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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

…y a todo esto, llega el Eibar



El Eibar eliminó de la Copa al Athletic en su última visita a San Mamés. Ekiza podría jugar ahora con la camiseta de los armeros

El Eibar eliminó de la Copa al Athletic en su última visita a San Mamés. Ekiza podría jugar ahora con la camiseta de los armeros

Lo que en verano se veía como un partido festivo, el estreno del Eibar en San Mamés como equipo de
Primera División, se ha convertido para el Athletic en un compromiso algo más que peliagudo. Hay quien se toma al Eibar como el prototipo de equipo ‘simpático’, según la insondable calificación que de los distintos equipos se ha hecho desde siempre en cierta prensa. Equipo simpático, o mejor, simpático equipo en las crónicas clásicas: dícese del equipo modesto en economía y plantilla, preferentemente procedente de una ciudad pequeña, que cae goleado sin dar una mala patada y acepta humildemente su condición de invitado agradecido a una fiesta que no es la suya. Clasismo puro y duro, en definitiva.

El Eibar tardará muy poco en dejar de ser ese simpático equipo al que se mira con benevolencia. Para los aficionados del Atlético de Madrid ya no lo es. Y dejará de serlo para el resto a medida que le vayan conociendo. Porque al margen de las habilidades sociales de Garitano y los suyos, este equipo no se deja golear ni acepta de buen grado la condición de invitado a una fiesta que no es la suya. Al contrario, este equipo quiere seguir formando parte del club de los elegidos y sabe lo que tiene que hacer para que no le expulsen.

De momento, el Eibar llega a San Mamés con cuatro puntos más que el Athletic y los que miran por encima del hombro son los azulgranas, que es como se mira desde el noveno puesto a quien ocupa ahora mismo una plaza de descenso. Es evidente que cinco jornadas no son suficientes para establecer juicios de valor definitivos, pero, de momento, el Eibar ha sumado probablemente algo más de lo que todo el mundo calculaba y el Athletic mucho menos de lo que podía prever hasta el agonías más recalcitrante.

Pero tanto o más importante que los puntos es el estado anímico en el que llegan los dos equipos a éste partido, con tintes de histórico para el visitante. Mientras el Eibar comprueba que se puede desenvolver en la máxima categoría con dignidad y compitiendo, el Athletic se está sumiendo en un mar de dudas, más profundo cada jornada que pasa sin ver la luz. La derrota de Vallecas ha encendido las alarmas y la palabra crisis ya se pronuncia en el entorno rojiblanco, por no hacer mención de otras que incluso suenan peor en los oídos del aficionado, acordes con la posición que ocupa el equipo en la tabla.

De pronto lo que debía ser una fiesta protagonizada por dos equipos felices, uno en Champions después de dieciséis años y el otro en la máxima categoría por primera vez en su historia, se ha convertido en una cita angustiosa para el Athletic, obligado ya a ganar sí o sí estos tres puntos porque, por mucho que la Liga esté empezando, hay menos paciencia en el fútbol que neuronas en la casa de Gran Hermano y, no nos engañemos, San Mamés es una excepción pero solo hasta cierto punto.

Se hace difícil entender lo que le está ocurriendo al Athletic en la Liga porque los mensajes que emite el equipo son contradictorios. Podría entenderse tan poco rendimiento por el bajo estado de forma de algunos de sus futbolistas de referencia, por la ausencia de un titular de la temporada anterior, por la falta de un plan de juego… pero eso solo ocurre en los partidos de Liga. El desempeño de los rojiblancos en Europa nada tiene que ver con lo que vimos en Vallecas. El Athletic eliminó con autoridad a un rival del nivel del Nápoles y fue de cara ante un Shakhtar Donesk que es alguien en el panorama europeo. Fue un equipo reconocible en sus virtudes el año pasado y también en sus defectos, es cierto, pero el balance seguía siendo favorable.

Lo que no se acaba de entender es que futbolistas que como Muniain, se echaron el equipo a la espalda contra el Nápoles, bajen tanto en su rendimiento apenas una semana más tarde. O que un jugador que como Iturraspe en Europa echó mano de clase y oficio para compensar un estado de forma acorde con las fechas, se comporte con tan poco sentido común y reniegue de su calidad en partidos que sobre el papel le hubieran tenido que resultar más sencillos de solventar.

Esa dualidad en el rendimiento global del equipo despista y complica el diagnóstico. El Athletic no es el primer equipo que presenta dos caras, según sea la competición, pasando de la excitación a la indolencia. Pero no parece que sea el caso. La desidia no es precisamente una característica de los rojiblancos, todo lo contrario.

Los fallos individuales han condicionado el desarrollo de todos los partidos en los que el equipo ha caído derrotado. En Barcelona ocurrió en el minuto 80. Contra el Granada y el Rayo el accidente llegó antes del descanso. Que el equipo su supiera sobreponerse para dar la vuelta a la situación dice bien poco de su capacidad de reacción, virtud que tantos puntos le dio el año pasado.

Nadie como Valverde sabe qué es lo les está pasando a sus futbolistas y cómo pueden llegar las soluciones. Su capacidad no está a prueba, como no lo está la calidad general del equipo. La clasificación y el calendario empiezan a apretar y ya urge una reacción. La visita del Eibar puede ser una oportunidad tan buena como cualquier otra.

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