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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un punto que suma mucho



Aduriz mantuvo una pelea tremenda con Senderos y volvió a acertar desde los once metros. Foto AC

Aduriz mantuvo una pelea tremenda con Senderos y volvió a acertar desde los once metros. Foto AC

El empate de Valencia significa para el Athletic algo más que añadir un punto más a su ya abultada cuenta. Supone la confirmación de que el equipo es el candidato más firme a la cuarta plaza de Champions cuando faltan once jornadas para el final. Los de Valverde salen muy reforzados de Mestalla; por la imagen que ofrecieron, por la solidez que demostraron y porque, y esto es lo más importante, volvieron a evidenciar que forman un grupo muy competitivo, capaz de gestionar con solvencia todas las situaciones que se producen a lo largo de noventa minutos en un terreno de juego.

La doble cita que esperaba al Athletic ha comenzado bien. Podía haber empezado incluso mejor, porque durante algunas fases del partido, los rojiblancos estuvieron más cerca de la victoria de su rival, pero tampoco hay que olvidar que este Valencia de Pizzi vuelve a ser un rival muy duro de pelar, sólido y reconocible en sus virtudes tradicionales.

El de Mestalla fue un partido de pantalón largo, peleado metro a metro por dos equipos que desarrollaron un amplio despliegue táctico, tratando de hacer valer cada uno sus mejores armas inutilizando las del rival. A lo mejor el espectador neutral pudo tener la sensación de que asistió a un toma y daca entre dos equipos que se anulaban mutuamente, pero los amantes del fútbol pudieron apreciar la complejidad de un juego que va mucho más allá de la reiteración de pases cortos y los taconcitos.

Durante todo el primer tiempo fueron los rojiblancos los que se impusieron en el campo aunque no en el marcador. Fueron los minutos en los que Herrera fluyó con naturalidad entre las líneas valencianistas, Rico dominó el perímetro del círculo central e Iturraspe distribuyó con precisión y criterio. Sobre una base tan sólida, Muniain se pudo proyectar con frecuencia en el costado izquierdo, aunque no acertara casi nunca a culminar lo mucho que empezó. Balenziaga colaboraba con mucha eficacia en el dominio de esa banda izquierda. No sucedió lo mismo en el otro lado, donde Susaeta estuvo más apagado y De Marcos, novedad en el lateral, salió con la bota de madera a la hora de centrar. Lástima.

En cualquier caso al Athletic le alcanzaba para llegar con frecuencia al área de Alves. No se habia cumplido el primer minuto cuando Aduriz remató mal a bocajarro un gran centro de Herrera. Luego fue Muniain quien sirvió al ariete un magnífico pase en profundidad que acabó en corner y minutos más tarde Herrera disparaba al poste después de un gran movimiento en la media luna. El Athletic buscaba la victoria con hechos, pero fue el Valencia el que se adelantó en su primer remate a puerta precedido de un centro de Feghouli en fuera de juego que el linier no vio. Apenas se habían asomado hasta entonces los hombres de Pizzi al área de Iraizoz. Lo tuvieron que intentar intentaron siempre en la suerte del contragolpe. En uno de ellos llegó Alcacer al área pero Balenziaga le frenó con un astuto agarrón. Fue  todo el peligro generado por los locales. El Valencia entonces bastante tenía con correr detrás de un balón que el Athletic movía con criterio, pero se fue al descanso con una ventaja a la que no se había hecho acreedor. Cosas del fútbol.

Tuvo suerte el Athletic en la continuación porque a los cinco minutos se encontró con un penalti de esos que no es muy frecuente que te piten fuera de casa. Ni en casa probablemente. A lo mejor Fernández Borbalán regresó al campo con la mala conciencia de su error en el primer tiempo y esto tuvo su influencia. A lo mejor la fama de buen chico que acompaña a Herrera tuvo también algo que ver. Lo cierto es que el centrocampista cayó disputando con Feghouli un balón que se perdía por la línea de fondo y el colegiado señaló los once metros. Aduriz volvió a acertar y lo de esta vez tuvo mucho más mérito que lo del día del Granada: entonces se trataba de adornar el marcador apuntándose un hat trick; ahora habia puntos en juego y enfrente estaba un portero como Alves, uno de esos raros porteros parapenaltis, excompañero además de Aduriz. No falló el delantero y su gol acabó valiendo un empate más que meritorio.

Porque el Valencia vivió sus únicos minutos de superioridad en todo el partido tras recibir el gol. Los de Pizzi se fueron arriba con decisión, su centro del campo, apoyado desde atrás por las incorporaciones constantes de Joao Pereira, acabó imponiéndose a una línea en la que Herrera vio mucho menos el balón y Muniain y Susaeta quedaron más aislados. El Athletic se tuvo que escudar entonces en su solvencia defensiva para conducir el partido hacia su tramo final. Iraola ocupó el sitio de un De Marcos que cargaba con una tarjeta amarilla y la mala idea de todos los valencianistas, que sabían que después de un penalti como el que habían sufrido cualquier tipo de presión sobre el árbitro podía tener resultados estupendos para sus intereses. No hubo tal porque Fernández Borbalán no cometió más errores hasta el final y porque la zaga rojiblanca respondió siempre con solvencia. Un remate demasiado cruzado de Keita fue, en realidad, la única gran ocasión de la que dispuso el Valencia. En el otro lado Herrera protagonizó una gran jugada personal que Muniain desperdició con un remate penoso a las manos de Alves. Después, el propio Muniain no sabría acabar como se merecia un gran robo de balón.

Pero ocasiones al margen el fútbol del Valencia se impuso al del Athletic durante prácticamente toda la segunda parte. Solo en el tramo final, cuando el esfuerzo empezó a pasar factura, los rojiblancos recuperaron el juego y la pelota y hasta llegaron a amagar con un arreón postrero que finalmente no cuajó.

El empate fue un resultado justo para lo visto en el campo, pero fue más agradecido para el Athletic, que salió reforzado, que para un Valencia para el que la victoria significaba su última oportunidad de amenazar a un rival que ahora le sigue sacando quince puntos. Mestalla no es un campo fácil para nadie y menos para un Athletic que ha sufrido un amplio catálogo de desgracias en ese escenario. El partido era todo un examen que Valverde y los suyos solventaron con un aprobado muy alto. El Athletic sumó un solo punto de los tres en juego pero hoy está bastante más cerca del objetivo que antes del partido.

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