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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un poco de sentido común



San José y Beñat brillaron en el primer partido. Foto AC

San José y Beñat brillaron en el primer partido. Foto AC

¿Qué tal si hablamos más del partido y menos de la gabarra?. En Barcelona llevan hablando del partido de vuelta de la Supercopa desde la noche del viernes. En la sala de prensa de San Mamés Luis Enrique y Mascherano no tardaron ni un minuto en prometer un partido épico a sus aficionados. Quieren que las gradas del Camp Nou estén llenas de fervorosos culés y no de turistas japoneses haciéndose fotos. Es normal que tengan esa actitud y empiecen a jugar el segundo partido un minuto después de que haya acabado el primero. Los del Atlético de Madrid también se pasaron la semana previa a aquella final de la Europa League hablando del partido, mientras aquí el problema era organizar lo de la gabarra.

Aquí, un minuto después de que acabara la gran noche de San Mamés, las versiones digitales de los medios ya estaban con la encuestita. ¿Crées que si se gana la Supercopa hay que sacar la gabarra?. El viejo truco de la encuestita que genera un falso debate que alimenta otra encuestita y así sucesivamente; todo sea por el tráfico y los cliks, que hay que vender publicidad.

Pues mire usted, no; no hay que sacar la gabarra por ganar la Supercopa. De hecho, el Athletic ya tiene una Supercopa en sus vitrinas; para ser más precisos estuvo durante muchos años adornando el despacho del presidente en Ibaigane, justo al lado de la bandera oficial. El club recogió aquel trofeo en los prolegómenos de un partido en  San Mamés. Vino el presidente de la Federación, se lo entregó al capitán, se enseño la copa al público desde el césped, se aplaudió y ya está, sin más alharacas. Aquella Supercopa se la llevó el Athletic sin jugarla, porque había ganado la Liga y la Copa y no tenía rival. Ahora la puede ganar sin haber sido campeón de nada, pero así está el Reglamento, más pendiente de los ingresos de televisión y de taquilla que de la gloria deportiva.

No se trata de ponernos trascendentes ni estupendos, ni hacer un mito de la gabarra, pero tampoco de mistificarla. Servidor tiene un método casero para resolver las dudas que le plantean algunas cosas del Athletic. No es un método científico ni tiene el aval de la universidad de Michigan, que es esa donde hacen esos  estudios tan raros que también suelen salir en las portadas de los digitales, justo al lado de las encuestitas, las listas de tonterías y la foto de la chica de escote generoso. Ya digo que no es ciencia pero a mí me funciona. Es un método que aplico siempre cuando se habla de fichajes. Cuando se tiene la necesidad de preguntar si fulanito es o no es fichable por la cosa de la ‘filosofía’, la respuesta siempre es negativa. Si tienes que preguntar si un futbolista puede venir o no, es que no. Que luego se maquillen biografías, se mire para otro o se planten centros de tecnificación en Navarra a medio metro de la frontera con Zaragoza, es otra historia y, por cierto, materia de debate más consistente que lo de la gabarra.

Aplíquese el método a la pregunta que parece que reconcome estos días a la afición rojiblanca. ¿Alguien preguntó si había que sacar la gabarra en caso de ganar la final de la Europa League?. No señor. ¿Alguien tuvo alguna remota duda sobre si habría que sacar la gabarra si se hubiera ganado alguna de las finales de Copa perdidas?. Tampoco. Y siendo esto así, ¿por qué ahora es necesario plantear la pregunta?.

Se mire como se mire, la Supercopa es un torneo menor; oficial, pero menor, por mucho que sea el primero que puede conseguir el Athletic después de 31 años de sequía. La Supercopa no se hace más importante porque la pueda ganar el Athletic o porque el Barcelona la cuente como una muesca de su famoso ‘sextete’, que hay que joderse con la palabrita, por cierto. El valor de la Supercopa no aumenta porque la podamos ganar nosotros, aunque tampoco sea el torneo de verano que quieren pintar los dieciocho equipos que no la están disputando y que darían un brazo por estar ahí.

No nos hagamos trampas al solitario y desatemos ahora una euforia artificial que tiene más de postureo que de emoción sincera. ¿Alguien ha vivido los días previos con la ilusión de las vísperas de las finales?. ¿Cuántos balcones lucen ahora una bandera del Athletic y cuántos entonces?. ¿Ha habido problemas de entradas? Y no se argumente que teniendo al Barcelona enfrente estamos ante una misión imposible que enfría los ánimos. Es el mismo rival.

El Athletic bajó la sima más profunda del ridículo con aquel pseudo recibimiento que le organizaron después de perder la final de Valencia. Nunca en sus más cien años de historia el Athletic había celebrado la derrota en una final. Basta con provocar una vez tanta vergüenza ajena. No repitamos, por favor. Este ha sido siempre un club serio que ha sabido medir y distinguir lo importante de lo accesorio, y ésta ha sido siempre una afición modélica, tan orgullosa y fiel en la derrota como exultante y festiva en la victoria, pero sabiendo siempre valorar las cosas en su justa medida: los triunfos y los fracasos.

No es cuestión de dar lecciones a nadie, de explicar cómo se debe comportar cada uno, ni de establecer un canon sobre cómo hay que sentir al Athletic. Cada uno lo hace como quiere, como le sale del alma, o del bolsillo. Pero es importante no perder la perspectiva. Las cosas verdaderamente importantes, las que tocan la fibra, salen y se organizan sin necesidad de hacer preguntas. Y éste no es el caso.

La cultura del quiero esto y lo quiero ya, no va con el Athletic ni con su afición.

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Un comentario

  1. Como siempre, acertado. Y bien argumentado, que no siempre precede a lo anterior. Bien, Juan Carlos.