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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Valverde supo rectificar sobre la marcha



Los goles de Aduriz volvieron a dar una victoria al Athletic. Foto AC

Los goles de Aduriz volvieron a dar una victoria al Athletic. Foto AC

No se debió de despertar muy inspirado Ernesto Valverde en Valencia. Afortunadamente, fue espabilando a medida que pasaba la mañana y acabó demostrando que es un entrenador de calidad que sabe detectar los errores y corregirlos a tiempo. En su descargo hay que recordar que tenía que hacer un equipo para competir apenas dos días y medio después de la paliza que se dieron sus hombres en la Copa. Es comprensible que la alineación que presentó ante el Levante estuviera cogida con hilos, con el entramado sostenido en un armazón con cuatro palos y dos alambres. Pero, así y todo, el técnico del Athletic no estuvo acertado en su primera elección, como él mismo reconoció implícitamente a la media hora y de modo explícito tras el descanso.

Valverde volvió a los clásicos, que suelen ser un buen refugio intelectual cuando te acechan las dudas. Después de la positiva experiencia con Beñat y San José el jueves, el técnico regresó a la pareja Iturraspe-Rico en el Ciudad de Valencia. Gurpegui ocupó el sitio de Etxeita y por delante, Unai López, De Marcos y Muniain formaron la línea que respaldaba a Aduriz. Fue esa línea la que no funcionó y la que amenazó con arrastra a todo el equipo durante la media hora que Valverde insistió en mantenerla, de un modo muy poco racional a la vista de los acontecimientos.

El técnico del Athletic insistió en la paradoja. Disponía de dos futbolistas para jugar por dentro y de uno capacitado para actuar por la banda y eligió exactamente lo contrario de lo que indicaba el sentido común. El resultado fue catastrófico para el juego del Athletic, tanto en la creación como a la hora de defender. El Levante encontró pronto una mina en el costado izquierdo, donde Balenziaga tenía que bregar con su par y con las constantes subidas del lateral derecho, Morales, marcado con la mirada por un Muniain que se desentendió de una forma clamorosa. Por ahí progresó siempre el Levante y si no llegó más lejos fue porque por algo es el farolillo rojo de la tabla.

Con Unai López exiliado en la banda derecha e Iturraspe en el diván del psicoanalista, el Athletic no tenía más argumentos ofensivos que la patada a seguir y confiar en la inspiración de Aduriz. El balón que Muniain estrelló en el larguero a los diez minutos, tras un gran centro pasado de Balenziaga, fue la única señal de vida del ataque de los de Valverde. Después Iraizoz tuvo que sacar una mano extraordinaria para desviar un cabezazo de Simao y todo el equipo tragó saliva en un par de balones parados del Levante.

El Athletic no tenía nada que ver con el equipo aguerrido que se clasificó para la semifinal de Copa. Volvió a ser el equipo inseguro, impreciso y timorato de las últimas semanas, ese grupo incapaz de ganar a nadie, que empezaba a sufrir el vértigo de la tabla.

Pero ya está dicho que Valverde supo reconocer su error y rectificar a tiempo. Primero lo hizo a medias. Envió a Muniain a la espalda de Aduriz y a De Marcos al costado derecho situando a Unai López en el ala izquierda para echar una mano a Balenziaga, tapando la salida de Morales. Con esta disposición el Athletic consiguió alcanzar el descanso sin sufrir daños materiales en el marcador que añadir a los que ya sufría en su orgullo.

El paso de los vestuarios fue mano de santo. El técnico tuvo tiempo para recomponer el equipo y el segundo tiempo no tuvo nada que ver con lo visto hasta entonces. Susaeta sustituyó a Unai y pudo orden en la lado izquierdo, Muniain continuó jugando por el centro, más liberado de tareas defensivas y más activo a la hora de encarar la portería contraria, De Marcos pasó al lateral derecho e Iraola adelantó su posición en la banda. El Athletic echó el candado en las dos bandas y a los tres minutos se encontró con el regalo añadido del golazo de Aduriz. Susaeta ya lo había tenido prácticamente en el primer balón que tocó. Aprovechó un error de la defensa levantina para disparar a puerta, pero Mariño atrapó el balón cuando más de dos terceras partes del cuero ya habían traspasado al raya. Aduriz no falló; al contrario, hizo una pequeña obra de arte aprovechando un servicio de De Marcos, que ahora llegaba a posiciones avanzadas con mucha más soltura gracias al apoyo de Iraola. El goleador imprescindible, en el mismo gesto controló con la derecha de espaldas a la portería, se giró y remató a la red con la izquierda. Una acción de killer del área, de esas que disparan la cotización de un delantero.

La ventaja en el marcador y la estructura renovada cambiaron la cara del Athletic. Recobró la seguridad perdida y se hizo con el partido para no soltarlo hasta el final. Es cierto que a falta de un cuarto de hora el Levante tuvo una gran ocasión que Iraizoz desbarató con una doble parada espectacular, pero para eso está el portero y conceder una ocasión al equipo de casa está dentro de lo aceptable, cuando éste juega a la desesperada y ya ha puesto todo lo que tiene sobre el césped.

El Athletic estaba siendo superior, estaba mereciendo la victoria y el certificado final lo volvió a sellar Aduriz, con otro gol de calidad, aunque algo más de la mitad de este tanto tiene que ir a la cuenta de un Susaeta que trazó un magnífico contrataque escondiendo la bola a tres rivales para sacarse de la manga un pase letal a su delantero.

Hubo bastantes claroscuros en el partido que hizo el Athletic pero cumplió el objetivo de sumar los tres puntos, que era de lo que se trataba. Que Aduriz haya recuperado el olfato que parecía haber perdido las últimas semanas es la mejor noticia para un equipo que sigue teniendo a demasiados elementos muy lejos del nivel que cabe esperar de ellos. Las exigencias del calendario justifican en parte algunas decisiones y algunos descartes, y ya se sabe que las victorias son el mejor método para difuminar las discusiones.

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