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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Waterpolo, un deporte que quiere hacerse un sitio en Bizkaia



Leioa cuenta con 300 waterpolistas desde los seis años hasta la categoría senior. Foto MITXI

Leioa cuenta con 300 waterpolistas desde los seis años hasta la categoría senior. Foto MITXI

Dos equipos, un balón, dos porterías. Agua en lugar de césped. El waterpolo no es un deporte de masas, ni mucho menos, aunque, poco a poco se está haciendo un sitio entre nosotros, donde, por cierto, ya llevaba muchos años sin hacer apenas ruido. En Leioa, por ejemplo, alrededor de 300 chicas y chicos lo practican desde los seis años de edad hasta la categoría senior. Dos equipos, el Colegio Askartza y el Leioa Waterpolo, comparten desde hace tres años el proyecto Waterpoloa Leioan bizi. Comparten proyecto, piscinas (la del colegio y la del polideportivo municipal de Sakoneta) y equipos. Así, aunque sigan siendo dos entidades independientes, optimizan recursos en un deporte que apenas requiere equipación, basta un bañador y el preceptivo gorro, pero que necesita de un equipamiento tan caro y complicado de mantener como una piscina cubierta y climatizada de al menos 25 metros de largo y 1,80 de profundidad mínima. Poco que ver con las piscinas de 50 metros que vemos en la televisión cuando retransmiten los Juegos Olímpicos o los campeonatos del Mundo como el que se disputará este verano en Barcelona.

No son los únicos proyectos de este deporte que funcionan en Bizkaia. Compiten con la Náutica de Portugalete, el Maristas Bilbao, el Deportivo, el Sestao y el Getxo. Todos forman las divisiones inferiores de las ligas en Euskal Herria. En la punta de la pirámide están el equipo masculino de Askartza y el femenino de Leioa, ambos en la Primera División estatal, la segunda categoría por debajo de la División de Honor. En un deporte dominado fundamentalmente por Catalunya y algunos equipos madrileños, las chicas de Leioa han acabado la Liga cuartas en un grupo de ocho, mientras que los chicos de Askartza han sido los octavos en una Liga de doce equipos. Han cumplido con creces con el objetivo que se habían marcado al inicio del curso, que no era otro que el de la permanencia.

Pero su principal mérito, con serlo, no es solo el rendimiento deportivo, sino la siembre que están realizando para que un deporte minoritario y casi exótico por estos pagos, adquiera carta de naturaleza. Jon López, responsable técnico y algo más, de Leioa, señala que hace tiempo que compiten con otros deportes sin hacer campañas de captación. “Con trescientas fichas no las necesitamos porque tampoco podemos ser muchos más; las piscinas nos marcan la limitación”.

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El campo de juego es con seguridad el condicionante que determina el desarrollo de este deporte. “Cualquier niño o niña está practicando su deporte prácticamente a cualquier hora del día, en el recreo o en la calle”, advierte. “Cuando corre, juega al fútbol o monta en bici, ya está realizando su actividad o, sí me apuras, entrenando de alguna manera. En el waterpolo no ocurre así. El niño o la niña solo puede hacer waterpolo cuando se mete a la piscina”.

Por eso los entrenamientos se programan a diario. Jon López está en la piscina todos los días en sesiones que se alargan desde de las seis de la tarde hasta las once de la noche, ayudado por Josu Barrenetxea (responsable de la Escuela) y otros tres técnicos. Hablar de profesionales en este deporte es muy relativo, aunque en Leioa pongan mucha atención en los recursos humanos y en la dedicación de estos para que el proyecto funcione como debe. Con el único patrocinio fijo de la Fundación Bizkaialde, los waterpolistas también tienen que dedicar parte de su tiempo a organizar rifas y a pedir el apoyo del pequeño comercio y la hostelería del pueblo, esos recursos atípicos que tan bien conocen todos los deportistas modestos.

El waterpolo en Bizkaia todavía está muy lejos del de Catalunya y a años luz de las mecas del profesionalismo de este deporte, Italia, Hungría y los países balcánicos. Y aunque las crónicas dicen que fue en Portugalete donde se disputó el primer partido de waterpolo en la península hace ahora un siglo, sus actuales practicantes reconocen que le falta tradición entre nosotros. Es lógico que todavía no haya un solo waterpolista vasco en la élite, aunque todo se andará a la vista de cómo está funcionando la cantera.

Porque los conceptos han cambiado, “antes –relata Jon López- un nadador se dedicaba a nadar y cuando se aburría o veía que ha no mejoraba sus marcas, podía pasar al waterpolo. Ahora el proceso ha cambiado; nosotros tenemos una escuela de waterpolo, no de natación, y desde pequeñitos metemos a los niños y a las niñas en la piscina a hacer waterpolo”. Surge la inevitable comparación con el fútbol. “El waterpolo abarca u montón de elementos técnicos que hay que trabajar desde el principio. Está el manejo del balón el juego de equipo… Pensar en que a los más pequeños solo hay que enseñarles a nadar es como decir que a un futbolista alevín solo hay que enseñarle a correr o a moverse de aquí para allá en el campo”.

Como todavía ocurre en todos los deportes, la presencia femenina también es minoritaria en el waterpolo de Bizkaia, aunque, en este caso, tiene una explicación y un factor de corrección. Este ha sido un deporte únicamente masculino hasta hace muy poco. La versión femenina no fue olímpica hasta los Juegos de Sidney el año 2000. Afortunadamente, desde entonces no ha parado de crecer. Un buen ejemplo lo dan los equipos de Leioa, representados por chicos y chicas en todas las categorías, aunque todavía los chicos supongan más de la mitad de las trescientas fichas de que disponen.

Y si los equipos seniors han cumplido sus objetivos, los de base han cosechado éxitos. En juveniles se han proclamado campeones de Euskal Herria tanto los chicos como las chicas, aunque han renunciado a ejercer su derecho de acudir a los campeonatos de España. Sí lo harán en cambio los cadetes de Askartza, campeones vascos también, y los infantiles femenino y masculino del Leioa.
Reportaje gráfico: MITXI

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