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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un punto en el bolsillo y una maleta llena de preocupación



Herrerín fue el mejor del equipo en su regreso a la titularidad. Foto AC

Cuando ves partidos como el que el Athletic ha perpetrado en Ipurua llegas a sospechar que alguien les ha puesto algo en el Colacao a estos chicos. Valium, por ejemplo. No se entiende de otra forma que un grupo de profesionales se desenvuelva con tanta indolencia durante noventa minutos, que ninguno llegue a un balón, que pierdan todas las disputas, que rocen el ridículo prácticamente en cada acción, que futbolistas que están ante la oportunidad de reivindicar un sitio en el equipo titular presenten su renuncia sellada y por triplicado.

El Athletic sumó un punto en su peor partido de la temporada. Triste consuelo que no evita el incremento en el grado de preocupación del personal ante el porvenir de este equipo. Hasta Ipurua, la afición rojiblanca asumía derrotas y empates en casa aferrándose a los ratitos en los que el Athletic les mostró algo. Se ha perdido pero se ve que el equipo tiene un plan, se decía. El problema está en San Mamés porque los rivales se cierran; fuera es otra cosa, recordaban los más animosos mientras acudían como un mantra a los partidos ante el Betis y el Barcelona.

El partido de Eibar empezó con la noticia de la presencia de Herrerín en la portería en detrimento de Unai Simón. Decisión polémica que Berizzo explicó después del partido apelando a la jerarquía original de los guardametas. Pero otra decisión del técnico fue, probablemente, mucho más determinante en el desarrollo del partido: Susaeta se quedó fuera de la alineación, entró Unai López para ocupar el  puesto de Beñat, y el regreso de Aduriz devolvió a Williams a la banda. Esto en cuanto nombres; en lo táctico, la idea fue que Muniain se situara a la  espalda de Aduriz lo que conllevaba la caída de Raúl García a una banda, o sea, el eterno dilema.

Por ahí llegaron los problemas para el Athletic. Mientras Raúl García permanecía demasiado tiempo condenado a una especie de servicios mínimos pegado a la cal, Muniain y Unai López eran dos figuras decorativas en el centro del campo, sin ninguna capacidad de respuesta física ante el vigor de los centrocampistas armeros y absolutamente obnubilados para retener el balón cuando lo tuvieron. Si a esto le sumamos que Dani García pareció ser víctima de un ataque de melancolía en su regreso a Ipurua, nos encontramos con el desolador panorama de un Athletic inerte.

Mendilibar no es de los entrenadores que sorprenden con decisiones técnicas enrevesadas. Lo suyo es la sencillez y la línea recta como camino más corto. Balón a la banda y centro; presión para hacerse con segundas jugadas y rechaces al borde del área y finalización a toda costa. En ese planteamiento Orellana es el jugador decisivo para dinamitar defensas rivales desde la banda. A Berchiche le habría ido mucho mejor si hubiera jugado con sotana.

Y luego está lo del VAR, una broma que ya le ha costado dos penaltis en contra al Athletic. A lo mejor antes de enumerar las situaciones en las que se aplica el VAR, los árbitros deberían definir qué entienden ellos por error manifiesto o jugada evidente. En San Mamés contra la Real transcurrieron prácticamente cuatro minutos entre la acción del penalti y su señalización, así que la cosa no sería tan manifiesta ni evidente. En Ipurua los del VAR también se tomaron su tiempo para avisar al árbitro y éste también se pasó un buen rato ante la pantalla antes de rectificarse a sí mismo. Lo mejor es que después de tantas repeticiones nadie en su sano juicio pondría la mano en el fuego para sostener que la disputa entre Iñigo Martínez y Enrich es un penalti tan evidente que reclame la intervención del VAR. Claro que si te repiten veinte veces una secuencia de cinco segundos de Ginger Rogers y Fred Astaire, probablemente también acabarás dictaminando que es penalti.

Pero tampoco nos despistemos con el VAR. A fin de cuentas el Athletic tardó seis minutos en revertir la situación en el marcador. Fue su única jugada de todo el partido si por jugada se entiende un saque largo de Herrerín prolongado de cabeza por Aduriz para que Raúl García, también de cabeza, pusiera el balón a los pies de un Williams despierto y por fin certero en el remate por bajo. Fue la única buena noticia de la tarde.

El Athletic revertió pronto la situación en el marcador, pero en el campo la cosa siguió igual o peor.  La segunda parte al completo fue un monólogo de un Eibar que tampoco supo aprovechar todas las ventajas que le regaló el equipo de Berizzo. Los de Mendilibar jugaron a placer porque no les hizo falta ni disputar el balón, se lo devolvían sumisamente los rojiblancos cada vez que lo perdían. Afortunadamente para el Athletic el Eibar no parece estar para tirar cohetes. Será complicado que los armeros tengan otro partido en el que dominen tanto y con tanta facilidad y rematen tan poco. Es verdad que la sensación de peligro siempre estuvo latente, porque el balón no salió del terreno del Athletic, pero fue más el ruido que las nueces. Nueces, lo que se dice nueces, fueron dos paradas consecutivas de Herrerín, la primera muy buena, a remates de Orellana y Jordán tras una pérdida impropia  de Raúl García en el centro del campo, y una buena mano del guardameta en el larguero a cabezazo de Ramis en el saque de una falta.

El Athletic regresó de Eibar con un punto en el bolsillo y una maleta llena de preocupaciones y dudas. El eterno dilema de la posición óptima de Muniain sigue sin tener respuesta y si Raúl García entra en la ecuación la cosa se complica más. Ya sabíamos que Beñat, ausente ayer, no es el Capitán Trueno en las disputas y en el juego físico, pero es que su sustituto, Unai López, es Bambi. Y no se trata de reivindicar gladiadores ni picapedreros en el equipo. A lo largo de la historia ha habido cientos de futbolistas livianos y de poca presencia física, capaces de liderar a sus equipos y volver locos a rivales con mucho más músculo y centímetros. No se trata de renunciar a la apuesta por los bajitos y jugones; se trata de pedirles que jueguen, algo que ni Muniain ni Unai hicieron en Ipurua. Ni ellos, ni ninguno de los que vistieron de rojo y blanco y llegados a estas alturas eso empieza a ser muy preocupante.

 

 

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