Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Aquel Granada terrorífico, memoria de un fútbol de otra época



Dice Nolito que el Granada vendrá a San Mamés «con los cuchillos fuera». El fútbol, ya se sabe, es un lugar propicio para el lenguaje bélico. Basta con echar un vistazo a las portadas del día: «España conquista París» concluye la prensa patria, más patria que nunca, y casi tan exaltada como el locutor de Telecinco al que el gol de Pedro le recordó la toma de la Bastilla en una relación de ideas solo comprensible para su calenturienta mente. Algo le sonaría de oidas y lo soltó para subrayar su entusiamo.

Pero volvamos a Nolito y su apelación a los cuchillos. El delantero del Granada no hizo más que desgranar en su intervención todos los tópicos previos a un partido entre dos equipos de la zona baja a diez jornadas de la conclusión. «Es un partido difícil pero el fútbol es once contre once», «vamos a ir a jugar y a ganar los tres puntos», «ellos harán su partido y nosotros el nuestro». Puesto a recitar tópicos, solo le faltó aquel que solía recordar un antiguo periodista bilbaino en estos casos: «los indios nunca atacan de noche», que era lo que siempre solía decir en las películas de nuestra infancia el oficial del séptimo de caballería para tranquilizar al recluta novato.

No es previsible que los cuchillos a los que se refiere Nolito acaben llevando la sangre al río. Afortunadamente para todos, este Granada no es aquel equipo que sembró el pánico en la década de los setenta y engordó las cuentas corrientes de traumatólogos y masajistas proporcionándoles involuntarios clientes cada domingo. Los Mikel Rico, Ighalo, Nolito o Buonanotte de hoy en día, no tienen nada que ver con aquellos Aguirre Suárez, Montero Castillo y Fernández que perviven en la memoria colectiva del fútbol como la encarnación del mal. Quizá solo el mítico Nobby Stiles, que se dejaba la dentadura postiza en el vestuario antes de salir al campo a buscar pelea, o el más reciente Vinnie Jones, cuyas agresiones en el césped hubieran sido meredoras de cárcel de producirse en la calle, pueden equipararse a aquel trío de matones.

Eran los tiempos en los que el del campo era, efectivamente, un factor decisivo, y no por el ánimo de la grada precisamente, sino por la ausencia de cámaras que favorecía la impunidad más absoluta frente a la débil autoridad de un árbitro intimidado. Era un fútbol inimaginable hoy en día en el que los jugadores tenían toda una lista de cuentas pendientes y peleas inacabadas con varios rivales. Marcador y marcado protagonizaban una novela por capítulos a razón de dos entregas por temporada. Cuenta un veterano del Athletic que personalmente procuraba devolver con intereses en San Mamés todo lo que cobraba cuando se desplazaba a determinados campos. El fútbol era así entonces y todos los equipos tenían al menos un par de jugadores que intimidaban con su sola presencia.

Pero lo de aquel Granada era otra cosa. Aguirre Suárez, ‘El Negro’, ya lucía unos antecedentes preocupantes para cuando llegó al equipo nazarí. Venía de aquel Estudiantes pletórico cuya gloria se lee en la historia negra del fútbol. Aquel equipo campeón de la Libertadores, que le ganó la Intercontinental al Manchester United de Bobby Charlton y George Best pervive en la memoria como uno de los conjuntos más violentos que ha conocido el fútbol. Tipos como Bilardo, Echecopar o el propio Aguirre Suárez tuvieron mucho que ver con eso. Cómo serían aquellos futbolistas que la final de la Intercontinental de 1969 acabó con tres de ellos en la cárcel. Estudiantes había perdido en la ida contra el Milan y en la vuelta solo pudo ganar por 2-1. La imagen de Nestor Combin, un delantero internacional francés de origen argentino que jugaba en el Milan, tendido en el suelo con la camiseta ensangrentada y la nariz partida por el codazo alevoso de Aguirre Suárez resume aquel partido. La agresión desencadenó una batalla campal. El general Onganía, que presidía entonces Argentina manu militari, ordenó el ingreso en prisión durante un mes de Aguirre Suárez, Poletti y Manera, seguramente para tratar de evitar un conflicto diplomático. Poletti fue suspendido de por vida, Manera fue sancionado con 20 partidos en la liga argentina y tres internacionales y Aguirre Suárez por 30 partidos de la competición doméstica y cinco años para partidos internacionales, lo que probablemente
le animó a exiliarse en el Granada para poder continuar jugando.

La agresividad de Montero Castillo, ‘El Mudo’, era más homologable a la del resto de los defensas de la época. El uruguayo era un tipo duro, claro, pero no más que otros centrales que imponían su ley en las áreas. Su condición de centrocampista influiría, porque aunque jugó como medio de contención, las exigencias del puesto eran otras. Su palmarés cuando llegó al Granada incluia seis títulos de la Liga uruguaya, y todos los campeonatos internacionales de la época. Era uno de los fijos de la selección de su país y con la celeste llegó a disputar el Mundial de 1970. Solo estuvo una temporada en España así que apenas tuvo tiempo de dejar huella.

«No nos comíamos a los niños», decía el paraguayo Pedro Fernández en una entrevista en El País hace dos años en la que justificaba su estilo de juego como algo natural. Fernández fue el futbolista que más partidos jugó en Primera en aquel Granada y el que dejó una huella más profunda. Por ejemplo en el cuádriceps del madridista Amancio a quien propinó una patada que inauguró las repeticiones en televisión y, según su versión, las sanciones basadas en las imágenes. El video que encabeza este texto fue la prueba de cargo que esgrimió el Real Madrid. «El árbitro no pitó ni falta», dice, pero ahí le falla la memoria. Pitó falta, aunque no le amonestó. Días después le caerían quince partidos de sanción por aquello. Alguna relación habría entre la dureza del castigo y las declaraciones de los médicos que atendieron a Amancio, comparando el boquete en el muslo del delantero con los que veían en las piernas de los toreros después de una cogida.

Sembraron el pánico y pasaron a la historia como los más duros. Pero no fueron los únicos. Griffa, Ovejero, Panadero Díaz, Benito, Gallego, Carrete, Gorriti, De Felipe… la nómina era muy extensa en aquel fútbol en el que los delanteros tenían que sumar a sus cualidades un instinto de supervivencia muy desarrollado. Visto desde esta perspectiva, la apelación de Nolito a los cuchillos solo puede provocar ternura.

Share This:

Un comentario

  1. Vaya entradita!!!
    Entonces a Pedro Fernández si le cayeron 15 partidos, pienso que hoy en día, aquí, le sancionan con 10 y si la camiseta es blanca y el escudo real, menos aún.