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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Ya llueve menos



Iñaki Williams volvió a ser titular y aportó cosas interesantes en el primer tiempo. Foto AC

Iñaki Williams volvió a ser titular y aportó cosas interesantes en el primer tiempo. Foto AC

Se suele decir, y está comúnmente aceptado como una verdad revelada que el calendario de la Liga no tiene mayor importancia porque, al fin y al cabo, todos tienen que jugar contra todos. Pero el calendario importa, vaya si importa. Que se lo digan a Valverde, que tuvo que presentar en Ipurua su segunda unidad después de la paliza del pasado jueves ante el Torino. En el banquillo se sentaron Iraola, Aduriz, Susaeta, Laporte, Beñat y Unai López, además del portero Herrerín. ¡Échale hilo a la cometa! En el césped compareció una delantera formada por Williams, Guillermo e Ibai. La última vez que Valverde intentó algo parecido el Athletic perdió en San Mamés ante el Granada. Es normal que el técnico se haya estado tentando la ropa desde entonces y que, pese a los muchos compromisos entre semana que ha tenido el Athletic, las alineaciones hayan guardado siempre un orden con los cambios justos y hasta escasos.

No hubiera sido el mismo Athletic el que se hubiera presentado en Ipurua en otro momento del calendario. Pero tampoco es éste el mismo Eibar que ha asombrado a propios y extraños durante cuatro largos meses. Aquel equipo eufórico al que le salía todo, ejemplo de orden y disciplina, estajanovista convencido que peleaba desde el minuto uno al noventa con la misma intensidad, se ha convertido en una copia tan difuminada que solo se reconoce por su voluntad a prueba de bomba. Aquel bloque de granito que empató en San Mamés en la primera vuelta es ahora piedra pómez, un grupo poroso, liviano, propenso al error y rendido a la melancolía que provoca el recuerdo de los buenos tiempos.

El juvenil ataque que presentó el Athletic le dio una alegría a su hinchada, siempre deseosa de adivinar futuros cracks en los productos de su cantera. Guillermo reaparecía dos meses después de que aquella coz que le propinó el colchonero Giménez le dejara fuera de combate. No era previsible que los aguerridos centrales del Eibar le prepararían un recibimiento amable en su regreso a la actividad, pero el chaval ha vuelto con ganas y dispuesto a defender su sitio en el escalafón de los meritorios, seriamente cuestionado por un Williams que ayer jugó pegado a la banda derecha y que volvió a poner en valor su capacidad para conservar la pelota y una velocidad que trajo por la calle de la amargura a Lillo. Entre el chaval y De Marcos convirtieron la banda derecha en una pista americana en la que la defensa del Eibar se dejó los dientes.

Para cuando Gurpegui marcó el gol que iba a suponer la victoria, el Athletic ya había dispuesto de varias ocasiones para lucimiento de Jaime, ayer bajo los palos sustituyendo al últimamente desafortunado Irureta. Un cabezazo picado de Williams que se fue rozando la base del poste, otro de Guillemro al que el portero respondió con un paradón, una salida desesperada para taponar un remate del propio Guillermo… el Athletic llegaba con claridad y con variedad de recursos, casi siempre empezando por la derecha, es verdad, pero alternando también con algunas acciones de Ibai por la izquierda.

La clave estaba, sin embargo, en el centro del campo, donde San José y, sobre todo, Rico, fueron un agujero negro que se tragó todos los intentos de progresar del Eibar. Solo Manu del Moral encontraba alguna oportunidad aprovechando la posición casi siempre adelantada de De Marcos y sus escasas condiciones para ejercer de defensa puro. Muy poca cosa para un Athletic muy superior y que debió irse al descanso con el partido resuelto a poco que hubiera tenido una gota más de suerte o de acierto, sobre todo en el tramo final cuando el gol de Gurpegui dejó al Eibar como un boxeador tocado, flotando en la lona de Ipurua.

El fútbol del Athletic no tuvo continuidad en la segunda parte y fue una lástima porque siempre es una alegría ver a los chavales ganándose el puesto. Guillermo acusó la inactividad, cosa lógica y Williams quedó más aislado tras cambiar Garitano a Lillo por Didac Vila en el descanso. Pero todo el equipo dio un paso atrás, como si lo que ocurrió el jueves ante el Torino pesara en su memoria. El Athletic tiró de sentido común, y tras no aprovechar su oportunidad de remachar antes del descanso, eligió nadar y guardar la ropa en la continuación. Invitaban a ello las maniobras del rival pese a que Garitano cambió todo lo cambiable en busca de recuperar la profundidad perdida. Al Athletic le bastó con esperar bien ordenado atrás y presionar en el centro del campo, para desactivar todo el juego del Eibar. Iraizoz apenas tuvo que intervenir para atajar un par de centros con algo de intención. Todos los demás balones que le llegaron fueron cesiones de sus compañeros o pelotazos lejanos y sin sentido que pretendían ser pases en profundidad.

Con eso le bastó al Athletic para seguir robando en posiciones interesantes para montar contras que un equipo más solvente hubiera traducido un un marcador mucho más amplio. Pero las musas del fútbol siguen sin hablarse con los rojiblancos. Un cabezazo de Aduriz, que jugó la última media hora, y que repelió Jaime a una mano, fue el momento más caliente de todo el segundo tiempo. El juego no adquiría la coherencia necesaria porque Ibai no encontró la forma de irse de nadie y porque Muniain entró en una de sus habituales exhibiciones de decisiones equivocadas, pases defectuosos y balones perdidos de la manera más tonta.

Las opciones en ataque del Athletic mejoraron algo cuando Iraola entró por Williams para ocupar el costado derecho de la línea de centrocampistas. Valverde repitió la maniobra que tan bien le salió en los últimos minutos en el campo del Levante y la cosa también funcionó en Ipurua. Pero la presencia de Iraola, al margen de que fuera el autor del centro que cabeceó Aduriz, aportó más al control del juego que a opciones más ofensivas, así que la única posibilidad que le quedó al Athletic fueron las segundas jugadas, rechaces y rebotes al borde del área que Rico fue recogiendo durante todo el partido. Si llega a tener el punto de mira regulado quince o veinte grados más abajo, monta un estropicio en la portería del Eibar.

Se trataba de ganar y se ganó un partido que venía muy complicado por lo que ocurrió el jueves en San Mamés y por las circunstancias del calendario. El Athletic supo reaccionar, Valverde maniobró con su plantilla para descubrir que a lo mejor tiene más material de lo que él mismo cree, y los jugadores volvieron a demostrar que tienen calidad para estar en otra posición en la tabla. Un gol al Rayo y otro al Eibar le han dado al Athletic seis puntos imprescindibles para sacar la cabeza y afrontar el calendario inmediato con otra cara. Ahora espera la vuelta de la semifinal de Copa y la visita del Real Madrid a San Mamés. Queda trabajo por delante pero ya llueve menos.

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