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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Una digna despedida



Guruzeta se estrenó como goleador con un excelente cabezazo a centro de Susaeta, que cumplía su partido número 500. Foto AC

Al fin y al cabo el Athletic se ha ido de la Copa de una forma prematura como el año pasado, pero no es lo mismo irte como ahora o que te eche el Formentera como el año pasado. Las formas también son importantes, aunque el fondo, la eliminación, sea el mismo. Por eso, porque las formas importan, la eliminación del Athletic duele, claro, pero duele de otra forma. La eliminatoria se decidió en el primer partido, cuando el Sevilla  sacó partido de su superioridad y de un gol tempranero que le hizo la vida mucho más cómoda en San Mamés.

Nadie en sus cabales calculaba que el Athletic podría ganar por 0-3 en el Sánchez Pizjuán. Por eso, pese a algunos mensajes ambiciosos de oficio, todo el mundo se tomó el partido de Sevilla a beneficio de inventario.

También los dos entrenadores, que alinearon a los menos habituales conscientes de que estaban ante un trámite. Analizar un partido tan condicionado por el resultado previo resulta complicado porque casi nada es como parece. La alineación no es la de verdad, la actitud de los  jugadores tampoco es la habitual en la competición, el partido pone más a prueba a determinados jugadores, señalados por una u otra razón, que al equipo en su conjunto.

En el bando rojiblanco lo más llamativo era que Susaeta jugaba su partido número 500 y entraba en el top five por detrás de Iribar, Txetxu Rojo, Joseba Etxeberria y Andoni Iraola. El dato debería hacer reflexionar a muchos aunque pedir reflexión en este mundo del fútbol es lo más parecido a clamar en el desierto. Los detractores de Susaeta, que no son pocos en la grada de San Mamés, se podrían preguntar por qué clase de milagro este futbolista se ha alineado medio millar de partidos con el primer equipo con cinco entrenadores distintos como Caparrós, Bielsa, Valverde, Ziganda y Garitano.

Los que aquí, allá y acullá se hacen un lío o se la cogen con papel de fumar con los vizcainos, la cantera, los orígenes, la filosofía y el ámbito del Athletic, también tienen un bonito ejercicio descifrando cómo es posible que cuatro de los cinco futbolistas que más veces han vestido la camiseta rojiblanca sean guipuzcoanos. ¡Qué cosas!

Pero no nos vayamos de un partido que el Athletic acabó ganando por la mínima, lo que no es un dato baladí aunque el marcador no sirva para nada. Gaizka Garitano sigue engordando una estadística en la que solo aparece un borrón importante, precisamente la derrota del partido copero de ida. Aquel empate terrible ante el Valladollid en la última jugada del partido también fue doloroso, pero para nada achacable al entrenador.

Ya está dicho que las formas son importantes. Dicen mucho del talante de un equipo. El año pasado cayó eliminado por el Formentera un Athletic deprimido y deprimente, penoso y lamentable, que ya estaba rodando por el precipicio. Ahora ha caído eliminado un Athletic que está en una situación muy delicada pero al que se le adivinan ganas de salir, moral para afrontar las dificultades, convicción y fe en sus posibilidades. No es lo mismo, no. Afortunadamente.

Este tipo de partidos se suelen plantear como una prueba para algunos jugadores señalados por alguna razón. En unos casos el aficionado quiere adivinar posibilidades nuevas, promesas de un futuro mejor. En ese grupo estuvieron Unai Simón, que resolvió con solvencia el poco trabajo que le dio el Sevilla, Nolaskoain, que volvió a jugar como central, alternando aciertos y errores, Unai López, al parecer de nuevo en la rampa de salida de una cesión, o Guruzeta, que acabó marcando un golazo a centro de Susaeta, aunque en el primer tiempo desperdició un regalo de Ibai Gómez de manera penosa.

Sobre Ibai Gómez estuvieron puestas todas las miradas y el de Santutxu no defraudó. Tiró de repertorio y puso varios centros marca de la casa que nunca encontraron rematador. No será un futbolista determinante, pero sí será un buen futbolista de acompañamiento, un recurso muy válido que le abre a Garitano nuevas combinaciones y una rotación más amplia con garantías.

Nunca estuvo la eliminatoria en discusión en el Sánchez Pizjuán, y aunque el partido tuvo por momentos trazas de amistoso, fue de esos amistosos entretenidos, lo que también se agradece.

El Sevilla salió a contemporizar, a dejar correr el reloj sin que pasara nada. Al Athletic le costó al principio reconocerse en una alineación insólita y para cuando empezó a funcionar como un equipo ya fue demasiado tarde. El balón rondó las dos áreas, primero por los desajustes defensivos de la zaga rojiblanca y más tarde en el otro lado porque al Athletic tampoco le hacía falta mucho para llegar a posiciones avanzadas.

Empezó Ben Yedder amenazando  muy pronto, a los cuatro minutos, en una falta ensayada. Guruzeta desperdició un gran centro de Ibai a continuación. Vázquez respondió cabeceando otra falta, que Simón detuvo son solvencia, y de nuevo Ibai Gómez dibujo otro gran centro al que Guruzeta no llegó por centímetros lanzándose en plancha. El portero del Athletic le ganó un mano a mano a Aleix Vidal sobre la línea de fondo y el primer tiempo se cerró con otro buen centro de Ibai Gómez, mal cabeceado por Guruzeta.

El segundo tiempo transcurrió por los mismos caminos: alternativas ante las dos porterías salpicadas ahora por el carrusel de cambios habitual. Para cuando Guruzeta cabeceó desde lejos a la escuadra un centro de Susaeta, el partido ya estaba agonizando. Ya no había tiempo ni para que el Sevilla pensara en ponerse nervioso.

 

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