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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Volver a empezar



Samb, PIlepic y Moerman son los tres únicos jugadores cuya continuidad está asegurada por contrato. Foto ACB

Samb, PIlepic y Moerman son los tres únicos jugadores cuya continuidad está asegurada por contrato. Foto ACB

Han pasado ya unos días desde que acabara la temporada de la peor manera posible y el Bilbao Basket aún trata de desentrañar el jeroglífico en que se ha convertido su futuro. Ya lo era desde el punto de vista económico, pero ahora lo es también en lo deportivo después de perder la plaza en competición europea, que solo recuperará si alguien le invita a participar en la Eurocup o si alguno de los equipos que ha quedado por delante renuncia, lo que ahora mismo no parece probable. Así que los responsables del Bilbao Basket tienen en sus manos una papeleta muy delicada ya que deben trazar un plan que contemple establecer un calendario de pagos de las deudas acumuladas esta temporada y, al mismo tiempo, trabajar en la configuración de la próxima plantilla, esa que deberá medir sus fuerzas a los Philadelphia Sixers el 6 de octubre. Será curioso ver a una franquicia de la NBA enfrentarse a un equipo que no va a participar en competición europea cuando el partido tiene el respaldo y el envoltorio también de la Euroliga.

En todo caso, ese duelo ante la NBA, que tanto preocupa a la Diputación de Bizkaia, es ahora mismo lo que menos inquieta a la afición del Bilbao Basket porque el partido se va a jugar de todos modos. Lo que preocupa al seguidor de los hombres de negro cuando se van a cumplir diez campañas en la máxima categoría y debe preocupar a Gorka Arrinda y su gente -y deben explicar-, es lo que ocurrirá de aquí a ese 6 de octubre y más allá en el tiempo, si ese tiempo va a ser duradero o no. El máximo accionista y consejero delegado habló en su día de “redimensionar” el proyecto, que en las circunstancias sobrevenidas tras el último partido del play-off cabe equiparar a un “volver a empezar”, a colocarse en el lugar donde estaba hace nueve años cuando llegó a la Liga ACB.

Sin embargo, el club cuenta con algo que no tenía en 2004: una masa de 9.000 seguidores que suponen el gran valor del Bilbao Basket de 2013, como han reconocido jugadores, técnico y dirigentes. Claro, que habrá que ver cuántos de esos millares de aficionados, que han conformado eso que se ha llamado el ‘efecto Miribilla’, mantienen su fidelidad. Porque quienes se han llevado las manos a la cabeza convencidos de que el Bilbao Basket ha vivido por encima de sus posibilidades, quienes braman por la mala gestión, no lo hicieron mientras disfrutaban del crecimiento del equipo y de su presencia en la final de la Liga ACB, los cuartos de la Euroliga o la final de Charleroi.

El pasado ya no tiene remedio, ahora importa el futuro y conocer cuántos de esos que se subieron al carro victorioso seguirán los pasos del proyecto ahora que va a avanzar “según sus posibilidades”. O sea, que ya nada de fastos, ni de objetivos grandilocuentes, ni de querer ser uno de los quince mejores clubes del continente. Con todas las cartas sobre la mesa, el Bilbao Basket ha dejado de ser ese club atractivo en el concierto europeo que permitió que llegaran jugadores de un calibre superior para lograr esos éxitos citados. Ahora, todo va a volver a ser más terrenal, más de andar por casa, con una sutil diferencia. Hace algo más de un lustro, todo esto se disfrutaba por la ilusión de la primera vez. Ahora puede parecer poco tras haberse codeado con la élite continental.

Los aficionados tendrán que redoblar su confianza porque tardarán en conocer los nombres que integrarán la próxima plantilla. Es posible, incluso, que cuando la nueva campaña de abonos esté en marcha, falten huecos por cubrir. Si todos estos años han servido para algo, debe demostrarse ahora que habrá que renovar los carnets sin demasiados elementos de juicio. Con una reducción presupuestaria del 35%, la obligación de cumplir con los que se vayan, con los que se queden y con los que puedan venir, sin un patrocinador principal y sin plaza en Europa, salvo sorpresa, el Bilbao Basket va a tener que hacer encaje de bolillos para armar un bloque competitivo ya que su posición en el mercado ha variado sensiblemente. Ya no es seguro que algunos jugadores vayan a seguir en el equipo, aún con una rebaja importante en sus fichas, porque los horizontes competitivos no están claros y eso condiciona las negociaciones y las posibles ofertas que se puedan lanzar. Pilepic, Moerman y Samb son las únicas piezas que tienen garantizada su continuidad en un bloque que también tendrá nuevo responsable técnico.

Y esta no es una decisión cualquiera porque el Bilbao Basket solo ha tenido dos técnicos en nueve temporadas en la Liga ACB. Rafa Pueyo está señalado como un candidato principal al puesto, pero cabe preguntarse si como apuesta decidida, al menos a medio plazo, o porque no hay otro remedio. El actual asistente está perfectamente capacitado, pero necesitará -él o el que sea que ocupe el banquillo- el total respaldo del club y del público del que han gozado en estos años Txus Vidorreta y Fotis Katsikaris para gestionar una plantilla muy renovada en la que, probablemente, habrá jugadores con poca experiencia o con deseos de reivindicarse. Esto no es necesariamente malo, y ejemplos ha habido esta misma temporada, pero sí difícil de asimilar viniendo de donde viene el Bilbao Basket.

De momento, todos son incógnitas apenas una semana después de concluir la temporada, pero si algo necesita en estos tiempos el Bilbao Basket, desde los despachos hasta la grada, es paciencia, estabilidad y una idea clara de cómo quiere afrontar su futuro. El Gran Canaria y el CAI Zaragoza, que están disputando las semifinales ante los dos gigantes de la Liga Endesa, son buenos ejemplos en el sentido de que ambos cuentan y contarán con presupuestos similares o, incluso, inferiores al que manejará la entidad bilbaina la próxima temporada y ello no les ha impedido armar muy buenos equipos. Al fin y al cabo, salvo aquellas dos semanas de 2011 en que la que todo salió rodado para llegar a la final, el Bilbao Basket nunca ha superado el sexto puesto en la clasificación, ni cuando tenía cinco millones de euros de presupuesto ni ahora que ha tenido once.

La conclusión es sencilla: el Bilbao Basket tiene que mirarse al espejo y decidir qué quiere ser y cómo lo quiere conseguir. Después de un largo recorrido por el tablero de la Liga ACB, tiene que volver a la parrilla de salida donde las primeras filas las ocupan otros. Si ha sido por culpa de una mala gestión o, simplemente, por los avatares del deporte ya importa menos. El Bilbao Basket será diferente a partir de ahora, tiene que ser diferente. La duda es saber si todo el mundo lo aceptará con naturalidad para hacerlo duradero.

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