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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic, frente a su antítesis



El Athletic cayó derrotado ante el Getafe en San Mamés en la primera vuelta. Foto MITXI

El Athletic cayó derrotado ante el Getafe en San Mamés en la primera vuelta. Foto MITXI

Pocos aficionados al fútbol serían capaces de recitar una alineación del Getafe. Tampoco serían muchos los que estarían en condiciones de aportar algún dato significativo de este club que cumple, con la presente, su novena temporada consecutiva en Primera División. De hecho, no ha bajado desde que lograra el ascenso en la 2003-04, así que estas nueve temporadas en la máxima categoría constituyen todo su palmarés entre los grandes.

Podríamos considerar sin temor a exagerar que el Getafe es la antítesis del Athletic, uno de los clubes con más rancio abolengo, celoso de sus tradiciones, de su historia y de su manera de hacer las cosas a lo largo de 115 años. Pocos clubes habrá que tengan tan pocas cosas en común como el Athletic y el Getafe. Prácticamente la única coincidencia es que ambos se dedican a jugar al fútbol. El Athletic significa todo lo que ni es ni tiene este equipo representativo de una de esas ciudades de aluvión que rodean Madrid. Historia, escenario, palmarés, tradición, fidelidad, cantera… cualquiera de los elementos que definen a los rojiblancos brilla por su ausencia cuando se habla de los azulones. Pero paradójicamente el palmarés de sus enfrentamientos directos favorece al Getafe con claridad. El Athletic le ha ganado solo cuatro partidos, todos en San Mamés, donde además ha empatado dos mientras que en tres ocasiones la victoria ha sido para los madrileños. El Athletic no ha ganado todavía en el Alfonso Pérez, donde solo ha conseguido arrancar tres empates en sus ocho visitas.

Por no tener, el Getafe no tiene ni siquiera una hinchada que se pueda reconocer como tal dentro de los cánones del fútbol. Conceptos como sentimiento de pertenencia o identificación con los colores les son completamente ajenos a un club cuyo presidente hace gala de su condición de socio del Real Madrid. El Getafe no puede echar mano ni del orgullo de barrio que hace entrañable al Rayo Vallecano y calienta el ambiente del campo de Vallecas. Son otros los colores que hacen vibrar a la mayoría de los vecinos de esta ciudad del sur de Madrid. Se demuestra cada partido que el Coliseo Alfonso Pérez enseña sus gradas descarnadas, que son todos. Ni siquiera las visitas de los poderosos vecinos madrileños suelen animar la taquilla; pocas veces pasan de diez mil los aficionados que acuden al campo getafense, de lejos el que peores entradas registra de toda la Primera División.

El Athletic acababa de ganar su séptimo título de Liga cuando se fundó el Getafe tal y como lo conocemos en la actualidad, después de un largo proceso de fusiones, desapariciones y refundaciones que comenzó en 1945. Fue en agosto de 1983 cuando nació oficialmente el Getafe Club de Fútbol, aunque en 1976 ya se había inscrito en la Federación su antecesor, la Peña Madridista Getafe.

Por decirlo de una manera gráfica, el Getafe ha sido el último en llegar a la máxima categoría, aunque su condición de advenedizo no le ha privado de una gestión eficaz que le ha permitido no solo consolidarse en Primera sino alcanzar logros que otros con mucha más prosapia solo ven de lejos. En estos nueve años en la máxima categoría al Getafe le ha dado tiempo de competir en Europa y de alcanzar dos finales consecutivas de Copa. Pocos pueden decir lo mismo.

A lo mejor el secreto de su éxito se debe precisamente a que su falta de identidad y su cortísima historia juegan a favor le permiten al Getafe sentirse con la manos libres para gestionar su día a día, ajeno a las servidumbres que a veces tanto lastran a otros. El Getafe mantiene un segundo equipo en Segunda B y cuenta con los preceptivos juveniles, cadetes y demás categorías inferiores, pero la cantera no parece ser una de sus prioridades a la vista de la composición de la plantilla de su primer equipo, en la que no figura ningún futbolista procedente de la base.

Es inútil tratar de encontrar figuras de relumbrón en la actual nómina de este equipo. En tiempos recientes ocuparon su banquillo ilustres como Schuster, Laudrup o Michel, nombres que enlazan directamente con la tradición madridista. Un técnico mucho más modesto y de remoto pasado colchonero como Luis García ocupa ahora un banquillo al que llegó después de ascender al Levante.

El Getafe vive del mercado, de intentar comprar bueno y barato y vender caro; de optimizar los recursos procurando no perder en el intercambio. Por sus filas han pasado algunos ilustres en el ocaso de su carrera, como Gica Craioveanu, Contra o Güiza, futbolistas emergentes cedidos para ganar experiencia o de camino hacia otros clubes más poderosos como Albiol, Cata Díez, Granero, Soldado, Parejo o Boateng, aunque también hubo unos pocos como Casquero o Albin, que disfrutaron los mejores momentos de sus carreras vistiendo la camiseta azul.

Pero la falta de brillo en la nómina no empaña un trabajo muy bien hecho. El Getafe será un equipo de poca prosapia, pero le sobra experiencia y oficio en la categoría. Algo tendrá que ver el director deportivo, Toni Muñoz, otro con orígenes colchoneros, en la confección de una plantilla en la que todos sus jugadores acreditan una experiencia importante en Primera. El Getafe se nutre principalmente de la cantera del Real Madrid, de donde proceden el portero suplente Codina, Torres, Escudero, Sarabia o Borja, pero también cuenta con jugadores que estuvieron antes en el Valencia, el Sporting de Gijón, el Espanyol, el Valladolid, el Atlético de Madrid, el Sevilla, el Depor o el Zaragoza, prácticamente toda la nómina de la Primera División. Futbolistas que conocen el oficio, acostumbrados a competir por el puesto,  gente que se ha movido en el lado oscuro de este deporte, a la que nadie ha regalado nada y que entiende el fútbol como una profesión, que no es exactamente lo mismo que a lo que se suelen referir algunas de esas estrellitas que se autoproclaman profesionales a la mínima ocasión.

No hay estrellas rutilantes en el Coliseo Alfonso Pérez. Un fugaz paso por el Real Madrid sitúa a Pedro León como uno de sus jugadores más reconocibles para el aficionado, junto con Lafita por sus años en el Zaragoza o el exvalencianista Gavilán. El argentino Fede, que llegó procedente del Nápoles y Abdelaziz Barrada, el único que ha pasado por el segundo equipo, al que llegó desde la cantera del PSG, constituyen la notas exóticas de un equipo cuya principal caracterísitica es que no tiene características que le identifiquen.

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