Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un punto sonrojante



Balenziaga jugó lesionado hasta el descanso. Foto AC

Balenziaga jugó lesionado hasta el descanso. Foto AC

El Athletic fue como un mueble de Ikea. Una pata que no ajusta, un tablero que no sabes dónde va, tres tornillos que parece que sobran… y Ziganda con la llave allen en la mano y sujetando el plano con la boca sin acertar a ver cómo demonios se montaba el maldito armario.

Los rojiblancos fueron hasta Suecia a perpetrar uno de los partidos más bochornosos de los últimos tiempos. Ante lo inexplicable del espectáculo que dio el Athletic, a uno se le vienen a la cabeza algunas preguntas para el entrenador y los jugadores. Al entrenador: ¿No habían visto videos del rival? ¿No sabían cómo juega? ¿Cómo es posible hacer semejante planteamiento y no cambiarlo sobre la marcha, a pesar de que estaba claro que no funcionaba? A los jugadores: ¿Tienen prohibido tener iniciativa propia en el campo? ¿No son capaces de detectar por dónde les vienen los problemas desde el minuto uno al noventa? ¿Cómo es posible perder todos los duelos individuales?

Son preguntas que no obtendrán respuesta porque los profesionales del fútbol rara vez las dan y menos cuando a última hora han conseguido maquillar el marcador. Se engañan si se aferran al resultado final, pero el fútbol funciona así; al final manda el resultado y si por una de esas casualidades de la vida ese punto acaba sirviendo para superar la fase de grupos, no faltará quien incluso sacará pecho.

Estaba claro que algo tenía el Ostersunds cuando este equipo se ha llevado por delante en las previas al PAOK griego y al Galatasaray turco y había ganado al Zorya y al Herta. Y algo tiene este equipo: una idea muy clara de juego, por ejemplo, y una determinación digna de encomio para plasmar esa idea en el campo. También sus jugadores tienen entusiasmo de sobra y fe en lo que hacen. Todo lo contrario de lo que tiene ahora mismo el Athletic, que tiene poco o nada, según hemos visto en más de un partido. La idea de juego sigue siendo un enigma y ya vamos camino de noviembre; que los jugadores sepan lo que tienen que hacer tampoco está muy claro. Nada hay que reprocharles en cuanto a entrega en el campo, pero la entrega sola no suele ser suficiente si te falta todo lo demás o si, como en Suecia, el rival también te gana en esa faceta.

Se vio muy pronto que la tarde iba a ser complicada para el Athletic. No se habían cumplido diez minutos y Herrerín había tenido que hacer tres paradas a remates prácticamente a bocajarro. Los suecos llegaban hasta al área en oleadas, jugando a un toque y con desmarques vertiginosos, facilitados por la lentitud y el despiste de todos los rojiblancos. Con los laterales desbordados una y otra vez, los centrales no supieron nunca si ir o venir. Para colmo Balenziaga quedó muy pronto mermado por un pisotón en el tobillo que le obligó a quedarse en la caseta en el descanso. Tampoco es excusa. En el otro lado Lekue estaba sano como un pimpollo y le ganaron la espalda en todos los balones cruzados.

Iturraspe y Vesga compusieron otra vez el cuadro del caballero de la triste figura. Llegaron tarde a todas partes y no acertaron ni a estorbar las maniobras de los rivales. Coge un intermediario avispado el video del partido y vende a todo el Ostesunds, masajista incluido, a la Premier League. En Suecia no recordaban un despliegue semejante de combinaciones al primer toque, desmarques y remates, desde que Pelé se consagró allí en el Mundial de 1958. Por un momento, los suecos de más edad volvieron a ver en acción a Pelé, a Vavá, a Didí, a Zagalo, al gran Garrincha… En realidad los que estaban dándose un homenaje eran Gero, Edwards, Bachirou, Ghoddos, Mukiibi y así, famosos futbolistas en sus casas, a los que su club obliga a ensayar todo el año un ballet o una obra de teatro para interpretarla a fin de curso. Igual invitan a sus colegas del Athletic a la función de este año.

Gracias a que Iñigo Córdoba volvió a demostrar sus cualidades para el robo del balón, y al tremendo fallo del portero sueco, el Athletic se adelantó en el marcador en su único remate a puerta de toda la primera parte. Minutos después Aduriz tuvo la ocasión de ampliar la ventaja pero su churro de cabezazo, completamente solo en el área pequeña, no hizo honor al centro templado que había enviado Susaeta. Pero si el 0-1 ya era un escándalo a la vista de lo que estaba pasando, como para pensar en un 0-2.

El Athletic alcanzó el descanso con su portería a cero como un náufrago llega a la playa. Pero el milagro no tuvo continuidad en el segundo tiempo. Si los problemas habían sido enormes en la primera parte, tras el descanso Lekue tuvo que ocupar la banda izquierda que dejó vacante el lesionado Balenziaga, para que Bóveda se hiciera cargo de la derecha. Allí, en la banda izquierda comenzó la jugada del primer gol del Ostersunds. Un despeje de cabeza del lateral, que más que un despeje fue un quitarse el balón de encima, y no es la primera vez, dejó una pelota franca a los pies de un rival prácticamente en el pico del área para jugarla a placer. El remate lejano de un compañero pareció pan comido para Herrerín, pero el portero no acertó a sujetar, Laporte no acertó a despejar y Gero acertó a empujar el balón a la red a un metro de la raya. La jugada fue un resumen del partido. Una sucesión de fallos por un lado y una exhibición de voluntad, ganas, fe y acierto por el otro.

Cuando Edwards hizo el segundo adornándose en el disparo porque, al borde el área como estaba, no había un solo defensor a la vista, el partido pareció encaminarse a un marcador que reflejara con fidelidad lo que estaba sucediendo, o sea, una goleada de las de época. Herrerín tuvo que seguir trabajando a fondo mientras miraba a sus compañeros suplicando un atisbo de solidaridad. Ziganda retiró a Córdoba que era el único que parecía saber más o menos lo que hacía, para dar entrada a Williams y el suplente lo agradeció marcando el gol del empate en el suspiro final, un gol que volvió a confirmar la sentencia de Boskov: fútbol es fútbol, o ya puestos en filosofía cañí, hasta el rabo todo es toro. Hasta el disparo de Williams el Athletic había rematado dos veces entre los tres palos: en el gol de Aduriz y en una gran jugada de Susaeta. El Ostersunds había disparado entre palos once veces; no se cuentan las ocasiones en las que a los suecos se les escaparon remates francos. Al final la cosa acabó en empate y el Athletic sumó un punto sonrojante que sirve de poco en la clasificación y no alivia el bochorno que hizo pasar a sus seguidores.

Share This: