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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Urrutia, ofertas, mensajes y recados



Josu Urrutia negó que el Athletic hiciera una oferta a Oyarzabal. Foto AC

Han querido la fortuna y el calendario que la salida de Kepa y el asunto de Oyarzabal coincidieran prácticamente con una de esas comparecencias que Urrutia tiene programadas cada cinco o seis semanas, llueva, truene o nieve. Según el manual de instrucciones para la comunicación que usan en Ibaigane, la actualidad es un accidente ajeno al devenir cotidiano del Athletic así que, en este caso, solo una feliz coincidencia ha permitido que conozcamos la versión del club respecto a los últimos acontecimientos con un retraso razonable.

Es evidente que Josu Urrutia no es Demóstenes, pero si se le escucha con atención se le entiende todo. Lo de Kepa lo solventó con la parte del discurso que apela a las esencias. Nadie en el Athletic puede entender que alguien se marche por voluntad propia del mejor club del mundo, vino a decir el presidente.

Bueno. Admitamos que para el forofo contumaz el suyo siempre será el mejor club del mundo, sea el Athletic o la Balompédica Linense. Pero de ahí a que nadie pueda entender que Kepa haya decidido abandonar el mejor equipo del mundo va un trecho. Como recurso retórico está bien, pero a lo mejor hubiera estado mejor si el presidente hubiera insistido en la idea que expresó a continuación, reclamando una reflexión sobre lo que se dijo y escribió en los ya lejanos tiempos de la tortuosa renovación de Kepa, aquellos en los que el portero era presentado como un rojiblanco ejemplar, con pureza de sangre certificada, que víctima de la cicatería del presidente y de las malas artes de sus representantes, se veía abocado a salir del club de su vida y de sus amores.

El tiempo, el juez más justo e implacable, ha venido a demostrar que las cosas fueron muy distintas a como nos las pintaron. Que a estas alturas lo de ¡Athletic, culpable!, ya empieza a sonar como aquel ¡Rusia, culpable! de tiempos pretéritos, aunque algunos contumaces seguirán insistiendo al menos hasta las elecciones.

Pero el de Kepa se convirtió en un asunto menor comparado con el tema de Oyarzabal,  ¡dónde va a parar! Una cosa son las cuitas internas, que se dirimen en familia, y otra cuando hay terceros por medio.

Y en esta cuestión a Urrutia también se le entendió todo, aunque se empeñara en enredar un discurso meridianamente claro introduciendo un adjetivo concreto en su forma femenina, ‘concreta’, valga la redundancia, ofreciendo un clavo ardiendo al que quiera seguir sujetando una ficción. Ya está dicho que Dios no llamó a Urrutia por los caminos de la oratoria, así que el presidente no debió de tener en cuenta que los adjetivos, como el alcohol, es mejor usarlos con moderación, sobre todo cuando uno se conduce ante la prensa.

Si se atiende al discurso del presidente sin una posición predeterminada podemos deducir que es más que posible que el Athletic preguntara por su situación o disponibilidad al entorno de Oyarzabal y que recibiera como respuesta que el jugador no tenía intención de abandonar la Real. Y punto final.

Es algo que ocurre a diario en el fútbol. Probablemente, ahora mismo, haya un club sondeando a un jugador, o viceversa, que también pasa.

Si preguntó, el Athletic no hizo otra cosa que cumplir con su obligación de mantener constantemente actualizada su base de datos de posibles refuerzos. Lo contrario hubiera sido una irresponsabilidad. Otra discusión es si el Athletic puede o debe entrar en una operación de ese calibre por su propia filosofía o cual debe ser el destino de los 80 millones recaudados por Kepa.

Eso de que el dinero tiene que estar en el terreno de juego no pasa de ser una frase hecha, o debería al menos en un club tan especial como el rojiblanco. A lo mejor a largo plazo ese dinero rinde más invertido en Lezama o en el propio San Mamés, ampliando la propiedad del club por ejemplo o, ¿por qué no? podría redundar de alguna manera en beneficio de los socios, eternos paganos de este invento.

Hasta aquí los hechos a tenor de lo dicho por Urrutia y no desmentido ni por Oyarzabal ni por Aperribay. Por cierto, a día de hoy también Merino sigue sin desmentir lo dicho en su momento por el presidente del Athletic. El día en el que veamos un titular entrecomillado con una frase textual del interesado, o escuchemos una entrevista en la que el jugador confirme de viva voz la existencia de una oferta podremos tachar de mentiroso al presidente del Athletic; mientras tanto, será lícito sospechar que el club rojiblanco se ha convertido en una estupenda arma de negociación, como, por cierto, sospechan en Sevilla de la Real Sociedad ahora mismo.

A la luz de lo dicho por Urrutia, se entiende que haya quien quiera hacer alarde de la lealtad de Oyarzabal a su equipo, por supuesto. A fin de cuentas el jugador sigue en la Real, con un contrato mejorado y una nueva cláusula, de acuerdo con una planificación y una negociación que viene de hace tiempo y que probablemente se haya acelerado en el último momento por si acaso. También lógico y perfectamente razonable

Hasta ahí. Las cifras estratosféricas, los años de contrato, las fuentes cercanas y todo lo demás, son adornos añadidos a un relato que da muy poco de sí en su simpleza, por un lado y por el otro. Y en este sentido, tanto Urrutia el jueves como Aperribay hoy, han sabido contar su verdad, la de una circunstancia absolutamente normal en el fútbol de hoy en día. Los dos presidentes han estado a la altura que se espera del cargo que ocupan, lo que resulta gratificante después de leer y escuchar algunas estupideces que solo provocan vergüenza ajena; mucha.

La comparecencia de Urrutia también deparó una sorpresa: la del recado que le envió a Remiro. No es que el paisaje de la portería del Athletic haya mutado de Jardín del Edén a desierto de Atacama  en una semana, pero las cosas han cambiado mucho. La salida de Kepa y la lesión de Herrerín han convertido al que era tercer portero, Remiro, en titular a corto plazo con un contrato que vence el próximo mes de junio. Que el presidente diga en público que Remiro todavía tiene mucho que demostrar no descubre una negociación precisamente idílica. Y mucho me temo que en este caso la frase no es producto de la escasa capacidad comunicativa del presidente, sino todo lo contrario. Veremos.

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