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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Valverde ya tiene afinada la tecla



Ernesto Valverde ha conseguido un Athletic equilibrado y competitivo

Ernesto Valverde ha conseguido un Athletic equilibrado y competitivo

Durante los primeros meses de la temporada fue un lugar común: Valverde no da con la tecla. La frase resumía el proceso de reconstrucción de un equipo que había vivido dos años en una batidora de emociones que había agitado a toda la institución. De la euforia de las dos finales se pasó a la depresión por las dos derrotas y por todo lo que hubo alrededor, grabaciones clandestinas incluidas, huidas de jugadores, líos con constructoras y demás terremotos que asolaron la vida del Athletic. Circunstancias algunas previsibles por su relación con el juego y otras realmente novedosas, producto de la personalidad de un técnico que dejó una profunda huella de su paso por el club. Si la primera temporada había sido la del descubrimiento de un Athletic con un juego desconocido a lo largo de su historia, la segunda se convirtió en una pelea nada soterrada entre la fidelidad a una idea y la tendencia natural a buscar refugio en lo de siempre. La pelea dejó una temporada mala en lo deportivo pero muy fructífera para el desarrollo personal y grupal de los profesionales rojiblancos. Después del paso por esa batidora de emociones, tenemos ahora un Athletic más maduro, más consciente de sus posibilidades y, sobre todo, más convencido de que con sus armas puede pelear por todo aquello que se proponga. Las frases que no se han dicho, los tópicos a los que no se ha recurrido a lo largo de estos seis últimos meses, son lo suficientemente elocuentes como para concluir que algo ha cambiado en la mentalidad de estos jugadores. Ahora nadie rehuye la posibilidad de disputar una plaza en la élite, nadie se esconde en el partido a partido, ni en el ya veremos porque esto es muy largo. Mirar de frente al objetivo es la mejor manera de empezar a conseguirlo y el Athletic sabe muy bien lo que quiere lograr este año. Otra cosa será que al final lo consiga, pero parece que ha quedado claro que es más importante el camino que la meta y, de momento, el Athletic de Valverde está haciendo camino creciendo cada día.

Los números son tan espectaculares que apenas dejan margen a la discusión. Los amigos de la estadística se están dando un festín buscando en los archivos los años que hacía que el Athletic no estaba tan arriba, que no tenía tantos puntos, que tanta imbatibilidad mantenía. Lo que ha ocurrido en el terreno de juego no ha sido tan espectacular pero sí más progresivo. Las bases del equipo estaban puestas aunque algunas tormentas las habían removido. El estilo, el compromiso, la ambición, seguían ahí. El gusto por el manejo del balón, el descaro, el atrevimiento permanecían incólumes a pesar de todo; solo había que reordenarlos, introducir matices, rebajar un punto de locura y recuperar algo de sentido común para navegar en las procelosas aguas de una competición que no perdona las alegrías.

Valverde lo ha conseguido y su mérito es que lo ha logrado en un espacio de tiempo razonablemente corto. Su mayor mérito en el aspecto táctico ha sido la transformación del sistema defensivo del conjunto. A partir de un Iturraspe que está alcanzando su mejor nivel y se ha convertido en la clave de bóveda del equipo, la solvencia de Iraola y la veteranía de Gurpegui, el técnico ha sentado las bases de un grupo sólido y muy difícil de batir. Que Balenziaga se haya asentado en el lateral izquierdo, un puesto maldito desde hace muchos años, es una buena noticia, pero mucho más importante resulta la trayectoria de un Laporte que, sin cumplir los veinte años, lleva camino de consagrarse como un central de los que marcan época.

Que hasta Iraizoz haya dejado de ser un sospechoso habitual, condenado por la grada el año pasado y muy discutido al comienzo de la presente temporada, y se le considere ahora como un portero fiable, resume el cambio de los tiempos.

El fútbol siempre tiene un sitio guardado para el imprevisto y en este caso ese imprevisto de llama Mikel Rico. Fichado como un jugador de acompañamiento, se ha convertido en una de las piezas clave del engranaje. Su papel de escudero de Iturraspe aporta seguridad y trabajo defensivo y abre para su compañero los caminos para dar salida al balón. Los cinco goles que le sitúan como máximo realizador del equipo son un adorno anecdótico para un futbolista eficaz que se está ganando un sitio en el corazón de los aficionados.

Beñat está siendo la otra cara de la moneda. Al contrario que Rico, el de Igorre fue el fichaje estrella del verano pero, de momento, no tiene sitio en el equipo. Era una de las teclas que probó Valverde en reiteradas ocasiones pero el arpegio no acababa de sonar afinado. Iturraspe, Rico, Herrera, Beñat, De Marcos y hasta el joven Morán, que fue titular en el estreno de San Mamés, formaban la parte central de ese famoso teclado que el técnico no acertaba a ejecutar con armonía. Los ensayos costaron algún disgusto y abrieron no pocos interrogantes sobre lo que estaba tratando de encontrar el entrenador. Equilibrio era la respuesta. Ya lo tiene. Valverde encontró la tecla que tanto buscaba y el equipo lo agradece con un fútbol no demasiado espectacular, pero cuya eficacia estaría fuera de toda duda si los encargados de transformarlo en goles hubieran estado siempre la mitad de acertados que el día del Almería.

Las sensaciones generales son tan buenas que, de momento, dejan en un segundo término algunos asuntos que en unas circunstancias deportivas menos favorables, acapararían la atención de medios y aficionados. El ya comentado papel de Beñat, la persistente titularidad de Herrera a pesar de su bajo rendimiento, la escasa puntería, los problemas físicos de Aduriz o hasta alguna renovación pendiente quedan ahora a la sombra del brillo que proyecta esa cuarta plaza que ni el más optimista podía prever a estas alturas del campeonato.

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