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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Un sinsentido



Los jugadores del Bilbao Basket acabaron entrando en la provocación de Walsh. Foto BB

Los jugadores del Bilbao Basket acabaron entrando en la provocación de Walsh. Foto BB

Por el mismo precio de la entrada, los aficionados que acudieron al Bilbao Arena para el Bilbao Basket-Spirou Charleroi que cerraba sin trascendencia la primera fase de la Eurocup pudieron ver un espectáculo de baloncesto bastante discreto al que se añadió algo de boxeo y un poco de artes marciales. Cuando la gente recogía sus abrigos para marchar a casa, se montó una tangana, una bronca, una trifulca espectacular, nunca vista por estos lares, que involucró a jugadores y técnicos de los dos equipos, unos para repartir, otros para tratar de poner paz. El video ha corrido por todas partes, incluso entre gente a la que el baloncesto le suele importar poco, y la imagen del equipo bilbaino ha quedado bastante dañada.
Poco importa quien empezó, si Matt Walsh provocó desde el primer minuto o si los jugadores del Bilbao Basket entraron demasiado fácil en la trampa de un tipo que buscaba lo que consiguió. Álex Mumbrú, en su condición de capitán y uno de los principales implicados en la refriega, tuvo que salir a pedir disculpas por unos sucesos vergonzosos y que rayaron lo irresponsable. El alero catalán actuó como se debe para atenuar los efectos de una posible sanción. Porque esa era y sigue siendo la principal preocupación del Bilbao Basket: que pueda quedarse sin alguno de sus jugadores en los partidos del Last 16. El estadounidense de los rizos y la cinta, con bien ganada fama de bocazas y teatrero, se llevó su rato de protagonismo y, mientras su equipo verá lo que queda de competición desde casa tras perder los seis partidos, el conjunto bilbaino aguarda la respuesta de los despachos de la Euroliga que tendrá que llegar en los próximos días ya que el 9 de enero arrancará la siguiente fase.
Los árbitros, un portugués, un sueco y un finlandés -la referencia a la nacionalidad no es casual-, hicieron en el acta lo que el resto del partido: contemporizar. El escrito nada concreta ni personifica las agresiones por lo que el Bilbao Basket no espera que haya sanciones deportivas graves, solo económicas. Es el modus operandi del organismo que rige las competiciones europeas y de su juez único de competición: mejor tocar el bolsillo y hacer caja. La pasada temporada un conato de pelea entre D’Or Fischer y Moussa Badiane, que también llegaron a las manos en el partido de Euroliga contra el Nancy, tampoco fue castigado y ambos jugadores pudieron seguir disputando partidos como si nada hubiera pasado.
Lo de ayer fue algo parecido a una escala mayor y una demostración de que a veces la falta de competitividad lleva a perder la cabeza, incluso a jugadores tan veteranos como los que tiene el Bilbao Basket. Poner en riesgo uno de los objetivos de la temporada no tiene ningún sentido y deberían haber contado hasta 100 antes de querer arruinarle el show a Matt Walsh, que también se ganó una sanción porque no se puede provocar al rival, pero mucho menos al público, que es lo que hizo durante y al final del partido. Ver a un cordón de la Ertzaintza separando a los dos equipos fue de todo menos edificante en un escenario que se precie de generar un gran ambiente.
Mumbrú dio la cara, algo que está bien siempre que algo así no se vuelva a repetir. Es cierto que estas cosas suelen ocurrir en el deporte, que tampoco hay que rasgar demasiadas vestiduras, pero sorprende que sea en un partido sin nada en juego. O quizás por eso sucedió. En esas ocasiones, se entiende mal un exceso de agresividad, que abundó en este partido, y la sensibilidad está a flor de piel. El juego fue lo de menos porque la falta de tensión lo condicionó. Solo Walsh, que se empeñó en una guerra personal, salió triunfante en un equipo belga que durante muchos minutos jugó con un quinteto completo de estadounidenses.
El Bilbao Basket salió mal, cedió doce puntos de ventaja y tuvo que gastar fuerzas en remontar. Quienes esperaran que el encuentro sirviera para dar minutos a Sergio Sánchez y Mamadou Samb se quedaron con las ganas ya que Fotis Katsikaris apenas modificó su rotación habitual porque, en definitiva, él y sus jugadores querían ganar para no caer en una dinámica de derrotas. El primer puesto estaba ya asegurado, pero el Bilbao Basket logró, además, cerrar invicto la primera fase en sus tres presencias en la Eurocup. La lamentable tangana desvió la atención unos minutos de los rivales en el Last 16. Serán el Valencia, como ya se sabía, el VEF Riga letón y el CEZ Nymburk checo, un equipo que se cruza por tercera vez en el camino de los hombres de negro. Que ya es casualidad, como lo es que los tres rivales del Bilbao Basket coincidieran en esta misma fase de la Eurocup la temporada pasada.
Habrá tiempo para estudiarles porque los bilbainos se centran ahora en la Liga Endesa y en asegurar la plaza en la Copa. El primer reto es la visita el domingo por la mañana al Buesa Arena que algunos se encargaron de calentar desde la grada del recinto de Miribilla. Que un grupo de aficionados aludiera, con poca inteligencia, a “los patateros” no se entiende, salvo que se pretendiera recordar el breve paso del ínclito Matt Walsh por el Caja Laboral. Ni venía a cuento ni tampoco tiene sentido dar más argumentos a un equipo y a una afición que suele motivarse de sobra en sus duelos contra el Bilbao Basket.
Los baskonistas llegarán al derbi con la clasificación para el Top 16 de la Euroliga en el bolsillo, salvo catástrofe mañana ante el Cedevita, y con un desgaste que los de Katsikaris pueden aprovechar. Pero conviene recordar que el Bilbao Basket solo ha vencido una vez en Liga en la cancha baskonista y que en el última jornada del curso anterior el Caja Laboral, sin jugarse nada, ganó por treinta. Los duelos entre ambos equipos se han hecho clásicos, a fuerza de repetitivos, en todas las competiciones y si el Bilbao Basket apeó a los gasteiztarras en la primera fase de la Euroliga, estos se cobraron venganza apartando a sus vecinos de las eliminatorias por el título. De los 23 derbis disputados entre la Liga y la Copa desde aquella paliza en el estreno en la ACB, los bilbainos solo han ganado cuatro. Por eso es preciso atemperar la euforia y el optimismo y afrontar el corto viaje con cierto escepticismo. Gasteiz en diciembre no será una parada sencilla en el camino hacia la Copa de Gasteiz.

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