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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Athletic, el juego, los resultados, las certezas y las dudas



El Athletic se ha quedado con un banquillo que apenas aporta soluciones. Foto MITXI

El Athletic se ha quedado con un banquillo que apenas aporta soluciones. Foto MITXI

Jugar bien para perder; jugar mal para ganar. Los merecimientos y la injusticia; los veinte puntos que faltan en el casillero o los dieciséis, según el último recuento. El Athletic ha sido durante toda esta temporada un monumento a la contradicción donde casi nada ha ocurrido dentro de los cánones de la lógica. Habrá pocos partidos en los que no haya quedado la sensación de que el marcador hubiera podido ser bien distinto a poco que las cosas hubieran transcurrido con una cierta normalidad en el campo; si los delanteros hubieran transformado solo alguna de las múltiples ocasiones de las que disfrutaron o si los hombres de la zaga no hubieran cometido aquel error infantil.

Esa disociación entre el juego y los resultados, además de los réditos de la pasada temporada, ha permitido que el equipo haya estado viviendo un curso tranquilo en cuanto a la respuesta de la grada se refiere. De hecho, los únicos recados que les han llegado a los jugadores han sido más gamberradas en forma de pancartas y bengalas, que manifestaciones razonables, y se han centrado en aquellos que han decidido abandonar la nave. Digamos que por asuntos meramente deportivos, el único que ha concitado en su persona las iras del respetable ha sido Iraizoz el infausto día del Espanyol.

La afición ha soportado los malos resultados con resignación y la esperanza de que el equipo acabara por romper un día su mala racha y que el juego más que aceptable que se apuntaba al menos durante unos minutos de cada partido, recuperara la consistencia y la continuidad suficientes como para revertir la situación y regresar a una versión del equipo más parecida a la del año pasado. El público se ha aferrado a la idea de que la falta de goles no es tanto problema si se generan ocasiones y que la mala suerte no puede ser eterna. Ahora mismo ambas afirmaciones están seriamente cuestionadas.

El problema es que a estas alturas de la temporada, a falta de diez partidos para la conclusión, el buen juego ha desaparecido y no ha tardado en imponerse la lógica más perjudicial para el Athletic: tan previsible es ganar jugando bien, como perder jugando mal. Lo ilógico fue lo de los partidos contra Osasuna y Valencia; lo lógico es lo que ocurrió el día del Atlético de Madrid o lo del sábado en Getafe. Por recordar solo lo más próximo, lo del Betis o lo del Valladolid fue el resumen del Athletic de este año: puro surrealismo.

El buen juego ha desaparecido en las últimas citas y aunque algunos resultados han acompañado, el seguidor del Athletic, que de esto sabe bastante, se ha dado cuenta de que las cosas ahora están peor que antes o están camino de estarlo si no se produce una rectificación inmediata. Perder jugando bien puede ser una anécdota desafortunada; perder jugando mal es demoledor hasta para el espíritu más optimista.

La derrota de Getafe se produjo en uno de los mejores momentos del año para el Athletic. LLegaba después de dos victorias consecutivas ante rivales de cuidado y con un colchón de ocho puntos sobre los puestos de descenso que alivia la presión de la clasificación. El único dato negativo antes del partido se refería a la pésima tradición del campo madrileño, pura superstición, aunque ya se sabe el peso que tienen estas cosas en el fútbol. Y el Athletic falló con estrépito aunque el marcador pueda indicar lo contrario. Fallaron los jugadores, falló el técnico y falló el conjunto. El equipo jugó tan mal como en el Sadar solo que esta vez el resultado estuvo acorde con el desarrollo del partido.

A lo largo de la temporada el Athletic ha acumulado muchas dudas y prácticamente ninguna certeza. Nadie es capaz de explicar a ciencia cierta por qué está pasando esto. Abundan las teorías, cosa habitual cuando no hay una explicación convincente. Según las filias y las fobias de cada uno, se pasa de la teoría de la conspiración de los jugadores contra el entrenador, a la del cansancio por la temporada anterior; hay quien acusa a la directiva de falta de iniciativa y de autoridad y quien señala a Bielsa como un dictador insoportable. Ya se sabe que cuando vienen mal dadas el abanico de acusaciones se abre hasta los trescientos sesenta grados. Si hasta hay aficionados que acusan a sus propios compañeros de grada de estar anestesiados…

Ninguna de estas teorías aguanta medio minuto de reflexión pero fútbol y racionalidad son muchas veces como el agua y el aceite. Por poner un ejemplo sencillo, no es previsible que ninguno de los expertos, analistas, comentaristas o simples aficionados de la Real que hace cinco meses exigían airados la cabeza de Montanier clavada en una pica, se dejen ver ahora como penitentes en una procesión de Semana Santa flagelándose arrepentidos, ni que pidan a sus jefes el traslado voluntario a la sección de esquelas.

La falta de certezas es inherente al fútbol. Hablamos de un juego, con su componente de fortuna y de imprevisibilidad. Muchas veces las cosas ocurren sin que medie una razón determinada. De pronto el goleador deja de marcar o el centrocampista brillante se transforma en un zoquete; y al revés. El primero que dijo que el fútbol es un estado de ánimo merecería un sitio en el panteón de los hombres ilustres.

Claro que la ausencia de certezas no exime de responsabilidad a quien no debería mostrar sus dudas y en este sentido la actitud de Bielsa sí que es preocupante. La repetición constante de alternativas y movimientos que se han demostrado ineficaces, algunas probaturas insólitas después de casi dos años al frente del equipo o la propia confección de una plantilla en la que figuran demasiados jugadores con los que el entrenador no cuenta, lo que ha desembocado en un equipo sin banquillo, no son señales precisamente tranquilizadoras.

Es urgente recuperar el juego que exhibió el equipo contra el Atlético de Madrid o en el primer tiempo contra el Valencia. Ni está tan lejano, ni parece tan difícil a pesar de todo. Ocho puntos de ventaja a falta de diez jornadas es una ventaja suficiente como para estar razonablemente tranquilos y dejar la ansiedad para otros. Estaría muy bien que en estas dos semanas que restan hasta el próximo partido contra el Granada, todo el mundo, equipo y entorno, hiciera un ejercicio de sentido común, pero, a la vista de la experiencia, cualquiera sabe lo que puede pasar en estos quince días sin fútbol.

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2 Comentarios

  1. «la propia confección de una plantilla en la que figuran demasiados jugadores con los que el entrenador no cuenta, lo que ha desembocado en un equipo sin banquillo, no son señales precisamente tranquilizadoras». Esto, Juan Carlos, en mi opinión no es culpa del entrenador sino del Director deportivo.
    Algún día tendríamos que dedicar un rato a sus logros. Me temo que no nos llevaría mucho tiempo.

  2. Visto lo escrito después del partido en Getafe no comparto el pesimismo generalizado de la prensa local. No me convence porque no se confía en que el equipo pueda jugar bien. Cuando el equipo fallando pases a tres metros ha sabido sufrir y ganar dos partidos cruciales, es para confiar en los protagonistas. Todavía más, leyendo las estadísticas publicadas en GARA por Joseba Vivanco a lo largo de esta semana.
    Insisto en la idea que el análisis basado únicamente en los números nos deja lecturas sesgadas, cojas, y más, en un juego de errores como es el futbol.
    En cambio, si me parece acertada la valoración preocupante que se ha hecho sobre la actitud mostrada en Getafe. El factor mental que tantas veces se ha hablado. El saber sufrir, el sufrir para disfrutar, el querer ganar y creer en tus posibilidades cuando las capacidades técnico-tácticas y físicas están tan igualadas es lo que marca la diferencia entre los parecidos y te puede acercar a los “galácticos”. A los otros.
    El bueno de Herrera habla de 42 puntos para mantenernos en 1ª. Pienso optimistamente que con 40 se salvará el que sea. Al mismo tiempo también opino que con 56 eres 7º.
    Partido a partido, primero Granada que recupera a Rico como nosotros a Laporte. A ver si hacemos un partido decente y el equipo ve que a pesar de todo lo ocurrido vuelven a ser un equipo competitivo y de buen juego. Que aptitud hay!!!
    AUPA ATHLETIC!!!