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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Valverde, el tipo normal que logró un récord extraordinario



Ernesto Valverde ya es historia en el Athletic. Es el entrenador que más partidos ha dirigido al primer equipo, 290,superando a un mito como Clemente, que sigue ostentando el honor de ser el último técnico que levantó grandes títulos, dos Ligas, una Copa y una Supercopa (sin necesidad de jugarla porque su Athletic hizo el cuarto doblete de su historia ). Valverde puede decir que el último título del club llegó de su mano, la Supercopa del año pasado, a la que accedió en su condición de subcampeón de Copa.

La cifra alcanzada por Valverde tiene el valor añadido de haberla conseguido en unos tiempos en los que los entrenadores son, más que nunca, piezas de usar y tirar. A su favor cuenta, eso sí, que hoy en día se juega prácticamente el doble de partidos que en épocas pasadas, pero incluso con ese dato en la mano, hay que conceder la importancia que merece al hecho de que cuando acabe esta temporada habrá superado con creces los trescientos partidos y, salvo que se produzca un cataclismo que nadie espera, estará en su mano el seguir acumulando partidos en el banquillo de San Mamés el año que viene.

Solo trece de los 47 técnicos que han entrenado al Athletic a lo largo de su historia, han superado el centenar de partidos. Detrás de Valverde y Clemente, figura en la lista Juan Urquizu, que dirigió 235 encuentros entre las temporadas 40-41 y 46-47, cuando competían catorce equipos, una de las décadas de oro del club rojiblanco, con el doblete de la 42-43 (segundo de su historia) además de dos Copas.

El mítico Pentland no aparece hasta el sexto puesto de la relación, por detrás de Caparrós, 187 partidos, y Luis Fernández, 184. Fred Pentland, ocupó el banquillo rojiblanco antes del nacimiento de la Liga entre los años 1922 y 1925, y en los primeros tiempos de la competición regular, entre las ediciones 1929-30 y 1932-33 (segunda a quinta temporada de la Liga). Fue el artífice del primer doblete, triplete en realidad si se le añade el Campeonato Regional del curso 30-31, y sumó un total de dos Ligas 4 Copas y  cinco Campeonatos Regionales. Para conseguir tantos títulos necesitó 178 partidos, un hito teniendo en cuenta que la Liga la componían 10 equipos que jugaban una temporada de 18 partidos, uno menos que una sola vuelta en la actualidad.

Heynckes, a quien se le puede atribuir el advenimiento del Athletic al fútbol moderno, se quedó en 168 partidos sumando sus dos épocas en el club. Hasta su llegada, en 1992, en San Mamés sonaba un murmullo de desaprobación si el Athletic retrasaba la pelota un par de veces en la misma jugada.

Koldo Agirre dirigió un total de 137 partidos, en los que se incluyen los que llevaron a las finales de la UEFA y la Copa. Sumó siete partidos más que el mítico Piru Gainza, que se quedó en 129, superando a Antonio Barrios, que se había sentado en el banquillo en 120 partidos.

El no menos recordado Rafa Iriondo, dirigió en 113 ocasiones, en una Liga de 18 equipos, incluida aquella final de Copa ganada al Elche. El mismo número de partidos que Bielsa y uno más que otro de los mitos, Fernando Daucick, el hombre del doblete de la 55-56.

Claro que estas cifras palidecen ante los 424 partidos, solo de Liga, que dirigió Miguel Muñoz al Real Madrid, o los 407, también de Liga, de Luis Aragonés en el Atlético de Madrid.

Pero hasta esos números suenan ridículos si se comparan con los plusmarquistas mundiales. Aunque sir Alex Ferguson se lleva la fama con sus 1.500 partidos dirigidos al Manchester United entre 1986 y 2013, no consiguió superar a su compatriota Willie Maley, quien ostenta el récord absoluto con 1.611 partidos dirigidos al Celtic de Glasgow entre 1897 y 1940, incluyendo los 62 encuentros consecutivos, entre el 13 de noviembre de 1915 y el 21 de abril de 1917, en los que el Celtic no conoció la derrota.

El Portdown de Irlanda del Norte, tampoco ha cambiado mucho de técnico. Ronnie McFall se sentó en su banquillo en 1.483 partidos, entre diciembre de 1886 y marzo de 1916.

Fuera de las islas, Guy Roux, un clásico del fútbol francés, presume de haber dirigido al Auxerre en 894 partidos de Liga. Entre los que están en activo, destaca un compatriota de Roux, Arsene Wenger, que ya se acerca a los 1.100 partidos en el banquillo del Arsenal.

Con sus 290 partidos y seis temporadas sumadas en dos etapas, Ernesto Valverde les puede parecer un entrenador eterno a los amigo de las novedades. El fútbol, en general, tiene poca memoria y muchas ganas de caras nuevas. Y en estos tiempos del espectáculo a cualquier precio, el técnico del Athletic es una rara avis de discreción y normalidad. Una normalidad, por cierto, muy del gusto de la afición del Athletic de cualquier época.

Después de todo este tiempo y tantos partidos, Valverde no está a prueba. Con sus virtudes y sus defectos ha demostrado que si no es el entrenador ideal para el Athletic, se le parece mucho, porque, en este club tanto a los jugadores como a los técnicos se les piden otras cosas además de resultados, y Valverde está en condiciones de ofrecerlas por su conocimiento de la profesión y de la institución y todo lo que le rodea.

De él depende el seguir de rojiblanco porque no le faltarán ofertas para salir. Quedan tres meses para que acabe la temporada y se escuchan voces que describen un panorama de examen final eliminatorio para un entrenador que lleva cuatro años de notable para arriba. La suerte de la eliminatoria contra el APOEL será importante, pero pase lo que pase todavía quedará Liga y, de momento, el Athletic sigue con todas las posibilidades de volver a Europa intactas. Y si no volviera este año, sería cuestión de recordar a los desmemoriados, que nunca en su historia el equipo había tenido tanta continuidad en la competición internacional.

En el imaginario rojiblanco colectivo la figura de un Ferguson eterno en el United aparece como el ideal a perseguir, pero los hechos demuestran que la cosa no deja de ser una ensoñación; que lo que es posible en otras latitudes aquí no pasa de quimera, o al menos eso dicen los que más alto hablan. A lo mejor la mayoría silenciosa de San Mamés, el socio de toda la vida, estaría encantado con seguir teniendo en el banquillo a un tipo tan normal como Valverde.

 

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