspe del desastre, pero si el papel que le había asignado el técnico era el de refuerzo en el centro del campo, su interpretación fue exactamente en dirección contraria. El Athletic regresó a lo más oscuro de la tenebrosa pasada temporada. Perdió el sitio, el balón y los papeles y aunque Williams todavía estrelló otro remate en el poste que hubiera supuesto el tercer gol, la verdad es que el lance solo fue una anécdota en medio del desastre. En cuanto Dani García perdió pie y Muniain aire, todo el invento se vino abajo con estrépito. El partido se convirtió en un correcalles,  justo lo contrario que le convenía al Athletic, sin que nadie, ni desde el banquillo ni desde el césped, acertara a poner orden.

Como era de esperar en semejantes circunstancias, llegó el segundo gol del Huesca, que fue un golazo sí, pero que hay que ver cómo llegó y San Mamés se quedó con la cara que se te queda cuando has sido víctima de una broma pesada.

 

 

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