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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Una victoria que no debe llamar a engaño



Beñat volvió a ser titular, y volvió a ser sustituido en los primeros compases de la segunda parte

Beñat volvió a ser titular, y volvió a ser sustituido en los primeros compases de la segunda parte

Después de nueve partidos sin conocer la victoria, el Athletic se reencontró con el triunfo en un partido entre pésimo y patético, gracias a un gol cutre en el que el balón entró llorando. Esto es así, y así hay que reconocerlo sin ambages. Pero esos tres puntos valen lo mismo que si se hubieran conseguido después de un partido excelso y con un gol de tacón desde el borde del área. El Athletic no está para cogérsela con papel de fumar y despreciar los puntos por la manera en la que llegaron. Bienvenidos sean, aunque más vale que no llamen a engaño a nadie. Jugando como en Almería es casi imposible no ya ganar, sino ni siquiera empatar, salvo que te encuentres con un rival con un nivel tan penoso como el del equipo andaluz que, por cierto, sigue sin ganar en casa.

Decía Valverde que el Athletic llegaba a este partido muy obligado y en el entorno flotaba ese ambiente que preludia a las finales no deseadas, a esos partidos que se juegan a vida o muerte, no por la gloria sino por salvar el pellejo. Lo que se vio en el estadio de los Juegos del Mediterráneo pareció, sin embargo, un amistoso de verano sin nada en juego. Fue un partido plúmbeo, insoportable, indigno de dos equipos de Primera División. El espectador neutral huiría antes del primer cuarto de hora en busca de algo mejor que hacer una tarde de sábado. Ver crecer la hierba del parque, por ejemplo, es más entretenido que el partido que perpetraron Almería y Athletic.

La anécdota apócrifa relata el inicio de una crítica de teatro de una obra especialmente mala que se publicó alguna vez en algún periódico: “Ayer se estrenó en el Teatro Principal la obra (póngase aquí el título que se quiera). ¿Por qué?”. Y ahí finalizaba la cruel reseña. Esa pregunta se podría repetir referida al partido de Almería. ¿Por qué se jugó este partido? Pues porque está en el calendario. Un par de sesiones como ésta en el emergente mercado televisivo asiático y los chinos se pasan en masa al béisbol.

Después de la fallida revolución en la alineación de Oporto, Valverde volvió a rehuir de sus clásicos y eligió a Etxeita para cubrir la baja de última hora de Gurpegui. Eso sí, en el resto de las líneas respetó el escalafón. Iturraspe, Rico y Beñat en el centro del campo; Susaeta, Aduriz, Muniain, arriba. Curioso lo de Etxeita, un futbolista olvidado en el fondo del armario que, de pronto, se vio titular y acabó marcando el gol del triunfo.

Pero ni contigo sin ti tienen mis males remedio. Beñat, que deslumbró durante veinte minutos en Oporto, volvió a ser el futbolista opaco que nunca sabes si va o viene, pero siempre tienes la certeza de que no llega. Iturraspe, exigido en la sala de prensa por Valverde por sus galones de internacional, volvió a rendir poco más que como un meritorio, y Rico sigue con más energía que fútbol. Si Beñat fue un futbolista opaco, Muniain resultó transparente. No se le vio en todo el primer tiempo. Mirabas a su banda y veías la grada a través de una camiseta verde difuminada. Susaeta por el otro lado estuvo algo más activo pero igual de desacertado. Hasta Aduriz pareció mucho menos Aduriz en Almería, y es que ni siquiera le llegaron esos melonazos que acostumbra a bajar del cielo con la regularidad de un trabajador en la cadena de montaje.

La defensa no sufrió porque la delantera del Almería estaba en servicios mínimos. Planteadas así las cosas, los minutos transcurrieron tontorrones durante todo el primer tiempo. El personal miraba el reloj y lo agitaba para comprobar que no estaba parado, que seguía funcionando pese a que el tiempo parecía detenido en algún lugar de la trayectoria de aquellos balonazos a ninguna parte.

En el segundo tiempo ocurrieron más cosas. Los cambios, por ejemplo, que siempre rompen la rutina y animan al respetable a expresar su opinión respecto a las decisiones del mister; siempre equivocadas cuando se pierde, de inspiración divina en caso de victoria.

Valverde fue el primero en mover ficha con una de sus maniobras habituales. Fuera Beñat para dar entrada a Iraola en la banda derecha y situar a De Marcos en su posición natural de media punta. No estuvo mal como declaración de intenciones. El míster no se resignaba a seguir como en el primer tiempo y agitaba su esquema, lo que siempre está muy bien. No hubo tiempo para comprobar la eficacia del cambio porque tres minutos después un corner mal sacado por el Athletic y peor defendido por el Almería, llevó el balón a los pies de Muniain al borde del área; su remate fue defectuoso, como no podía ser de otra forma, dadas las circunstancias. El pie de Aduriz desvió la trayectoria del balón y Etxeita al borde del área pequeña, completó oportuno la carambola para que la pelota entrara mansamente pegada al poste. Fue uno de esos goles que dan como penita, pero se celebró como si significara ganar la final de la copa del mundo. Había motivos y tampoco hay que hacerle ascos a la fortuna cuando te guiña el ojo, que este año ya le estaba costando.

A partir de ahí le tocó al entrenador del Almería mover sus peones. Fue cambiando jugadores de perfil defensivo por otros a los que se les supone más filo atacante, pero el partido no varió en absoluto. Una salida en falso de Iraizoz en un corner y un remate al larguero de Thievy tras un mal despeje de Rico fueron los únicos sobresaltos que sufrieron el Athletic y su parroquia, más preocupados porque no volviera a aparecer la habitual jugada desgraciada, que por la peligrosidad de un rival inerte. Valverde siguió cambiando, ahora ya más en función del reloj que del rival. Bustinza debutó sustituyendo a Susaeta cuando faltaban nueve minutos, y San José salió por Muniain en el tiempo de prolongación.

El Athletic jugaba una final y la ganó, lo que ya es noticia por sí misma. Si la victoria significa un punto de inflexión se verá muy pronto, el próximo domingo sin ir más lejos. Si es verdad que al equipo solo le faltaba reencontrarse con la victoria para cambiar de cara, ya la ha conseguido. Ahora solo le falta recuperar su fútbol del año pasado, o al menos algo que se le parezca. Si el punto de partida de lo que se vio en Almería, tiene tarea por delante. Todos sabemos, y los futbolistas los primeros, que el Athletic, incluso en sus peores días, puede hacer bastantes más cosas que las que hizo en el campo andaluz. De hecho, este mismo año ha perdido partidos después de jugar cien veces más. Pero ya dijo Boskov que fútbol es fútbol.

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