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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un punto trabajado



Laporte se mostró muy sólido durante todo el partido. Foto AC

El Athletic lleva veinte años sin ganarle al Espanyol un partido de Liga en su campo, así que el empate cosechado por los de Ziganda tampoco debe sorprender a nadie; como tampoco nadie le hará ascos a un punto sumado a base de trabajo y esfuerzo frente a un rival que tampoco le volvió la cara a la pelea. El de Cornellá fue uno de esos partidos que transcurren en el alambre a lo largo de sus noventa minutos, un choque de los que ponen a prueba la confianza que un equipo tiene en su plan.

Hace apenas mes y medio el Athletic hubiera perdido este partido, máxime después de verse por detrás en el marcador sin merecerlo por culpa de un fallo propio. Hace apenas mes y medio, este equipo iba dando tumbos desconfiando de su propia sombra y con una tendencia a la autodestrucción ciertamente preocupante.

Ahora es otra cosa. El equipo ha ido creciendo a base de sumar puntos y ahora mismo los rojiblancos conforman un grupo reconocible que ha recuperado la autoestima y con una capacidad para competir que no tenía en el primer tramo de la competición. Ocho partidos sin perder ya no pueden ser casualidad. Es verdad que en este tramo solo se contabilizan tres victorias, pero los números empiezan a estar acompañados por las sensaciones y éstas son cada vez más positivas.

Ziganda ha dado por fin con una alineación que funciona, con altibajos si se quiere, razonablemente bien en líneas generales. La pareja Iturraspe-Rico ha dado estabilidad al equipo y ha facilitado una mejoría general en todas las líneas.

En Cornellá el Athletic entró muy bien al partido, controlando los tiempos y los espacios, disfrutando de la pelota y manteniendo al rival siempre muy lejos de la portería de Herrerín. Le faltó profundidad y volvieron a repetirse los habituales errores en los metros finales, pero el equipo estaba dando motivos para la esperanza.

Ocurrió que los errores en el área contraria tuvieron, en esta ocasión, una réplica en la propia. No es ningún secreto que Mikel Rico suele perder algunos de los muchísimos balones que recupera. Si se los quedara todos, no habría cláusula que lo sujetara porque sería el centrocampista total. Lo malo fue que perdió un balón en la frontal del área cuando todo el mundo, excepto Gerard Moreno, había descontado que Rico saldría sin problemas con el cuero controlado. No fue así, el españolista le robó la cartera y fusiló a un Herrerín vendido.

Corría la media hora del partido. Hasta entonces el Espanyol ni se había asomado al área del Athletic, así que el gol fue un mazazo que en otras circunstancias hubiera tenido un efecto letal para los rojiblancos. De hecho los instantes inmediatamente posteriores al gol fueron los más peligrosos de la tarde para los de Ziganda, que a punto estuvieron de encajar el segundo en un corner defendido de aquella manera.

Pero ya está dicho que este Athletic empieza a ser otro y siete minutos después de la desgraciada jugada de Rico, llegó el centro de Saborit y el magnífico cabezazo de Williams a la escuadra de Pau López. Error por error, hay que subrayar que a Saborit le dieron todo el tiempo que necesitó para perfilarse y dibujar el centro y que Williams remató completamente desmarcado entre los dos centrales en el área pequeña.

Pero este tipo de partidos se suelen resolver en acciones de este tipo. A falta de acierto para crear situaciones, tampoco es despreciable la alternativa de provocar o sacar partido de los fallos del rival. Y los dos equipos supieron aprovechar su turno.

El segundo tiempo se abrió con un cabezazo forzado de Williams tras un pase, también de cabeza, de Rico. Parecía que el Athletic salía dispuesto a llevarse el partido, pero aunque su mejoría es evidente todavía están muy lejos los tiempos en los que echar las campanas al vuelo. Herrerín tuvo que hacer la parada del partido en un remate a bocajarro de Gerard Moreno, que les robó la cartera a Núñez y a Laporte, y el partido volvió a su dinámica anterior, esto es, a la pelea en el centro del campo, con el balón siempre lejos de las dos áreas.

Apenas pasó nada en un segundo tiempo que se perdió en continuos parones entre cambios y tarjetas. A medida que el Espanyol le apagaba la luz a Iturraspe, la salida de balón del Athletic dependía demasiado de Rico y la conexión con Susaeta se hacía cada vez más complicada. Como los laterales tampoco se decidían a pisar terreno contrario, Raúl García y Aduriz quedaron definitivamente aislados, y Quique Sánchez Flores le cerraba las puertas a Williams con sus cambios.

El partido volvió a quedar al albur de algún fallo que ya no se volvió a producir, aunque algunos rojiblancos amagaron con un par de pases en campo propio de esos que le ponen los pelos como escarpias al más templado.

El miedo a perder pudo más que las ganas de ganar y aunque el partido se cerró con una falta peligrosa en el borde del área del Espanyol y un remate postrero de Darder a las nubes en una posición inmejorable, los dos equipos prefirieron asegurar el punto que regala la Federación y que, al fin y al cabo, hizo justicia a lo que había sucedido en el césped durante noventa minutos de esforzado trabajo.

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