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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Una mejoría que no alivia nada



Iturraspe se ganó una tarjeta por una protesta fruto de la impotencia. Foto AC

Iturraspe se ganó una tarjeta por una protesta fruto de la impotencia. Foto AC

El Athletic regresó a San Mamés con mejor cara aunque el resultado acabó siendo igual de malo que cuando compareció pálido y con ojeras. La mejoría que experimentó no le alcanza para iniciar el despegue en la tabla aunque a lo mejor les sirva a los jugadores para descubrir dónde esta el camino que conduce a la tan ansiada mejoría. Algo le pasa a este equipo, de eso no hay la menor duda, y ese algo se puede describir como una pérdida de confianza en las posibilidades propias que ha sumido a toda la plantilla y el cuerpo técnico en un mar de dudas. Ante el Celta Valverde apostó por De Marcos en la media punta, ese puesto que se está convirtiendo en un agujero negro que absorbe a todo el equipo hasta hacerlo desaparecer. De Marcos ya ha probado en esa posición antes de ahora con resultados más bien discutibles. El de Laguardia brilló en todo su esplendor en el sistema de Bielsa, cayendo a la banda en diagonales que destrozaban a las defensas rivales. Pero aquellos eran otros tiempos. Desde entonces De Marcos ha jugado en todas las posiciones menos de portero. La condición de futbolista polivalente, de comodín, puede ser muy interesante y los entrenadores agradecen tener a uno de esos jugadores en su plantilla. Pero a veces la condición de polivalente, de comodín, suele degenerar en la de chico para todo, o sea, para hacer los recados mayormente. A lo mejor, todos, el equipo y el propio jugador, saldrían ganando si De Marcos jugara siempre en el sitio donde se consagró, como hacen todos sus compañeros, por otra parte. Contra el Celta, sin ir más lejos, acabó de lateral derecho.

La presencia de De Marcos en la media punta fue como un máster acelerado sobre como se ejerce la presión sobre la salida del balón del rival. De Marcos estuvo, rápido y generoso en el esfuerzo tanto para acudir a taponar las salidas de los defensas contrarios, como para ayudar a sus compañeros a cegar las líneas de pase rivales. El Athletic recuperó así sus señas de identidad; volvió a ser un equipo reconocible en sus movimientos y en su disposición sobre el terreno. Había aperturas a las bandas para las incorporaciones de Iraola por la derecha y Muniain al otro lado; rupturas de De Marcos y Susaeta, empuje de Rico e Iturraspe desde atrás, de nuevo eficaces en la recuperación y fluidos en el manejo de la pelota. Y por encima de todos, un Aduriz soberbio, llevándose absolutamente todos los balones de cabeza, prolongando para la carrera del compañero y controlando de espaldas para facilitar la llegada de la segunda línea.

Cuando a los cinco minutos Aduriz transformó el penalti señalado tras un remate de De Marcos que pareció tocar en el brazo de un defensor, el partido tomó el mejor de los rumbos posibles para el Athletic. Qué mejor que un gol tempranero para evitar la ansiedad de la presión. De hecho, la media hora que sucedió al gol fue lo mejor que ha hecho el Athletic en lo que llevamos de temporada, a excepción de algunas fases de aquella eliminatoria contra el Nápoles que ahora nos suena tan lejana. De no mediar el paradón de Sergio a un cabezazo de Aduriz en un corner, otro gallo hubiera cantado en este partido. Pero los porteros están para eso, para evitar los goles de los rivales, incluso los cantados. Y tampoco pudo servir de consuelo que minutos después Aduriz clavara el balón en la escuadra, porque un linier con vista de lince había señalado que el balón había rebasado previamente la linea de fondo.

El Athletic agotó su turno logrando una ventaja mínima, insuficiente para dar por cerrado el partido. El Celta se estiró, confirmó sus sospechas iniciales que le decían que para llegar a Iraizoz tenía que usar la puerta que estaba abierta a su izquierda, y por ahí empezaron los problemas para los rojiblancos. Orellana fue una pesadilla para un Balenziaga superado demasiadas veces por los acontecimientos, hasta el punto de fallar en acciones fáciles y poco comprometidas. Laporte y Gurpegui sujetaban mejor a un tanque como Larrivey, pero Nolito era otro serio problema en todos los sitios de la línea de ataque en los que aparecía.

El Athletic alcanzó el descanso con alivio, pero las cosas no mejoraron en la continuación. Un gol anulado a Aduriz por fuera de juego previo dio la salida a un segundo capítulo en el que los rojiblancos no tardaron en dar síntomas más que preocupantes. Es verdad que el Celta no remató a puerta hasta el gol, en el minuto 72, pero el Athletic ya llevaba tiempo desmoronándose a ojos vista. La fatiga pasaba factura a De Marcos y Aduriz, dos gladiadores que habían hecho un esfuerzo descomunal, pero las piernas también les pesaban a otros compañeros. A Muniain, por ejemplo, que fue el primer sustituido y dejó su sitio a Ibai. A Iturraspe más que pesarle las piernas, se le debió de nublar la vista, lo mismo que a Rico.

Hacía mucho calor, sí, y el Athletic había hecho un esfuerzo generoso; pero el termómetro marcaba la misma temperatura cuando lo miraban los gallegos, y el Celta también había tenido que correr sus kilómetros para frenar a los rojiblancos, sobre todo en la primera parte. Pero a un lado había piernas e ideas frescas y en el otro lentitud, dudas y un miedo creciente que auguraba lo peor. Y ya se sabe que en estos casos los malos augurios suelen hacer pleno al quince. No era una cuestión física, porque sería muy grave que a estas alturas y tras una semana de descanso, hubiera cuestiones físicas. Ocurre simplemente que cuando la cabeza no va, las piernas no funcionan. Probablemente, estos mismos jugadores, con dos goles de ventaja, pongamos por caso, nos hubieran parecido velocistas.

A un lado había variedad de oferta con Orellana, Larrivey o Nolito y alternativas como Charles. En el otro, solo un producto en el escaparate: Aduriz por arriba y por abajo, e ideas en dosis homeopáticas, o sea, alguna gotita de fútbol en medio de un océano de vulgaridad vestida de voluntad.

El gol fue un mazazo del que ya no se recuperó el Athletic en el cuarto de hora que quedaba para la heroica. Tiesos de fútbol y de fuerzas, sin ninguna capacidad de reacción, las soluciones tampoco llegaron desde el banquillo. Ibai Gómez apenas tocó un par de balones, Beñat que salió por Iraola para ocupar el sitio de De Marcos, no parece precisamente un galvanizador. Ese papel le corresponde según lo establecido a Toquero, que salió a falta de nueve minutos, pero del célebre ‘efecto Toquero’ hace tiempo que tampoco se tienen noticias.

Es verdad que el Athletic tuvo media hora esperanzadora, pero no es menos cierto que durante una hora larga volvió a sacar a relucir lo peor de sí mismo. Fallos individuales, imprecisiones, ausencia de ideas, repetición de viejos errores por parte de los mismos protagonistas. Tal vez Valverde deberá seguir experimentando y a lo mejor haría bien si se fijara en otros puestos más allá de la media punta. Iturraspe es fundamental en este equipo, pero a nadie se le escapa que, ahora mismo, no está para ser fundamental precisamente, ni mucho menos. Mientras tanto Beñat repite su ciclo del año pasado para acabar en el banquillo después de un breve paseo por distintas posiciones en el campo, todas distintas por cierto de la que ocupaba cuando destacó tanto que su fichaje se hizo obligado…

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