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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

…y Raúl de portero



Caballero le sacó a Aduriz un remate a bocajarro que debió suponer el empate antes del descanso. Foto MITXI

Caballero le sacó a Aduriz un remate a bocajarro que debió suponer el empate antes del descanso. Foto MITXI

Ahora mismo el Athletic es un peso mosca en una categoría en la que nadie baja del peso welter. Compone una figura bonita, se mueve con estilo y amaga con cierta calidad, pero todo lo hace ante el espejo. Cuando llega la hora de enfrentarse a un rival de verdad la figura se desarma con demasiada facilidad y el estilo se desmadeja; los amagos continúan eso sí, porque el ataque del Athletic es puro amago, un pedito de monja que no hace ni cosquillas al contrario. Se podrá decir que el Athletic tuvo ocasiones suficientes como para no perder ante el Málaga; que en realidad el rival no atacó más, ni dispuso de más oportunidades y que finalmente el portero Willy Caballero acabó salvando a su equipo. Quien quiera puede continuar consolándose con ese discurso. La impresión general después de los noventa minutos es que el Málaga se conformó con administrar su mínima ventaja porque se sintió lo suficientemente cómodo para hacerlo. Queda la sensación de que, de haberlo necesitado, el equipo andaluz hubiera podido lograr un marcador más contundente a poco que hubiera apretado.

Manuel Pellegrini compuso su alineación con un ojo puesto en su partido de Champions del próximo martes; Marcelo Bielsa hizo el equipo que buenamente pudo con los jugadores de que dispone ahora mismo. Un vistazo a los dos banquillos basta para comprender de qué estamos hablando. Suena a excusa, pero es la cruda realidad de un equipo al que se le empiezan a acumular todos los síntomas que suelen acompañar a los que se mueven por la zona baja de la tabla. Se amontonan las desgracias que impiden mantener una mínima continuidad y esquilman una plantilla corta de salida. Sanciones, lesiones, fallos garrafales…qué mal suena todo. Antes de la media hora de juego Gurpegui abandonó el campo lesionado y San José ocupó su lugar en el eje de la defensa. El cambio tiene su propia historia. Gurpegui sintió el dolor que anuncia la lesión. Inmediatamente levantó el brazo pidiendo el cambio. Cojeaba ostensiblemente cuando el balón llegó de nuevo a sus pies. Suya era la decisión de echarlo fuera, parar el partido y facilitar el cambio, pero eligió cederlo a su portero. El novato Raúl le tuvo que decir al veterano capitán que se fuera al suelo y el novato fue quien a la postre sacó el balón del campo para que se produjera el cambio. ¿En qué piensan estos chicos en esos momentos?.

El cambio de portero suele ser también un mal síntoma cuando se produce en plena temporada y sin mediar lesión del titular. En la historia reciente del Athletic podemos encontrar varios casos en los que los fallos del grupo acabaron cobrándose una víctima debajo de los palos, quizá porque al vestir distinto del resto de los compañeros, al portero se le ve más. Marcelo Bielsa no aguantó el tirón y, según explicó después del partido, en su decisión tuvo que ver la reacción del público hace siete días. Lo cierto es que jugó Raúl y no lo hizo mal, aunque es mejor para todos abstenerse de emitir juicios definitivos hasta no tener más elementos de prueba.

No fue Raúl el protagonista decisivo del partido. Lo fue mucho más Caballero, su colega en la portería contraria que, apenas superada la media hora de juego, evitó un gol cantado tras un remate de Aduriz a un metro de la portería. Como ocurre con los penaltis, en este caso tuvo más responsabilidad el que falló que el que acertó. Y es que a Aduriz de pronto se le ha desviado el punto de mira. Lleva cuatro partidos sin ver puerta y su rendimiento ha bajado de manera notable. Es uno de esos delanteros que viven más del gol que de su participación en el juego colectivo y si Aduriz no marca todo el juego de ataque del Athletic se resiente.

En La Rosaleda el equipo rojiblanco fue un grupo demasiado plano, distensionado, sin punch; un conjunto que se movió perezoso tras una salida engañosa en la que para el primer minuto Ibai Gómez ya había forzado un corner. El impulso inicial se apagó muy pronto y el Málaga fue llevando el partido a su terreno hasta que a los diecisiete minutos Saviola marcó el gol en un remate ful. Qudaba todo el partido para temer otro desastre, pero los andaluces levantaron el pie y concedieron al Athletic la oportunidad de enmendarse. Pusieron voluntad los rojiblancos, pero la voluntad no sirve por sí misma; hacen falta otras muchas cualidades que los de Bielsa no tuvieron.

Iraola y Susaeta mantuvieron viva la esperanza desde la banda derecha, pero apenas encontraron colaboración en un Herrera fallón y despistado y un De Marcos que acabó sustituido. El reaparecido Iturraspe tampoco aportó lo que se espera de él cuando esté en plenitud de condiciones. Al otro lado Aurtenetxe lo intentó y hasta se presentó con cierta frecuencia en el área contraria, pero sus limitaciones no son un secreto para nadie a estas alturas. Son similares a las de Ibai Gómez, cuyo buen golpeo de balón no puede compensar otras carencias impropias de la categoría.

Como casi siempre el Athletic se fue desgastando erosionado por sus propios fallos. Llegar con cierta claridad al borde del área para dar el último pase al amigo invisible o equivocarse siempre en el momento decisivo acaba con cualquiera cuando la cosa se repite tantas veces. Que los porteros rivales se conviertan en la figura de su equipo cuando juegan contra el Athletic tiene que ver con la frecuencia de remates de los rojiblancos, claro, pero también con la calidad de esos remates: tiran mucho pero casi siempre al muñeco. Caballero estuvo muy seguro, cierto, pero salvo en un saque de falta bien ejecutado por Ibai que despejó en la escuadra, el resto de los remates que repelió en la segunda parte fueron demasiado previsibles.

El de Málaga fue otro partido tirado a la basura. De nada sirve componer una bonita figura ni amagar una y otra vez, si el rival te envía a la lona en cuanto saca sus puños. Los partidos de fútbol no se ganan a los puntos; se ganan marcando goles, que son los que dan los puntos. Suena parecido pero no es lo mismo. A ver si nos vamos enterando.

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Un comentario

  1. Creo que este juego del Athletic es un juego no competitivo, todo muy bonito, muy estético, pero se olvidan de que existen las porterías, y que lo que da puntos es evitar que el contrario te meta un gol y que tu los marques. Que no es nuestro caso.

    No vale decir que merecimos ganar partido tras partido, porque cuando ocurre algo así es que algo falla y por lo que veo nadie está dispuesto a rectificar y a pensar el porqué nos pasa eso y así nos vamos a segunda, jugando bonito.

    El equipo no está compensado, porque Bielsa no alinea jugadores de perfil defensivo que sostengan tanto el centro de campo como la defensa, por lo que todos los equipos entran a nuestra área como cuchillos.