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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Y esta historia se acabó…



Quién nos iba a decir que a mediados del mes de Diciembre y cuando, todavía, restan tres jornadas para acabar la primera vuelta, no solo estamos en condiciones de otorgar el oficioso título de campeón de invierno al Futbol Club Barcelona, si no que, o la R.F.E.F. no lo remedia, permitiendo que los partidos que jueguen el resto de equipos perseguidores y que ganen, sumen de cinco en cinco puntos, estamos en disposición de afirmar que el campeonato de Liga, ya tiene dueño.

No es normal que, por muy “bicéfalo” o “tricéfalo”, que se presente nuestro campeonato, a estas alturas de competición la distancia entre el líder y sus más inmediatos perseguidores sea tan importante. Sacar nueve puntos al segundo clasificado y trece al tercero cuando solo se han consumido dieciséis jornadas, es un fiel reflejo de la insultante superioridad del Barsa en lo que llevamos de temporada.

Bien es cierto que no es lógico el número de puntos que aventaja a su eterno rival en la lucha por la consecución del título, el Real Madrid, ni la imagen que ofrece el equipo del ahora cuestionado Mourinho, de no ser por la fractura de relaciones existen en el club entre los dirigentes, entrenador, jugadores y afición.

Problemas que subyacen a la diferencia de nivel futbolístico entre ambos equipos, como consecuencia de esa falta de paz social provocada por su entrenador y que ha terminado por desenmascarar y descubrir la pobre propuesta de fútbol de un plantel de super-estrellas, que han acabado por rendir muy por debajo de sus reales posibilidades futbolísticas.

También hemos presenciado la impotencia de un equipo que hizo albergar algunas esperanzas de convertirse en alternativa en la lucha por el título, el Atlético de Madrid, y que aun siendo un gran equipo y ser capaz de rendir a un nivel altísimo, no le da para alcanzar la envergadura futbolística de esa maravillosa máquina de crear fútbol en que, jornada tras jornada, nos demuestra que se ha convertido el equipo ahora dirigido por Tito Villanova.

Es justo reconocer, que durante muchas jornadas, vimos en el Atlético, no solo por el deseo de romper esa hegemonía cansina de los dos transatlánticos, sino por sus prestaciones futbolísticas y resultados impresionantes, un equipo capaz de plantar cara y convertir el campeonato, caracterizado por esa “lucha a dos”, en un triunvirato que animara y generara nuevas expectativas de cara al interés mayoritario sobre el campeonato de Liga hasta el final de la competición.

Pero la realidad es bien distinta a los deseos de un gran número de aficionados al fútbol, que han visto como en solo este tramo de campeonato, la diferencia entre la propuesta futbolística del Barsa, y el resto de equipos, se encuentra tan alejada como la posibilidad de que te toque el gordo de la lotería de Navidad cuando solo has comprado decimos para el sorteo del Niño.

Como siempre nos queda recurrir al socorrido “en fútbol todo es posible y queda aun mucha liga por delante”. Y no nos faltará razón. Pero solo un auténtico desastre en cuanto a desgracias futbolísticas, léase lesiones, podría dar opciones de acercarse tanto al Atlético como al Real Madrid, al nivel clasificatorio, que no al futbolístico, del hasta ahora intratable líder de la Liga.

Pablo Simeone, entrenador del Atlético de Madrid, equipo que se ha convertido por rendimiento y resultados en el animador de ese trío de “candidatos” al título ha dicho que “la Liga es aburrida”.
¡Hombre!, si solo nos miramos en el espejo de los equipos que le pelean el título al Barsa y sus escasas opciones, podríamos convenir que sí. Pero la Liga no es solo eso. Que se lo pregunten a los aficionados del Málaga, Levante, Betis, Rayo, Valladolid… ¡a los del Athletic! …

Yo no me centro solo en lo atractivo que resulta o no la pelea por la consecución del título liguero. Donde desde hace varias temporadas se vive una “bicefalia” en torno a esa posibilidad.
Pero la Liga no se acaba ahí. Insisto. Que se lo pregunten a ese grupo de equipos, que desde hace años no peleamos por la Liga. Pero que tanto en la temporada pasada como en la presente, realizaron o realizan una temporada histórica en cuanto a resultados o clasificación, por lo menos hasta el momento actual.

Nuestras dos finales de la pasada temporada. La clasificación para la Champions del Málaga y el nivel de juego que exhibe y que le sitúa en posiciones de revalidar lo conseguido el año pasado. El Levante, que ha demostrado que lo del año pasado no fue casualidad. El Betis, que además de jugar bien, tiene a su afición entregada con el equipo. El rendimiento del recién ascendido Valladolid. La confirmación del Getafe. El renovado estilo del Rayo, casi mejor equipo como visitante que como local. Y la lucha de equipos como Athletic, Valencia y Sevilla por recuperar el status y nivel de temporadas pasadas.

Y qué decir de la emocionante lucha de los equipos que pelean por escapar de posiciones de descenso. Que se aferran cada jornada a esa posibilidad de mantener la categoría con uñas y dientes, y que no hacen más que confirmar la tremenda igualdad que existe entre los equipos que conforman la llamada “otra Liga”. Considero que se ha producido, entre todos estos equipos, un gran equilibrio de fuerzas, una gran igualdad, donde la frase “cualquier equipo puede ganar a cualquiera” tiene ahora más significado que nunca.

Desde luego que no es el escenario ideal. Que todos querríamos una Liga más abierta. Con más igualdad en los puestos de cabeza. Con más candidatos a conseguir el ansiado título. O por lo menos recortar las distancias. Equilibrar las posibilidades. Los clubes luchan al límite de sus fuerzas contra la dureza de la competición, dentro cada uno de las posibilidades que les otorgan sus estructuras y su capacidad de generar ingresos para poder reforzarse temporada tras temporada.
Pero, hoy por hoy, las diferencias entre unos pocos equipos y el resto convierten el asalto a esas privilegiadas posiciones en una quimera difícilmente alcanzable.

Pero algo tendrán que decir la L.F.P. y los diferentes operadores televisivos, en el reparto más equitativo y equilibrado de los recursos que generan todos los equipos, para así, equiparar más las posibilidades de cada club en ese intento por ser cada día más competitivos.

Aunque lo que verdaderamente me parece inexplicable es la inacción de la L.F.P., que son los clubes, ante el injusto reparto de los derechos televisivos y la sinrazón de la distribución en los horarios de los partidos. Da la sensación de que la única intención de los operadores televisivos es la de sacar a los espectadores de los estadios y llevarlos al sofá de su casa, para así incrementar el número de abonados, y por consiguiente el de sus ingresos. Y a todo esto los clubes, en la voz de sus socios y aficionados, despotricando de los días y horarios que les imponen las televisiones para sus partidos.

Y mientras tanto la L.F.P. ¡tan tranquila!…

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